Perros de élite: animales de concurso que son atendidos como atletas

Jan Hoffman
Un perro compite en la ronda de agilidad en la exposición canina del Westminster Kennel Club, en Nueva York, el 8 de febrero de 2020. (Brittainy Newman/The New York Times)

NUEVA YORK — Al menos el atleta fue capaz de caminar por sí mismo al puesto médico con sus propias cuatro patas.

Más temprano, cuando había enfrentado un salto largo durante su prueba en el Masters Obedience Championship en el Westminster Kennel Club Dog Show, Finn, un caniche ‘toy’ de 2,7 kilogramos, había intentado instalarse en su posición normal sentado previo al salto, pero no paraba de menearse de manera incómoda, batallando para aparentemente no ‘explotar’.

Ante lo que parecía un desastre inminente, su humana, Abby Cooper, lo levantó rápidamente y logró sacarlo de la pista justo antes de que vomitara y defecara sobre el aserrín.

De allí, salieron corriendo a la carpa veterinaria que estaba a unos metros de distancia.

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Las competiciones caninas oficiales normalmente tienen a un veterinario de turno. Pero Westminster, quizás el evento canino de élite más importante del país, exige un equipo médico del más alto nivel. Los perros especiales necesitan médicos especiales.

Finn fue monitoreado por el doctor Christopher Frye de la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad Cornell, un profesor clínico adjunto en la nueva área de medicina deportiva y rehabilitación. En el equipo de 15 miembros de Ithaca y su consultorio subsidiario de especialistas en Stamford, Connecticut, también había un radiólogo y un teriogenólogo (especialista en reproducción), un tópico de sumo interés para los criadores de perros de exhibición y rendimiento.

Perros ovejeros ingleses a punto de competir en el Westminster Kennel Club Dog Show. (AP Photo/Wong Maye-E)

Durante toda la semana de Westminster, estarán contestando preguntas de espectadores y dueños tan específicas y generales como las que reciben en sus consultorios: problemas genéticos de raza, exámenes de refracción ocular (“¿Será miope mi boston terrier?”), inyecciones de células madre para dolores articulares, ensayos clínicos oncológicos y consejos para cuidar a un primer cachorro.

Westminster es conocida por ser una reunión de perros espectaculares, con la presencia de todas las personas y productos relacionados a los espectáculos de belleza canina: aerosoles, espumas, geles, acondicionadores, rizadores, alisadores, moños, implantes de pelo y maquillaje para las pestañas o rímel.

Sin embargo, en años recientes, Westminster añadió competencias de agilidad y obediencia, las cuales convocan a un público muy diferente: perros atletas y sus humanos. “Vanish no es una collie ‘Barbie’ cualquiera”, dice Aaron Kirzner de su border collie, quien es campeona tanto de raza como de agilidad.

Estos atletas son atendidos por una multitud de especialistas de salud y bienestar, como acupunturistas caninos, terapistas de masaje y quiroprácticos, además de veterinarios como Frye.

En los últimos días, los casos de los veterinarios han incluido: una uña rota, un dedo adolorido (atascado en una jaula durante un largo viaje en auto), muchas náuseas por ansiedad (aviones, multitudes), una oreja caída (inflamación), y sarpullido (la calidad de las sábanas del hotel no cumplió con las expectativas de un importante perro de exposición).

Por cierto, Finn estaba bien. Frye lo excusó del evento y lo mandó a su casa. “Su ‘casa’ es su cojín sobre mi rodilla”, dijo Cooper, durante una llamada telefónica desde su habitación de hotel.

Masajeando distensiones y tensiones

El cartel estaba colocado frente a una esquina silenciosa y con cortinas del salón: “Masaje canino”.

Marisa Schmidt, una terapeuta certificada de masaje canino de Hazlet, Nueva Jersey, tenía meses con todos sus cupos reservados para el día de la competencia de agilidad. Pero durante el día, dueños y perros hicieron fila fuera de su cortina, suplicando que les abriera un espacio en su itinerario.

Kyan, una border collie, estaba en la mesa. “Tiene algunos nudos”, le informó Schmidt a Deborah Salerno, la dueña de Kyan. Schmidt se apoyó sobre la columna de la perra, le levantó una pata trasera y trabajó un músculo interno del muslo. Los ojos de Kyan se blanquearon de felicidad.

Daniel, un golden retriever, que ganó la competencia de 'deporte de grupo' en la 144 celebración del Westminster Kennel Club dog show. (AP Photo/John Minchillo)

“Estos perros están en excelente estado físico”, afirmó Schmidt. “Sus dueños los cuidan como a cualquier atleta profesional. ¿Puedes creer que esta perra tiene 12 años?”

No.

Uno de los desafíos, dice Schmidt, es que los perros pueden llegar a amar demasiado al deporte y a sus dueños autoritarios. “Los perros son tan tenaces que correrán incluso sintiendo dolor”, afirmó, “y a veces podríamos no darnos cuenta de inmediato que tienen una lesión”.

