Una pesadilla de la que trata de salir La Plata

LA PLATA.- Para reconstruir esta ciudad , centenares de vecinos con guantes y barbijos limpian los barrios inundados devenidos en inmensos basurales, donde se respira un penetrante olor nauseabundo.

Después del agua y los muertos , en las amplias zonas castigadas por el temporal de la noche del martes hay montañas de residuos en estado de putrefacción.

Barrios enteros, como La Loma, Tolosa o San Carlos, son ahora enormes basurales a cielo abierto.

El olor a humedad y a barro se mezcla con el vapor ácido de los desperdicios de las heladeras que flotaron en las casas anegadas la noche de la tormenta. Los alimentos en mal estado de supermercados, almacenes y carnicerías fueron arrojados a las calles, donde la pestilencia es insoportable.

Ayer, frente al supermercado La Suerte, dos hombres esparcían sobre la calle 27 los productos en mal estado por el corte de luz de 72 horas. A pocas cuadras, en 24 entre 35 y 36, los vecinos con barbijos limpiaban de las paredes las marcas negras que dejó el agua tras alcanzar un metro ochenta de altura.

En 525 y 7, en Tolosa, el dueño de la carnicería El Establo dijo a LA NACION: "Perdí toda la mercadería. Unos 10.000 pesos se fueron a la basura". Unas cuadras más allá, en 115 entre 40 y 41, el parador de ómnibus que ocupa un cuarto de manzana se ha convertido en otro improvisado sumidero. Frente a algunos contenedores, repletos de escombros, durante la mañana se podían ver personas que revolvían residuos en busca de algo para rescatar.

Ante este escenario, Médicos del Mundo aconsejó crear barreras que impidan brotes epidémicos de infecciones respiratorias, digestivas, enfermedades dermatológicas, hepatitis, estrés postraumático y leptospirosis, entre otros males de posible prevalencia e incidencia en este contexto.

"Desde Médicos del Mundo convocamos a una campaña de solidaridad para que los damnificados del temporal accedan a kits de protección para la vuelta a casa a partir de cloro, insumos de limpieza y higiene necesarios para las acciones postemergencia", señaló la ONG.

También la Cruz Roja insistía en pedir donaciones de artículos de limpieza, en particular lavandina.

Por su parte, el Ministerio de Salud provincial que distribuyó ocho camiones sanitarios en las calles de la ciudad expresó su preocupación por la posible aparición de casos de dengue.

El ministro de Salud provincial, Alejandro Collia, confirmó que van a hacer "un operativo de fumigación contra el dengue en las zonas inundadas, para prevenir cualquier tipo de brote".

El agua corrió con fuerza inusitada y detrás del barro aparecieron también roedores e insectos.

El gobernador Daniel Scioli admitió que existe preocupación por esta proliferación de basurales a cielo abierto. "Hay todo tipo de basura por esta desgracia que hemos vivido y que exige que multipliquemos casi 400 camiones que están llegando, gracias a la solidaridad de otros municipios, el gremio de camioneros y otras organizaciones empresariales", dijo ayer al mediodía en conferencia de prensa.

Y prometió: "Con el tema de la basura, ustedes van a ver con el correr del día una presencia muy intensa para lograr que obviamente la basura adicional que se generó se pueda despejar de las calles".

En una recorrida por zonas inundadas, LA NACION observó que las calles de la ciudad aún son inmensos exhibidores públicos de las propiedades personales arruinadas.

Documentos al sol

No sólo autos destruidos, electrodomésticos, colchones y heladeras hay exhibidos en las calles. Hay fotos y documentos personales secándose al sol. El Ministerio del Interior y Transporte de la Nación informó que ya tramitó el DNI a 1600 damnificados.

Las pérdidas son cuantiosas y diversas: ayer en la esquina de 36 y 28, sobre la vereda de la casa de una de las víctimas mortales, había desplegadas camillas, sillas de ruedas, muletas, tubos de oxígenos, entre otros enseres que pertenecieron a una ortopedia vecina.

