Las personas de color respiran un aire más nocivo; las fuentes están en todas partes

Hiroko Tabuchi y Nadja Popovich
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Vandee Lakthanasuk, a la derecha, con su padre, Siengther Lakthanasuk, que tiene asma, se pone una mascarilla fuera de su casa, que está cerca de una refinería de Chevron, en Richmond, California, el 10 de abril de 2020. (Preston Gannaway/The New York Times)
Vandee Lakthanasuk, a la derecha, con su padre, Siengther Lakthanasuk, que tiene asma, se pone una mascarilla fuera de su casa, que está cerca de una refinería de Chevron, en Richmond, California, el 10 de abril de 2020. (Preston Gannaway/The New York Times)

A lo largo de los años, una montaña de evidencia ha expuesto una grave injusticia: en comparación con los estadounidenses caucásicos, la gente de color en Estados Unidos está mucho más expuesta a la contaminación.

Ahora, un estudio nuevo sobre un tipo de contaminación atmosférica especialmente dañina muestra el alcance de estas disparidades. Los estadounidenses negros están expuestos a más contaminación de todos los tipos de fuentes, como la industria, la agricultura, todos los vehículos, la construcción, así como las fuentes residenciales e incluso a emisiones de restaurantes. La gente de color, incluyendo los afroestadounidenses e hispanos, así como asiático-estadounidenses, están expuestos a más contaminación de prácticamente todas las fuentes.

Los hallazgos sorprendieron a los investigadores del estudio, quienes no habían anticipado que las desigualdades abarcaran tantos tipos de contaminantes.

“Esperábamos encontrar que solo un par de fuentes diferentes contribuían a la exposición desigual entre grupos étnicos”, dijo Christopher W. Tessum, profesor adjunto de Ingeniería Ambiental y Ciencias en la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, quien estuvo a cargo del estudio. “Pero, en cambio, lo que encontramos fue que casi todos los tipos de fuentes que analizamos contribuían a esta disparidad”.

El estudio se basa en un extenso corpus de investigaciones en las que se ve que la gente de color en Estados Unidos vive con más contaminantes que sus vecinos blancos. La contaminación atmosférica por partículas en suspensión, conocidas como PM 2,5, es perjudicial para la salud humana y es responsable de entre 85.000 y 200.000 muertes al año en Estados Unidos.

Las desigualdades raciales y socioeconómicas en la exposición a las PM 2,5 están bien documentadas y han persistido pese a un declive general en la contaminación por partículas. Pero los investigadores buscaban hacerse una mejor idea de si estas desigualdades provenían solo de un puñado de fuentes o si estaban más generalizadas.

Usaron un modelo de calidad del aire para analizar datos de la Agencia de Protección Ambiental sobre más de 5000 fuentes de emisiones que se recolectaron como parte de una encuesta nacional de emisiones en 2014. Luego identificaron diferencias en la exposición a cada una de las fuentes, dividida por grupos generales de raza-etnicidad e ingreso de acuerdo con datos de censos estadounidenses.

Una casa cerca de la refinería de Marathon Petroleum Company en River Rouge, cerca de Detroit, el 24 de abril de 2020. (Emily Rose Bennett/The New York Times)
Una casa cerca de la refinería de Marathon Petroleum Company en River Rouge, cerca de Detroit, el 24 de abril de 2020. (Emily Rose Bennett/The New York Times)

Encontraron que casi todas las fuentes de contaminantes causaron exposiciones desproporcionadas a emisiones para la gente de color, en promedio así como por separado para las personas negras, hispanas y asiáticas. La gente negra se vio expuesta a concentraciones mayores al promedio en todos los grupos de emisiones, mientras que los blancos estuvieron expuestos a concentraciones menores al promedio en casi todas las categorías. Las desigualdades se apreciaron tanto a nivel estatal como nacional, en todos los grupos de ingresos, así como entre las zonas urbanas y rurales.

Estos resultados coinciden con las experiencias de las comunidades mismas, dijo Robert D. Bullard, profesor de la Universidad Texas Southern que ha escrito durante más de 30 años sobre la necesidad de reparar el racismo ambiental y que no participó en el estudio.

