El perro de la familia está en sintonía con tus hijos

Gretchen Reynolds
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Un momento de un estudio sobre propietarios jóvenes de perros en la Universidad Estatal de Oregon. (Vía Monique Udell/Universidad Estatal de Oregon vía The New York Times)
Un momento de un estudio sobre propietarios jóvenes de perros en la Universidad Estatal de Oregon. (Vía Monique Udell/Universidad Estatal de Oregon vía The New York Times)

Los perros de la familia hacen coincidir sus movimientos con los de los niños con los que conviven, según un nuevo y conmovedor estudio sobre los niños y sus mascotas. En el estudio, los perros mascota se movían o se quedaban quietos cuando lo hacían los niños que los acompañaban, una sincronía física que suele indicar un vínculo emocional. Los perros de la familia también tendían a permanecer cerca y a dirigirse en las mismas direcciones que los niños, un indicio más de compromiso social y atención que podría tener implicaciones para el desarrollo emocional tanto de los perros como de los pequeños, así como para conocer la seguridad de las interacciones entre ellos.

Los resultados se suman a las crecientes pruebas de que la forma en que se mueven las personas y otras criaturas depende en un grado sorprendente de con quién están y que las conexiones sociales pueden moldearse y reforzarse gracias a la actividad compartida. Los resultados también plantean cuestiones prácticas sobre cómo los niños y los perros pueden aprender a leer el lenguaje corporal del otro y cómo las mascotas de la familia pueden ayudar a alentar a los niños a moverse más o servir mejor como fuente de apoyo emocional.

La idea de que estar rodeado de otros influye en la manera en la que nos movemos no es nueva. Investigaciones anteriores demuestran que las parejas románticas tienden a sincronizar sin darse cuenta su ritmo de marcha en mayor medida que los desconocidos y que los hombres suelen acelerar el paso cuando caminan con otros hombres, aunque el nuevo ritmo no les resulte fisiológicamente cómodo.

Del mismo modo, moverse juntos parece generar familiaridad, incluso si no existía antes. Por ejemplo, las personas que empiezan a bailar juntas suelen manifestar una mayor cercanía y cohesión a partir de ese momento. Moverse juntos parece generar vínculos intangibles e íntimos.

Otras investigaciones sugieren que estas conexiones no se limitan a los humanos. Cuando, en estudios anteriores, los científicos pidieron a los adultos que llevaran a sus perros de compañía a habitaciones grandes y desconocidas para ellos y que luego caminaran por el espacio, a veces deteniéndose, a veces cambiando de dirección, y sin relacionarse directamente con sus mascotas, los perros los siguieron y repitieron las acciones de sus dueños de manera extraordinaria. Alrededor del 80 por ciento de las veces, los perros caminaban cuando sus dueños lo hacían y se quedaban quietos cuando se detenían. También solían girar y pivotar cada vez que sus dueños lo hacían, de modo que se mantenían orientados en la misma dirección.

Otros estudios demostraron que los perros de los refugios también imitaban las acciones de sus cuidadores principales, pero en menor medida que los perros de familia, lo que indica que los vínculos son más débiles. Sin embargo, se sabía poco sobre si los perros de compañía se sincronizaban de forma similar con los niños de su familia. Por eso, para el nuevo estudio, que se publicó en enero en Animal Cognition, los investigadores de la Universidad Estatal de Oregon, en Corvallis, recurrieron a un grupo de voluntarios previamente reunidos. Como parte de un estudio previsto a largo plazo sobre intervenciones asistidas por animales para niños con diferencias en el desarrollo, los científicos ya habían reclutado a familias locales con niños cuyas edades oscilaban entre los 8 y los 17 años y sus perros de compañía.

Ahora les pidieron a 30 de los niños, con y sin diferencias de desarrollo, como autismo, que llevaran a sus perros a un espacio grande, similar a un almacén. Los perros, de distintas razas, desde dóciles perros cobradores hasta una mezcla de jack russell, un whippet, varios caniches y un gran danés, no habían recibido ningún tipo de entrenamiento especial. Eran animales de compañía.

Los investigadores pidieron a los niños y jóvenes que siguieran caminos marcados con cinta adhesiva en el espacio cavernoso. A veces se detenían y cambiaban de dirección, sin tocar a sus perros ni hablarles; los grabaron y después analizaron las interacciones de cada pareja y descubrieron que los perros se mantenían cerca de sus jóvenes dueños, caminaron o se quedaron quietos en sintonía con ellos más del 60 por ciento de las veces. Los perros también solían voltear para mirar en la misma dirección que el niño, como si fueran bailarines de cuadrilla novatos.

Los investigadores concluyeron que su sincronía era menor que la observada previamente entre los adultos y sus perros, pero mucho mayor de lo que cabría esperar por casualidad.

“Era evidente que los perros estaban atentos y modificaban su comportamiento” en respuesta a las acciones del niño, afirmó Monique Udell, profesora asociada de Ciencias Animales de la Universidad Estatal de Oregon y autora principal del estudio.

Sin embargo, la distancia entre su sincronía y la de los perros con sus dueños adultos sugiere que las familias con niños y perros podrían querer que los menores dediquen más tiempo a pasear, entrenar, alimentar y jugar con sus mascotas, dijo. “Que aprendan a leer el lenguaje corporal del otro”, dijo. “Creo que los niños, incluso los más pequeños, son capaces de asumir más responsabilidad en el adiestramiento de las mascotas de lo que les reconocemos”. Y en el proceso, es probable que las mascotas aprendan a responder de manera más profunda al niño, afirmó la profesora.

Sin embargo, este estudio fue muy pequeño y a corto plazo. Udell espera incluir a más perros y niños y darles seguimiento durante el adiestramiento de animales de servicio, para observar si, por ejemplo, los niños empiezan a adaptarse a las acciones de sus perros y viceversa, y si hay diferencias en la sincronía según la edad del niño o la raza del perro.

Udell y sus colegas también están interesados en estudiar la vinculación y los movimientos entrelazados de las personas y otros tipos de mascotas, en particular los gatos. “Hemos trabajado un poco con gatos y, hasta ahora, acaban con todo en cuanto a responder socialmente al comportamiento de sus dueños”, manifestó. Sin embargo, en la actualidad no está previsto realizar ningún experimento para comprobar la sincronía de gatos y perros.

This article originally appeared in The New York Times.

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