Tras la caótica retirada de Afganistán, Biden da por terminada “la era de operaciones militares para rehacer otros países”

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Joe Biden, durante su discurso en la Casa Blanca
Evan Vucci

WASHINGTON.- Un día después de la innoble retirada norteamericana de Afganistán, el presidente Joe Biden brindó su más feroz defensa de su decisión de poner punto final a la guerra más larga en la historia de Estados Unidos, y marcó un giro en la política exterior del país, al dar por terminada la era de intervencionismo militar para reconstruir naciones, y abogar por enfrentar “las amenazas del futuro”, y el creciente desafío global de China y Rusia.

“Mis compatriotas norteamericanos, la guerra en Afganistán ha terminado”, proclamó Biden, en un discurso en la Casa Blanca que revistió de un tono mucho más asertivo al de sus mensajes habituales, y con el que cerró uno de los conflictos más traumáticos y costosos para el país, que nació de los atentados terroristas del 11-S.

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Tras la caótica salida final de Kabul, que incluyó la evacuación aérea de más de 123.000 personas, la más grande de la historia, y en la que 13 militares de Estados Unidos murieron en un atentado terrorista junto a más de 170 afganos, Biden volvió a defender la decisión de retirarse del país. Insistió, una vez más, en que no estaba dispuesto a extender “la guerra eterna”, o estirar una “salida sin fin” que pusiera más soldados norteamericanos en peligro. Y llamó a “aprender de los errores”, al señalar que había llegado la hora de enfrentar un nuevo mundo en el que la amenaza terrorista que llevó a Estados Unidos a invadir el país se ha desparramado más allá de las fronteras de Afganistán, y ahora existen nuevos peligros, entre las que mencionó a China, Rusia y los ciberataques.

“Era hora de terminar esta guerra. Este es un nuevo mundo”, afirmó Biden, quien luego dejó una de las principales definiciones de su mensaje: “Esta decisión sobre Afganistán no se trata solo sobre Afganistán. Se trata sobre terminar una era de grandes operaciones militares para rehacer otros países”.

El discurso de Biden en la Casa Blanca buscó dar vuelta la página a la caótica y humillante evacuación de Estados Unidos de Afganistán tras el retorno de los talibanes al poder, que provocó la mayor crisis de su joven presidencia, y le propinó una ola de críticas y un costo político aún difícil de calcular. Varios congresistas republicanos ya pidieron su renuncia, o exigieron iniciar un juicio político para destituirlo. Desafiante, Biden dijo que la evacuación había sido “un éxito extraordinario”.

La llegada del presidente antes de empezar si discurso
Evan Vucci


La llegada del presidente antes de empezar si discurso (Evan Vucci/)

Pero el repliegue final dejó una cicatriz para la historia. La partida de Estados Unidos quedó signada por el fulminante regreso talibán, que desató un pandemonio y hundió a millones de afganos –sobre todo, a las mujeres– en el pánico y la desazón. La evacuación posterior de Kabul ofreció una sobredosis de caos y violencia durante dos semanas frenéticas que terminaron con los talibanes celebrando su triunfo con disparos al aire luego del despegue del último avión C-17 de Estados Unidos, al filo de la medianoche del 30 de agosto.

Biden volvió a plantear su decisión en un escenario binario: irse, o escalar. Biden insistió en que la mejor decisión era seguir con el acuerdo que Donald Trump firmó con los talibanes –al que criticó– y completar la retirada.

“A aquellos que piden por una tercera década de guerra, les pregunto: ¿Cuál es nuestro interés nacional allí?”, preguntó.

Sin mirar atrás, la Casa Blanca busca ahora dejar atrás un verano para el olvido, que comenzó con Biden celebrando la “independencia del coronavirus” justo antes de que la variante delta desatara un furioso repunte de los contagios, y reafirmando su decisión de sacar a Estados Unidos de Afganistán sin mostrar temor por un eventual arrollador avance de los talibanes hacia Kabul, al que en ese momento tildó de “altamente improbable”. Apenas cinco semanas después de ese fallido augurio, el Ejército afgano colapsó, los talibanes tomaron la capital, y el presidente afgano, Ashraf Ghani, huyó del país.

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Aun en lo más álgido de la crisis, Biden nunca se replanteó su elección, convencido de que mantener la presencia militar de Estados Unidos en Afganistán hubiera arrastrado al país a una sangrienta guerra civil. Biden y su equipo intentarán ahora enfocar la atención en su ambiciosa agenda doméstica, con eje en la recuperación a la pandemia del coronavirus, su plan de infraestructura, y la mejora del empleo, temas más importantes para el país. Aunque la popularidad de Biden está en caída, las encuestas aun le otorgan una alta aprobación por su manejo de la economía.

Para Estados Unidos, la guerra Afganistán termina a un enorme costo, y de la misma manera en la cual comenzó: con los talibanes en el poder. La guerra dejó 2461 soldados norteamericanos, más de 66.000 soldados y policías afganos y más de 47.000 civiles afganos muertos, además de miles contratistas y trabajadores humanitarios. A lo largo de casi de 20 años de intervención junto con sus socios de la OTAN, Estados Unidos gastó más de 2,2 billones de dólares, según un cálculo de la Universidad Brown. Biden, quien llegó a la Casa Blanca con la promesa de “reconstruir mejor” a Estados Unidos, se ocupó de remarcar esa cifra en su mensaje, al indicar que el gobierno había gastado 300 millones de dólares por día durante casi dos décadas en Afganistán.

Biden renovó dos compromisos de su gobierno: dijo que “no hay fecha límite” para terminar a los menos de 200 norteamericanos que quedaron en Afganistán –una gesta que ahora se hará a través de los canales diplomáticos–, y que Estados Unidos volverá a atacar a Estado Islámico-K, la filial afgana del grupo terrorista, responsable del atentado en el que murieron 11 marines, un soldado y un médico de la Marina, la mayoría de ellos bebés o niños cuando ocurrió el ataque terrorista a las Torres Gemelas.

Biden cerró su mensaje sin brindar ninguna señal a los miles de afganos aliados atrapados bajo el nuevo régimen talibán, pese a que su gobierno prometió que los ayudaría a huir.

“Es hora de mirar al futuro, no al pasado. A un futuro más seguro”, afirmó.

Para muchos afganos, ese futuro ahora es mucho más sombrío.

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