Pese a COVID-19, muchos hospitales ricos tuvieron un gran año con el rescate federal

Jordan Rau and Christine Spolar, Kaiser Health News
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El pasado mes de mayo, Baylor Scott & White Health, el mayor sistema hospitalario sin fines de lucro de Texas, despidió a 1,200 empleados y puso en licencia temporal a otros mientras se preparaba para la propagación del entonces novedoso coronavirus. La cancelación de lucrativos procedimientos electivos mientras el hospital giraba para tratar una nueva y menos rentable enfermedad infecciosa presagiaba dificultades financieras, si no la ruina. El gobierno federal destinó 454 millones de dólares en fondos de ayuda para contribuir a su operación.

Pero Baylor no solo superó la crisis, sino que prosperó. A finales de 2020, Baylor había acumulado un superávit de 815 millones de dólares, 20 millones más de lo que tenía en 2019, creando un margen operativo del 7.5 por ciento que sería la envidia de la mayoría de los otros hospitales en las épocas más florecientes, según muestra un análisis de KHN de los estados financieros.

Al igual que Baylor, algunos de los hospitales y sistemas de salud más ricos del país registraron cientos de millones de dólares de superávit después de aceptar la mayor parte de las subvenciones federales para el rescate de la atención médica, según muestran sus registros. Entre ellos se encuentran Mayo Clinic, UPMC de Pittsburgh y el NYU Langone Health. Pero los hospitales más pobres (muchos de los cuales atienden a poblaciones rurales y minoritarias) recibieron una porción más pequeña del pastel y atravesaron el año con déficits, rebajas en la calificación de sus bonos y un futuro fiscal sombrío.

"Gran parte de la financiación ayudó a los hospitales ricos en un momento, especialmente en Nueva York, en que los hospitales de la red de seguridad sufrían una hemorragia", dijo Colleen Grogan, profesora de política sanitaria de la University of Chicago. "Pudimos haberla adaptado a los hospitales que sabíamos que estaban sufriendo de verdad y asumiendo una cantidad desproporcionada de la carga".

En el caso de Baylor, el sistema, que gestiona el Baylor University Medical Center de Dallas y otros 51 hospitales, informó que destinó 257 millones de dólares el año pasado a gastos relacionados con la pandemia, incluyendo ropa de protección para empleados y pacientes y la creación de salas de aislamiento. Baylor dispone de 197 millones de dólares en fondos federales de ayuda no utilizados para cubrir los costos de la lucha contra el virus y la refrigeración de las vacunas, indicó.

"Nuestros gastos relacionados con el COVID-19 y la pérdida de ingresos siguen superando la financiación que hemos recibido hasta la fecha", reveló Baylor en un comunicado a KHN.

Otros hospitales bien dotados o grandes sistemas se enfrentaron a problemas mayores. Tanto el NewYork-Presbyterian Hospital como CommonSpirit Health, un sistema católico de 140 hospitales que opera en 21 estados, perdieron dinero a pesar de las subvenciones federales que rondan los mil millones de dólares cada uno. Unos pocos sistemas, entre ellos la cadena con fines de lucro HCA Healthcare, devolvieron los fondos federales cuando vieron que habían superado los peores escenarios. Pero la mayoría gastó la ayuda y se guardó el dinero sobrante y las nuevas subvenciones para cubrir los costos previstos de la pandemia este año, porque los ejecutivos de los hospitales temen que haya más picos de casos.

Gran parte de la distribución desigual se debió a la forma en que el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) basó la asignación de los fondos de rescate iniciales en los ingresos anteriores de los hospitales. Eso favoreció a las instituciones con pacientes acomodados que tienen planes de salud privados frente a las que dependen del seguro gubernamental de menor cuantía, que es el que utilizan muchas personas pobres.

Las fórmulas de distribución del HHS no tuvieron en cuenta qué hospitales tenían suficientes activos para sobrevivir.

Baylor, por ejemplo, comenzó el año 2020 con 5,400 millones de dólares en efectivo e inversiones, suficiente para mantenerlo en funcionamiento durante 238 días, según muestran las declaraciones financieras.

