Las perversiones ya no son lo que eran

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Buenos Aires, 6 de julio (Télam, por Pablo E. Chacón).- En "Tres ensayos sobre la perversión. Figuras de la perversión en la clínica, el arte y la literatura", el psicoanalista Tomás Otero revisa las concepciones clásicas sobre el modo de aparición de las perversiones antes y después de la irrupción de las redes sociales en la esfera pública contemporánea, apoyándose en diversas obras artísticas menos para ilustrar la teoría que para hacerla avanzar.

El libro, publicado por la casa Letra Viva, tiene prólogo de Gabriel Lombardi, y estudia -en la estela abierta por Sigmund Freud y continuada por Jacques Lacan- diversas manifestaciones clínicas y refiere a los textos de Osvaldo Lamborghini, Alejandra Pizarnik y Andre Gide.

Otero es psicoanalista, artista plástico, ensayista y docente en la Universidad de Buenos Aires. Esta es la conversación que sostuvo con Télam.

- T: Una de las hipótesis de su libro es que la perversión ya no es lo que era. ¿Qué es lo que cambió?

- O: Lo que cambió -como cambian también la histeria, la obsesión o las psicosis- son las formas de presentación clínica. Ya no vamos a encontrar el hombre que abre su sobretodo a la salida de una escuela para causar el horror en alguna colegiala, pero sí estrategias que se apoyan, por ejemplo, en las nuevas tecnologías para hacer aparecer la mirada en el campo del Otro. Es necesario también despojarse de la idea de que el perverso sólo se entrega a despertar la angustia del partenaire. Lo que busca es la división subjetiva del Otro.

- T: ¿Entonces?

- O: El hecho de que la clínica actual carezca, para decirlo rápido, de los sádicos de la fusta, los masoquistas de las cadenas, los exhibicionistas del sobretodo o los voyeuristas del telescopio, no impide que nos encontremos con sus estrategias. Que asistamos a presenciar las claves que cada una de estas entidades que retomadas por Lacan han dejado como legado a las nuevas (de) generaciones de la perversión. De lo que decanta que la clínica de la perversión encuentra su resorte en la formalización lacaniana del objeto a real, del cual puede extraerse como corolario que se trata de una clínica de la voz y la mirada.

- T: Se suele usar "perverso" como adjetivo. ¿Por qué piensa que ese error se comete tan seguido?

- O: Me parece que el uso del término "perverso" como adjetivo está cargado de connotaciones morales o jurídicas que declinan en un uso reprobatorio del término. No obstante, si hay algo que nos enseñaron los "Tres ensayos

…

" de Freud, es que es imposible usar el término perversión en un sentido reprobatorio sin condenar a toda la especie humana. No es Freud el que nos arroja la especificidad de la perversión ya no como adjetivo sino como sustantivo. De las tres estructuras clínicas que se le atribuyen a Freud haber delimitado, sólo la neurosis y la psicosis alcanzan tal expectativa, quedando la perversión de propio cuño lacaniano.

- T: Las nuevas formas de vigilancia y las redes sociales, ¿provocan cambios en la envoltura formal de la perversión?

- O: Los nuevos dispositivos de videovigilancia provocan cambios en la envoltura formal de la perversión, como lo trabaja Gérard Wajcman en "El ojo absoluto", donde explora cómo la ciencia y la técnica vuelven a fabricar a ese gigante griego de mil ojos, Argos panoptes, para quien no hay acción humana que caiga en un punto ciego de su vigilancia. Estas tecnologías se ponen al servicio de las presentaciones de la perversión, sobre todo aquellas dónde lo que está en juego es el objeto mirada, fundando nuevas formas clínicas del exhibicionismo y del voyeurismo.

Me parece que la proliferación rizomática de las redes sociales altera y modifica la subjetividad en general y también a la perversión. En cualquier caso, como decía Lacan, "que renuncie aquel que no pueda unir en su horizonte la subjetividad de su época". Pero cuidado, porque creo que esa frase fue mal interpretada: ser contemporáneo no es estar sumergido en nuestra época, sino, como dice (Giorgio) Agamben, quebrar las vértebras de nuestro tiempo y hacer de esa fractura el lugar de una cita entre el pasado, el presente y el porvenir. Es en este sentido que creo que el psicoanalista tiene que ser contemporáneo: para leer los signos de esa fractura, no sólo en la perversión, sino también en las demás manifestaciones clínicas.

- T: ¿Es lo mismo hablar de perversión que de perverso?

- O: El perverso, según la definición que da Lacan, es aquel que se hace en su fantasma instrumento del goce del Otro. Esto, en el momento en que lo plantea, es una novedad absoluta, porque allí donde tendemos a pensar al perverso como la encarnación de lo libertario, Lacan nos dice: - no, el perverso sucumbe bajo el yugo del Otro, con el rigor del imperativo kantiano. Y allí donde pensamos que es la víctima la que se degrada al lugar de objeto en la escena perversa, nos dice: tampoco, es él el que se coagula en la rigidez de un instrumento. Y no, no es lo mismo, al perverso lo encontramos en el consultorio, a la perversión, como coordenadas subjetivas que delimitan esa posición, en los libros.

- T: Usted usa ejemplos de la literatura, la plástica

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- O: Creo que ser fiel al programa lacaniano va a contrapelo del purismo que enarbola un psicoanálisis puro; un psicoanálisis puro no es lacaniano sino kantiano, pero tampoco se trata de un psicoanálisis aplicado. No me tiento a interpretar la obra pictórica o literaria, y menos aun de hacer conjeturas clínicas o diagnósticas sobre sus autores, sino que tomando la premisa freudiana de que el arte se adelanta al psicoanálisis me dejo enseñar por sus operaciones estéticas y literarias. Podemos encontrar en este libro el gesto de territorializar la clínica psicoanalítica en un escenario local.

En el primer ensayo me sirvo de "El niño proletario", de Osvaldo Lamborghini, y en el segundo de un texto de Alejandra Pizarnik. El tercero versa sobre el francés André Gide, de quien no tomo como material clínico su producción literaria sino su autobiografía, que más bien habría que concebir como lo sugiere Jacques Derrida, una heterotanatografía, que se titula "Si la semilla no muere", del mismo modo que Freud hace uso de las memorias del presidente Schreber para extraer de allí una arquitectura conceptual sobre la psicosis, sin que jamás Schreber haya sido su paciente. (Télam).-

pch-mc-gel- 06/07/2013 10:14

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