Los atletas calientan

Para el Masters Obedience Championship, 330 atletas élite convocados exclusivamente por invitación, compitieron en una pista llena de saltos, túneles, balancines, rampas y pivotes. Antes de cada ronda, a los humanos se les permitió previsualizar el recorrido una vez, pudieron caminarlo y memorizar el conjunto de señales manuales que le harían a sus perros, a los cuales no se les dejó probar la pista. Utilizando ráfagas de comandos de voz y gestos de manos durante unos 30 segundos, los humanos dirigieron a sus perros a través del circuito, los dos moviéndose como una unidad, como un equipo fusionado mentalmente.

Los atletas nunca compiten con músculos fríos. Esta es la rutina de calentamiento de Chelsea, una reluciente campeona labrador retriever negra de 6 años que, junto a su compañera de equipo, la veterinaria Elizabeth Dole, ha representado a Estados Unidos en pruebas de agilidad europeas.

Caminata: de tres a cinco minutos. Orinar. Trote.

Vinny, un wire fox terrier, en el Westminster Kennel Club dog show. (AP Photo/John Minchillo)

Estiramientos: relajamiento del cuello y la columna llevando el hocico a ambos lados de la cadera. Posición de “reverencia del juego”. Zigzagueo entre las piernas de Dole. Giros. Caminar hacia atrás y hacia adelante.

“¡Trabaja el cuerpo! Siéntate en posición de ruego, con las patas arriba, sostenlo, sostenlo. Suelta”.

Más estiramientos: Dole se apoya en una mesa, extendiendo un premio. Chelsea pone sus patas en la mesa, con la cabeza erguida y las piernas extendidas. Flexores de la cadera, hombros, laterales y oblicuos.

Dole saca un juguete. Chelsea lo jala, lo suelta, lo jala, lo suelta. “Esto es para darle algo de emoción, pero también de control”, dice Dole, quien ha trabajado en competencias de agilidad por 18 años.

Algunos perros necesitan estar en el estado óptimo de excitación”, dice Dole. “Pero Chelsea tiene ya tantas ganas de jugar que lo que queremos es que esté más atenta, para que cuando entre en la pista no sea desmesurada”.

¿Un basset hound?

Frye tomó un descanso de su puesto veterinario para observar algunas de las pruebas de agilidad. Él fabrica prótesis caninas, estudia los modos de andar y controla el dolor. Ve el mundo de los deportes caninos de un modo amplio y variado, gracias a su experiencia trabajando con atletas que van desde perros de trineo hasta saltadores de muelles.

Como cualquier aficionado a los deportes, Frye se mantuvo de pie con la multitud, vitoreando cuando los perros superaban velozmente los obstáculos. El ruido del público se equiparaba al de los perros que ladraban y aullaban mientras corrían con gran emoción. A diferencia del ensayo de conformación —el nombre formal del deporte de exhibición de los perros de pura raza— las competencias de agilidad y obediencia aceptan perros mestizos, llamados aquí perros “All American”. Esto se debe a que estos deportes son fundamentalmente una celebración del vínculo humano-canino.

Debido a que los obstáculos están ajustados por categorías de altura, estaban compitiendo todo tipo de razas: perros salchicha, papillón, bichón habanero, pugs, corgis, rat terriers, retrievers de Nueva Escocia, berger picards, pastores belgas malinois y dóbermans.

Bueno, quizás no es una competencia apta para todos los perros. “Algunas veces las razas gigantes, como el gran pirineo o el san bernardo, no logran entrar en los túneles”, afirma Frye.

Los border collies tienden a dominar con su enfoque láser y sus cuerpos flexibles, rápidos y de baja altura.

Frye tuvo debilidad por un inusual atleta de agilidad: un basset hound. “Era como un dibujo animado de sí mismo”, dijo. “¡No hay nada en un basset hound que esté hecho para esta competencia! Me encantó ver a ese perro recorrer la pista y resolverla”.

¡Emergencia!

El domingo 9 de febrero, Tyson, un pastor americano miniatura de 8 años de Minesota, necesitaba ir al puesto veterinario.

Tyson es un campeón de obediencia. Los aviones le producen ansiedad y tiene un estómago sensible. Al llegar a Nueva York, comenzó a vomitar. Y continuó haciéndolo, casi cada hora. “Pensé, ¿dónde vamos a conseguir un veterinario de emergencia?” dijo su dueña, Shannon Wacker, quien estaba allí con su hija de 17 años, Mara. “Me sentía muy mal por mi hija. Habían trabajado muy duro para llegar aquí”.

Un American Shepherd miniatura. (Photo by: Nancy Schwartz/NBC/NBCU Photo Bank via Getty Images)

Madre, hija y perro consiguieron el puesto veterinario de Cornell, y los tres fueron atendidos. “Fueron una bendición”, dijo Shannon Wacker. “¡Y no me cobraron!”.

Un veterinario le administró a Tyson una inyección contra las náuseas de 24 horas, que alivió su estómago.

Para esa misma tarde, Tyson estaba listo para la competencia. No ganó ningún premio, pero Shannon y Mara Wacker estaban encantadas. “Considerando todo lo que le pasó, estamos felices”, dijo Shannon Wacker, añadiendo que Tyson había seguido adelante aún con su malestar, por devoción a su hija.

“Solo necesitábamos calmar sus nervios”, dijo. “¡Es un pequeñín demasiado aplicado!”

This article originally appeared in The New York Times.

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