Los hospitales que terminaron el año con beneficios tuvieron derecho a la ayuda federal debido a la extraordinaria laxitud que el Congreso y el HHS establecieron en cuanto a la forma en que los hospitales podían clasificar sus costos de la pandemia.

El otoño pasado, cuando el HHS intentó limitar la cantidad de ayuda que los hospitales podían conservar en función de sus beneficios (para que el dinero pudiera redirigirse a los hospitales en dificultades), el esfuerzo fue rápidamente rechazado por la industria y el Congreso. Los funcionarios del HHS declinaron las solicitudes de entrevista, pero señalaron en un comunicado que el Congreso le había ordenado volver a su "definición más amplia del uso permisible de los fondos del PRF".

"La Administración de Biden sigue revisando los programas y las políticas, incluidas las consideraciones relativas a los fondos no asignados en el marco del programa PRF y los 8,500 millones de dólares consignados recientemente en el marco de la Ley del American Rescue Plan Act recientemente firmado", decía el comunicado.

Evitar una reducción de las reservas

Los rescates se iniciaron la primavera pasada para ayudar a los proveedores de atención de salud a sobrellevar una calamidad de salud pública única en su género. El dinero destinado a los hospitales y otros proveedores de atención sanitaria de la Coronavirus Aid, Relief, and Economic Security (CARES) Act y la legislación posterior ascendió a 178 mil millones de dólares.

Estaba destinado a compensar todos los costos del tratamiento de los pacientes infectados, incluida la compra de ventiladores, mascarillas, batas y otros equipos de protección personal. Además, el Congreso autorizó a los hospitales a utilizar el dinero para compensar la caída de los ingresos cuando cerraron las cirugías electivas y los tratamientos no urgentes para prepararse para la avalancha prevista de pacientes con COVID-19.

El dinero, denominado Provider Relief Fund, ayudó a muchos hospitales más pobres a evitar la falta de liquidez, los despidos y las rebajas en la calificación de los bonos. Una encuesta realizada por la consultora Kaufman Hall reveló que las ganancias promedio de los hospitales durante 2020 habría sido del 0.3 por ciento sin la ayuda federal. Con ella, la mitad de los hospitales registraron ganancias del 2.7 por ciento o más, por debajo del margen promedio de 2019 del 3.1 por ciento, según la firma, que también produce trabajo analítico para la American Hospital Association.

En febrero, la asociación instó al Congreso a reponer el fondo de ayuda casi vacío, alegando que "los hospitales nunca han experimentado una crisis sanitaria nacional tan generalizada".

Las finanzas de algunos hospitales se deterioraron considerablemente durante la pandemia. Desde finales de marzo hasta diciembre, la agencia de calificación Moody's rebajó la categoría de 28 hospitales, principalmente debido a debilidades como un mayor endeudamiento o más competencia, dijo Lisa Goldstein, directora gerente asociada de Moody's.

Otros sufrieron destinos peores, como el Williamson Memorial Hospital, que cerró el pasado abril. El hospital, situado en la región carbonífera de Virginia Occidental, había intentado salir de la protección por quiebra, pero "desgraciadamente, el descenso de los volúmenes experimentado por la actual pandemia fue demasiado repentino y grave para que pudiéramos mantener las operaciones", escribió su director general en Facebook.

Por el contrario, muchos sistemas sanitarios prósperos salieron indemnes de las moratorias de la pasada primavera, a menudo gracias a la ayuda federal. "Les permitió no tener que recurrir a sus reservas para compensar la pérdida de ingresos", dijo Suzie Desai, directora de S&P Global Ratings.

Los sistemas vieron cómo las visitas de los pacientes volvían a la normalidad a medida que avanzaba el año. En algunos casos, los negocios en el segundo semestre de 2020 fueron incluso mayores que en el mismo periodo de 2019 debido a la demanda reprimida de tratamientos pospuestos desde la primavera, muestran los registros financieros.

"Vimos que los volúmenes volvieron a resurgir" en todas las áreas, excepto en las visitas a las salas de emergencia, dijo Kevin Holloran, director de Fitch Ratings. Los principales sistemas hospitalarios también informaron de que los casos tendieron a ser más complejos de lo normal, lo que condujo a un aumento de los pagos del seguro.

