Peter Lanzani: compromiso físico y emocional extremos

LA NACION

La primera vez que lo vi sobre un escenario fue en un espectáculo teatral del programa Casi ángeles al que llevé a mi hija Camila. Llevaba un librito de bolsillo que pretendía leer sentado en mi butaca mientras se desarrollara la función. Poco después, rodeado de un verdadero cardumen de chicas que gritaban paradas sobre los asientos, tomé conciencia de lo ingenuo de mi plan: era imposible sustraerse a la adoración casi religiosa que esos cuatro chicos generaban.

Años después, estoy nuevamente observándolo actuar, pero mucho más cerca. Estamos en el acoplado de un camión cerealero, yendo y viniendo en un playón enorme, filmando escenas de Un gallo para Esculapio, serie que dirijo para Underground. Son las 4 de la madrugada y estamos llegando -en todo sentido- con lo justo: seis meses de un rodaje difícil en que pasamos de días sofocantes en Liniers a madrugadas heladas en parajes rurales. Entre toma y toma, Peter se queda tirado sobre el cereal, magullado y lleno de polvo; tiene la mirada perdida y está física y emocionalmente agotado, Pienso en su recorrido desde aquel adolescente a este hombre que da hasta la última gota de energía en una actuación extrema. Medido en años, ese recorrido singular fue casi fulminante. Pero tal vez no tenga sentido medirlo en relación con el tiempo.

Posiblemente 2017 haya sido un año bisagra en su carrera no sólo por su trabajo en esta serie, sino por la diversa naturaleza de las estéticas y temáticas en las que se probó. En teatro llevó adelante El emperador Gynt, en cine exploró géneros muy distintos. Y salió bien parado de todas ellas.

Ese permiso para jugar, esa confianza ciega en sus posibilidades, es una de sus características. Pese a ser muy reconocido, no tuvo problemas en hacer una prueba de cámara; la actitud de entrega y la humildad fueron clave a la hora de decidirme por él. Su otro rasgo distintivo es el compromiso. Me acuerdo de haberlo descubierto, entre escena y escena, memorizando la letra de una obra de teatro en que iba a componer ¡16 personajes! Esa misma dedicación lo llevó, al inicio de nuestro proyecto, a pasarse un par de días en el interior de Misiones, cerca de El Dorado, buscando información sobre su personaje, tratando de entender su modo de pensar y de sentir. Durante la primera lectura del guión con actores de Un gallo..., lo escuchamos por primera vez en personaje. Antes de esa lectura no sabíamos si iba a lograr dar con el tono exacto. Cuando Peter dijo su primer texto ( "No tengo monedas, yo"), con Ariel Staltari (actor y además coautor) sentimos que ese que hablaba ya no era Peter; ahora, y para siempre, sería Nelson.

En su recorrido, Peter logró algo poco frecuente: atravesar el camino del éxito sin perder alegría y, sobre todo, sin perder la libertad de elegir el próximo paso de un modo liviano y lúdico, restándole solemnidad al proceso, sin que esto vaya en detrimento de la profundidad de su mirada ni en la composición que lleva adelante.

Del editor: por qué es importante.

Creció como actor con El emperador Gynt (obra teatral en la que compuso en escena a 16 personajes) y con la muy buena serie Un gallo para Esculapio