“Si vas a comunidades de color en todo este país y les preguntas: ‘¿Cuál es la fuente de los problemas ambientales?’, te señalan todas: la autopista, las plantas químicas, las refinerías, la contaminación heredada desde hace décadas, en las casas, en el aire, en el agua, en las áreas de juego”, afirmó. “La investigación empírica apenas se está poniendo al día con la realidad: Estados Unidos está segregado y también la contaminación lo está”.

Estas desigualdades tienen sus raíces en prácticas históricas, como las líneas rojas (“redlining” en inglés), con las cuales el gobierno federal marcaba algunos vecindarios como riesgosos para la inversión inmobiliaria porque los residentes eran negros. Durante décadas, a los residentes de las áreas de la línea roja se les negó acceso a hipotecas con respaldo federal y otros créditos, lo cual alimentó un ciclo de desinversión y problemas medioambientales en esos barrios.

“Las comunidades de color, sobre todo las comunidades negras, han estado concentradas en áreas adyacentes a zonas e instalaciones industriales y eso es desde hace muchísimas décadas, debido a las líneas rojas”, explicó Justin Onwenu, un organizador del Sierra Club que vive en Detroit. “Y gran parte de nuestra infraestructura actual, nuestras autopistas, fueron construidas sobre, y atravesando, comunidades negras, así que respiramos las emisiones de diésel y otros contaminantes solo porque vivimos junto a estas carreteras”, dijo Onwenu.

El estudio más reciente, publicado el miércoles en la revista Science Advances, muestra cómo ese legado sigue ensombreciendo la vida de muchas personas. Las emisiones de la industria, la construcción, así como los vehículos ligeros y pesados fueron algunas de las fuentes de contaminación que causaron las mayores diferencias absolutas para los estadounidenses negros, hispanos y asiáticos.

La contaminación por partículas provenientes de las plantas eléctricas que utilizan carbón, por su parte, fue una de las pocas fuentes que afectó a los estadounidenses blancos mucho más que el promedio. Esto se explica, según Tessum, por la demografía predominantemente blanca de muchas ciudades carboníferas. Las centrales eléctricas de carbón también suelen tener chimeneas de muchos cientos de metros de altura, las cuales dispersan las partículas finas de forma más uniforme por zonas más amplias.

Probablemente por las mismas razones, los estadounidenses blancos estaban un poco más expuestos a la contaminación por partículas procedentes de la agricultura, incluida la labranza del suelo y la erosión eólica. Pero en California, que produce más de un tercio de las verduras del país y dos tercios de las frutas y frutos secos, los hispanos estaban expuestos de forma desproporcionada.

Las industrias nuevas pueden perpetuar estas desigualdades. Una gran población latina en la región del Inland Empire del sur de California, por ejemplo, cerca de una de las mayores concentraciones de almacenes de Amazon en el país, ha sufrido las consecuencias del tráfico intenso de vehículos que usan diésel y trabajan en el extenso complejo del comercio electrónico.

“Estos almacenes fueron construidos a unos metros de casas que ya estaban ahí, a unos metros de escuelas”, dijo Cesunica E. Ivey, profesora adjunta de Ingeniería Química y Ambiental en la Universidad de California, campus Riverside, quien no participó en el estudio. “Las voces locales en esos vecindarios muchas veces son ignoradas”, dijo. “Y no pueden nada más mudarse. Necesitas recursos para irte”.

La pandemia del coronavirus, que ha sido demasiado severa con las comunidades negras, latinas y algunas otras, ha contribuido a la vejación.

“Muchas familias tienen hijos con asma. Hay niveles altos de enfermedades respiratorias. Muchas personas han fallecido de cáncer y otros tipos de afecciones”, sostuvo Vivian Huang, directora de la Red Medioambiental del Pacífico Asiático, que trabaja con las comunidades que viven en la frontera de las refinerías y otras instalaciones contaminantes en California. “La pandemia del COVID solo ha exacerbado estas desigualdades inmensas”.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company