UPMC aceptó 460 millones de dólares en fondos de rescate mientras recaudaba 2,500 millones de dólares más en ingresos en 2020 que en 2019. El sistema sin fines de lucro terminó el año con un superávit operativo de 836 millones de dólares (que proporcionó un margen del 3.6 por ciento que triplicó el del año anterior) en parte debido al crecimiento del plan de seguro médico que posee el sistema.

Otros hospitales que vendían seguros, incluido el Baylor, perseveraron porque la causa de sus problemas financieros (menos cirugías y visitas médicas) hizo que los planes de salud pagaran menos reclamos.

Las sólidas finanzas de UPMC no se mencionaron en una reciente campaña de recaudación de fondos en la que se anunciaba el lanzamiento de su campaña " Health Care Heroes". "Durante el año pasado, los trabajadores de la salud han llevado el peso del mundo sobre sus hombros, arriesgando su propia salud y seguridad para garantizar la nuestra mientras navegábamos por la pandemia del COVID-19", decía el correo electrónico. "Ahora nos toca a nosotros reconocer su duro esfuerzo. ... Al hacer una donación, ayudará a proporcionar capacitación, reconocimiento y apoyo a las iniciativas de nuestro personal".

Donald Yealy, vicepresidente sénior de UPMC y director médico de UPMC Health Services, dijo que el llamado para recaudar fondos era una forma de permitir a la gente de la comunidad mostrar su agradecimiento.

"La intención de la petición y la carta eran claras. La gente es libre de ignorar o tener una opinión. No lo envidio en absoluto. Respeto que la gente tenga una opinión diferente", dijo.

Los hospitales pueden conservar los fondos de ayuda no utilizados hasta finales de julio para sufragar cualquier otro gasto relacionado con la pandemia. Después de eso, todo el dinero no gastado debe ser devuelto a la U.S. Treasury. El UPMC conserva 80 millones de dólares en fondos de ayuda no gastados, que el sistema de salud anunció que espera utilizar. "Todavía estamos en proceso de incurrir en costos significativos relacionados con el COVID", dijo Edward Karlovich, vicepresidente ejecutivo y director financiero de UPMC.

Una "inyección en el brazo" a veces innecesaria

En abril de 2020, la Mayo Clinic de Rochester, Minnesota, preveía una pérdida de ingresos de hasta 3 mil millones de dólares a causa de la pandemia. En cambio, Mayo, que recibió 338 millones de dólares en fondos federales de ayuda, terminó el año con ingresos superiores en 202 millones de dólares a los de 2019. Mayo registró un superávit de 728 millones de dólares, lo que equivale a un margen del 5.2 por ciento.

"Nos dio una inyección en el brazo cuando lo necesitábamos", señaló Dennis Dahlen, director financiero de Mayo. Más tarde, cuando parecía probable que Mayo tuviera un superávit, los ejecutivos debatieron qué hacer con los fondos federales.

"Sinceramente, nos planteamos dejar de lado el margen", agregó Dahlen. Tras considerar sus opciones, Mayo "tomó una decisión intermedia" al devolver 156 millones de dólares al gobierno federal.

"Lo consideramos con lo que todo el mundo estaba haciendo... y pensamos en lo que era bueno para la sociedad", dijo Dahlen. "'Sin ánimo de lucro' no significa realmente que no haya beneficios. Significa que está exento de impuestos. Aún debemos generar ganancias para poder reinvertir en nosotros mismos".

Mayo terminó el año con 14 mil millones de dólares en inversiones, tres mil millones más de los que tenía en 2019, un aumento del 29 por ciento.

Los fondos fueron, efectivamente, un salvavidas para algunos. Marvin O'Quinn, presidente y director de operaciones de CommonSpirit Health, dijo que "nunca se pensó en devolver el dinero".

Pese a recibir 1,300 millones de dólares en fondos de ayuda, CommonSpirit, con sede en Chicago, terminó el año pasado con un déficit de 75 millones de dólares, lo que se tradujo en una pérdida del 0.2 por ciento.

"Hemos retrocedido un año", comentó O'Quinn. "Todas las cosas que queríamos hacer –renovar, construir nuevas instalaciones, ampliar nuestro servicio– las hemos tenido que frenar para superar la crisis".

