Pfizer: las vivencias de un médico argentino que probó la vacuna como voluntario

Alejandro Horvat
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A finales de julio, el equipo del investigador Fernando Polack empezó a convocar voluntarios para aplicarse dos dosis de la vacuna desarrollada por Pfizer y BioNTech. En ese momento, Rodrigo Salemi, de 43 años, habló con su esposa, con quien tiene un hijo de solo dos años. Sentía la convicción de querer ofrecerse como voluntario en pos de buscar una solución a la pandemia que, el 23 de ese mes, ya acumulaba casi 150.000 infectados y 2702 fallecidos en la Argentina. "Soy médico, la decisión la charlé con mi familia, pero fue una decisión profesional. Todos los días intervenía a los pacientes con coronavirus, y ver ese nivel de sufrimiento me dio la pauta de que algo tenía que hacer para ver si podemos controlar la enfermedad", dice Salemi

Él es cirujano cardiovascular y trabaja en una clínica privada de la zona norte de la provincia de Buenos Aires. Una de sus tareas es intervenir a los pacientes más graves, les coloca los catéteres para administrarles las drogas. Ese contacto con la faceta más cruel de la pandemia hizo que se convierta en el primer médico que ingresó como voluntario al estudio realizado en la Argentina.

Ayer, Pfizer afirmó que su vacuna que se inyectó en el cuerpo de Salemi contra el Covid-19 es "eficaz en un 90%", según el primer análisis intermedio de su ensayo de fase 3, la última etapa antes de pedir formalmente su homologación. Al enterarse, Salemi dice haber sentido una gran alegría: "No pensé que iba a tener una eficacia tan alta, fue una alegría saber que hay algo funcionando a ese nivel para controlar la enfermedad. Como voluntario, me siento parte de todo el proceso".

Luego de salir sorteado, el 6 de agosto le suministraron la primera dosis. Para eso fue al Hospital Militar Central, sobre la Avenida Luis María Campos, en la ciudad de Buenos Aires, en donde no se cruzó con otros voluntarios. "Fui del primer grupo de 20 personas. Primero te hacen firmar unos papeles en donde uno asume la responsabilidad de inyectarse esta vacuna y también desliga de responsabilidades legales a los laboratorios, en caso de que existan efectos adversos. Una vez que pasamos esa instancia, me suministraron la dosis", describe Salemi.

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El abanico de efecto secundarios posibles era fiebre, escalofríos, sudoración, cefalea, dolores musculares y articulares: "Estos son comunes a casi todas las vacunas. La de Pfizer no tuvo casos graves por efectos adversos, a diferencia de la vacuna de Oxford y la de Johnson & Johnson, que tuvieron que interrumpir los ensayos por efectos secundarios más complejos".

El 26 de agosto, llegó el momento de la segunda inyección. Ese día pudo conversar con otros voluntarios, en donde él, por ser médico, ganó cierto protagonismo en la charla. Los otros voluntarios le consultaban dudas y temores sobre la vacuna. Según dice Salemi, durante casi toda la conversación, se tuvo de dedicar a desterrar noticias falsas que los voluntarios habían leído en internet.

"Muchos me preguntaban por los efectos secundarios o si la vacuna te cambiaba el ADN u otros mitos que circularon en las redes y ellos los leyeron. Traté de llevar tranquilidad, pero fue llamativo que solo me dediqué a refutar noticias falsas", agrega Salemi.

Poner el cuerpo

A pesar del miedo, según indica Salemi, la gente se ofrecía por un tema altruista, de poner el cuerpo para evaluar esta vacuna y así ver si se puede llegar a controlar esta enfermedad. "La mitad recibió la vacuna y la otra mitad un placebo", precisa.

Luego de la segunda aplicación, llegó la fiebre, los escalofríos y el malestar general, que fue leve y solo duró unos días. El 29 de septiembre tuvo que regresar al hospital para que le extrajeran sangre, en busca de anticuerpos. Si bien ese resultado es secreto y se envía directo a Estados Unidos, Salemi asegura que esta vacuna, en los casos de éxito, genera seis o siete veces más anticuerpos que los que tiene un paciente recuperado.

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Tras examinar 94 casos confirmados de coronavirus entre los más de 43.000 voluntarios que recibieron dos dosis de la vacuna o un placebo de Pfizer, se encontró que menos del 10% de esas infecciones ocurrieron en participantes que habían recibido la vacuna y que el restante 90% de los casos se dio en personas que habían recibido el placebo.

Salemi tiene una visión optimista sobre el futuro: "Si estas vacunas funcionan y se logra controlar al virus, creo que esta enfermedad se podría erradicar. Una vez que logremos el control de la circulación viral con la inmunidad de rebaño, creo que ahí se podrá desterrar al coronavirus".

En cuanto a la vacuna rusa, que el Gobierno de Alberto Fernández anunció que compraría 25.000.000 de dosis, Salemi cree que, al igual que muchas otras vacunas, también será efectiva cuando concluyan todas las etapas de pruebas. "Creo que el anuncio de la compra de esa vacuna fue demasiado rimbombante, creo que hubo errores de comunicación por parte del Gobierno porque parecía que la compra ya estaba hecha y que las dosis iban a llegar en diciembre. Ahora parece que no va a ser así, pero la vacuna en sí yo creo que será efectiva cuando supere todas las pruebas correspondientes", concluye Salemi.