Hasta los hospitales y las clínicas tienen que tirar remedios e insumos arruinados. Los vecinos inundados también tuvieron que deshacerse tras perder la cadena de frío en las heladeras donde los conservaban.

"La insulina", gritaba una mujer diabética que vive en calle 68 y 26 cuando la fueron a buscar, luego de dormir toda la noche sobre una mesa. La penicilina estaba arruinada dentro de la heladera derrumbada, por el paso del agua.

Unos 500 camiones llegaron desde municipios del conurbano y desde el Sindicato de Camioneros -según informó la municipalidad local- para sumarse a 60 volcadores de la Coordinación Ecológica Metropolitana Sociedad del Estado (Ceamse). Unas 200 cooperativas trabajan junto con millares de voluntarios para remover escombros, según informó el Ministerio de Infraestructura.

Una inmensa cantera situada detrás del Estadio Único Ciudad de La Plata recibe escombros las 24 horas.

El Organismo Provincial de Desarrollo Sustentable (OPDS) y la Ceamse dispusieron un servicio especial, con máquinas volcadoras, hidrogrúas, roll off, semis de succión y presión para la recolección de residuos.

Pese a este operativo, anteayer un funcionario provincial se quejó ante LA NACION por la ausencia de colaboración municipal para las tareas de limpieza.

El esfuerzo del Estado es improvisado y, si se quiere, un tanto anárquico.

Ayer, en 36, entre 27 y 28, una vecina lloraba desconsolada porque aún tenía en el sótano de su casa dos metros de agua negra. "No tengo quién me saque el agua. No tengo ni lavandina. Nadie me vino a ayudar", se quejó Rosa. Sólo una vecina se acercó a abrazarla.

En otros barrios, como San Carlos, Juliana se quejó porque debió caminar diez cuadras con un bebe en un cochecito para intentar conseguir dos botellas de agua de manos de soldados del Ejército que se desplegaron en unas pocas esquinas, con destacamentos de campaña.

La lluvia acumulada todavía corrompía las instalaciones de unas 25 escuelas, hospitales, clínicas privadas y hasta el servicio de justicia. Los sótanos de la Suprema Corte de Justicia provincial también estaban llenos de agua.

Sin agua corriente

Las tareas de limpieza se demoraron entre los vecinos debido a la ausencia de agua corriente, que permaneció interrumpida por hasta 48 horas debido a la rotura de unas 50 bombas de agua.

El malestar entre las víctimas se agudiza al caer la noche: aún hay unos 1500 usuarios sin electricidad por problemas de dos cámaras eléctricas. Ocho cuadrillas de la empresa eléctrica bonaerense Edelap trabajan para completar la totalidad del servicio.

Hay edificios en plaza Moreno -en pleno centro de la ciudad- que aún hoy tienen los sótanos llenos de agua. Pese al esfuerzo de camiones atmosféricos para sacar el líquido que dejó la tormenta, las napas están tan altas que el fluido vuelve a emerger.

Otros líquidos comenzaron a faltar: en las estaciones de servicio se limitó la venta de combustible. Y en los comercios -que desafiaban el miedo a los saqueos- se vendían contadas botellas de agua mineral.

El gobierno provincial admitió irregularidades: "Nos han llegado demandas de muchos abusos en los precios de artículos de limpieza y otros artículos de primera necesidad que por estas horas son fundamentales, pedimos racionalidad y prudencia".

Cifras de la catástrofe

Los que trabajan para recuperar la ciudad

500Camiones

Limpian la ciudad, según informó la municipalidad

1500Usuarios

Aún no tienen electricidad

200Vecinos

Continúan evacuados

25Escuelas

Están destruidas

4Hospitales

Fueron dañados: Hospital de Niños, Hospital Rossi, Policlínico San Martín (públicos); Hospital Español (privado)

600Efectivos del Ejército

400Gendarmes

En apoyo de la seguridad

200Cooperativas

Participan del operativo de limpieza

600Voluntarios ante la Cruz Roja

En innumerables centros de ayuda

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