Ayuda dispersa

Los primeros 50 mil millones de dólares en fondos de ayuda "se enviaron indiscriminadamente como soporte vital", comentó Ge Bai, profesor asociado de Johns Hopkins Bloomberg School of Public Health. El HHS trató de focalizar las distribuciones posteriores. Envió 22 mil millones de dólares a 1,090 hospitales con un gran número de pacientes de COVID-19. Además, repartió otros 16 mil millones de dólares entre los hospitales que atienden a poblaciones pobres, tribus de nativos americanos, personas de zonas rurales y niños.

Pero incluso con las ayudas específicas, entre los beneficiarios se encontraban centros médicos académicos bien dotados y grandes hospitales urbanos. Solo 14 mil millones de dólares tuvieron en cuenta la rentabilidad, según los documentos del HHS. El HHS restringió esos pagos a los hospitales con márgenes de beneficio del tres por ciento o inferiores.

Los hospitales ricos también se beneficiaron porque el HHS utilizó una definición amplia de pérdida de ingresos. Si un hospital ganaba menos que el año anterior, o simplemente tenía menos ingresos de los que había presupuestado, podía atribuir esa diferencia a la pandemia y aplicarle los fondos de ayuda. Las implicaciones no recibieron mucha atención en su momento, ya que quedaron eclipsadas por la preocupación de cómo el HHS estaba repartiendo el dinero en lugar de cómo se podía utilizar.

En septiembre, el HHS intentó endurecer sus límites generales sobre la cantidad de dinero que podían conservar los hospitales basándose en la diferencia de los ingresos netos del año anterior en lugar de los ingresos totales, una cifra que en muchos casos sería mucho menor. El objetivo, según el departamento, era "prohibir a la mayoría de los proveedores que utilizaran los pagos del PRF [Provider Relief Fund] para ser más rentables de lo que eran antes de la pandemia, con el fin de conservar los recursos para asignarlos a los proveedores que eran menos rentables".

La American Hospital Association se quejó de que eso castigaría a los hospitales que se habían comportado responsablemente recortando costos y sería un "desastre administrativo y de contaduría", ya que muchos hospitales ya habían gastado el dinero de la subvención.

El HHS se echó atrás un mes después, citando "la importante atención y oposición de muchas partes interesadas y miembros del Congreso". El Congreso, insatisfecho, consolidó el retroceso en una ley de diciembre.

Algunos directivos de hospitales atribuyeron sus excedentes a sus agresivas medidas de reducción de costes.

NYU Langone Health, por ejemplo, recibió 461 millones de dólares en fondos de ayuda, que cubrieron aproximadamente un tercio de sus pérdidas relacionadas con la pandemia, aseveró Daniel Widawsky, director financiero. Otro tercio de las pérdidas de Langone fue absorbido por el récord de rendimiento financiero en los meses anteriores a la pandemia, explicó, y un rápido control de los costos abordó el resto.

Widawsky añadió que a principios de marzo Langone canceló viajes, congeló contrataciones, pausó construcciones y detuvo las compras discrecionales. "Los tres primeros días de marzo, bloqueamos el gasto", mencioinó. "Si querían comprar un lápiz, tenían que llamarme". Langone cerró su año fiscal en agosto con 208 millones de dólares de ingresos netos, y registró un superávit de 136 millones de dólares en el último trimestre de 2020, un 5.5 por ciento. A principios de este año, dos agencias de crédito mejoraron su perspectiva sobre Langone de estable a positiva.

Pese a aceptar 942 millones de dólares en fondos de rescate, el NewYork-Presbyterian Hospital tenía un déficit operativo de 457 millones de dólares, una pérdida del siete por ciento, a finales de septiembre. Fue un giro brusco respecto a septiembre de 2019, cuando el sistema registró un superávit de 166 millones de dólares, un 2.5 por ciento.

El sistema, que declinó hacer comentarios, aún no ha publicado sus métricas financieras para los últimos tres meses de 2020, pero Fitch proyectó que seguiría en números rojos. Aun así, NewYork-Presbyterian sigue siendo fiscalmente sólido: su más reciente declaración informó de 3,800 millones de dólares en efectivo e inversiones a corto plazo, lo suficiente para seguir operando durante más de un año.