La perra 'parlante' que está en TikTok

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Alexis Devine y su perra, Bunny, en su hogar en Tacoma, Washington, el 14 de abril de 2021. (Ruth Fremson/The New York Times)
Alexis Devine y su perra, Bunny, en su hogar en Tacoma, Washington, el 14 de abril de 2021. (Ruth Fremson/The New York Times)

Alexis Devine afirma que desde el principio supo que Bunny, su cachorra sheepadoodle, estaba destinada a hablar.

Devine, una artista y diseñadora de joyas de 40 años de Tacoma, Washington, había estudiado minuciosamente libros sobre cognición, comunicación y entrenamiento canino en los meses previos a la llegada de Bunny.

A través de su investigación, se encontró con la página de Instagram de una logopeda llamada Christina Hunger, que estaba documentando cómo su propia perra, Stella, estaba comenzando a desarrollar un vocabulario en inglés.

Stella tenía un tablero de sonido en el piso conformado por botones circulares, cada uno de los cuales hacía sonar una palabra cuando se le presionaba. Al tocar algunos botones con las patas y en el proceso formar oraciones poco estructuradas, Stella supuestamente estaba comunicándose en inglés.

Hunger, de 27 años, había trabajado durante varios años con tecnología de asistencia —en particular, con dispositivos de comunicación alternativa y aumentativa (CAA)— para ayudar a los niños no verbales a adquirir vocabulario y comunicarse sin hablar.

Palabras más palabras menos

Durante mucho tiempo fue una práctica común entre patólogos del habla restringir el vocabulario en los dispositivos CAA de los niños, bajo la noción de que demasiadas palabras podrían abrumarlos. Sin embargo, la opinión generalizada entre los expertos en comunicación se ha ido decantando en favor de permitir que los usuarios de los dispositivos demuestren sus propias capacidades, dándoles tantas palabras para jugar como sea posible.

Uno no asumiría que un bebé no tiene vocabulario si no hubiera pronunciado su primera palabra a los 12 meses, razonó Hunger. Entonces, ¿por qué debería aplicarse esa lógica a aquellos que simplemente son incapaces de hablar, ya sea un niño que sufre de catatonía o una criatura desprovista de los órganos necesarios para el habla, como un perro?

Alexis Devine y su perra, Bunny, en su hogar en Tacoma, Washington, el 14 de abril de 2021. (Ruth Fremson/The New York Times)
Alexis Devine y su perra, Bunny, en su hogar en Tacoma, Washington, el 14 de abril de 2021. (Ruth Fremson/The New York Times)

Hunger comenzó a experimentar. La mayoría de los dispositivos CAA eran demasiado costosos o no aptos para uso canino, por lo que optó por la opción más barata que pudo encontrar en línea: un paquete de 4 botones sonoros con respuesta grabables.

La caja llegó a su casa de San Diego una semana después que Stella. Hunger decidió que un botón que dijera la palabra “salir” sería el mejor punto de partida en cuanto a los paseos y los entrenamientos en casa. En cuestión de pocas semanas, Stella ya presionaba de forma regular y rutinaria el botón para que la dejaran salir.

Devine había leído sobre Stella en el blog de Hunger. Así que cuando Bunny apareció en octubre de 2019, su primer botón —“salir”— ya estaba esperándola junto a la puerta.

¿Es este perro más inteligente que un niño pequeño?

Los perros han aprendido muchos trucos desde que se cree fueron domesticados por primera vez, hace unos 20.000 años. La mayoría puede responder a comandos básicos como “sentado” y “quieto”. Pueden recordar términos como “premio” y “salir”. Algunos han demostrado tener una capacidad parecida a la humana para captar rápidamente los nombres de nuevos objetos y recordarlos para su futura recuperación.

“Es posible que la domesticación haya afectado las posiciones del cerebro de los perros para que puedan interactuar y socializar mejor con los humanos”, dijo Claudia Fugazza, investigadora del Departamento de Etología (comportamiento animal) de la Universidad Eotvos Lorand en Budapest, Hungría. “Probablemente estén mas predispuestos a interactuar con los humanos como interlocutores sociales”.

Todo esto es para afirmar que está claro que los perros pueden seguir una amplia gama de señales sociales humanas. Pero más allá de películas y programas de televisión, los dueños de perros rara vez han afirmado que sus mascotas poseen la capacidad de hablar.

“Bunny puede decir 92 palabras actualmente”, dijo Devine durante una llamada de Zoom en abril, en la que su perra estaba bien ubicada dentro del encuadre y se mezclaba con la alfombra peluda debajo de ellas. Bunny tiene casi 2 años ahora y su adquisición del lenguaje podría competir con la de un niño pequeño (un típico niño de 2 años puede utilizar al menos 50 palabras con facilidad).

Según Devine, Bunny puede utilizar los botones de su tablero de sonido para formar frases de cuatro palabras. Puede hacer preguntas. Puede —y a menudo lo hace— pedirle a la gente que se calle o, como dice su botón, “calma”.

Botones de palabras, pero como ciencia

A principios de 2020, aproximadamente 6 meses después de que Bunny aprendiera a “salir”, Devine fue contactada por Leo Trottier, un desarrollador de productos que trabaja en la industria de las mascotas. Esperaba que pudieran trabajar juntos.

En 2016, Trottier, un doctorando con una maestría en Ciencias Cognitivas, presentó CleverPet, la primera consola de juegos para perros. Pero tras un intento fallido para recaudar fondos para el producto en Kickstarter, abandonó el proyecto.

Tres años más tarde, cuando Trottier descubrió el trabajo de Hunger, vio una oportunidad de colaboración. Mientras Hunger y Devine usaban simples botones de sonidos pregrabados que habían encontrado en Amazon, Trottier estaba desarrollando FluentPet, un dispositivo CAA diseñado para perros y estaba en busca de evaluadores de versión beta (Hunger había firmado un contrato editorial con HarperCollins al momento del lanzamiento de la versión beta de FluentPet por lo que rechazó la solicitud de colaboración de Trottier).

Trottier contactó a Federico Rossano, quien fue su profesor en la Universidad de San Diego, para que lo ayudara —en palabras de Rossano— a “mejorar la ciencia” del producto.

Rossano, un investigador de la cognición que ha trabajado ampliamente con una variedad de especies, se mostró escéptico al principio. Sin embargo, en definitiva, vio una oportunidad para estudiar la capacidad de los perros de desarrollar habilidades similares al lenguaje de una manera sistemática y rigurosa, con el potencial de extraer resultados de un grupo de participantes completamente diferente a cualquier otro al que hubiera tenido acceso antes.

Al mismo tiempo, Devine, cuyo negocio de joyería había decaído de forma significativa durante la pandemia, obtuvo el incentivo adicional de convertirse en una influente afiliada del producto, lo que significaba que recibiría más del 8 por ciento de cada venta de FluentPet realizada a través de un enlace de referencia al sitio web desde su cuenta de Instagram.

En el otoño de 2019, Trottier y Rossano iniciaron They Can Talk, un proyecto de investigación y un foro en línea para los participantes. “Inicialmente, pensamos que solo tendríamos algunos participantes del área de San Francisco y San Diego”, dijo Rossano. Pero cuando comenzaron los confinamientos a principios de 2020 y la popularidad de TikTok aumentó, miles de personas aburridas en sus casas comenzaron a preguntarse si su mascota también podría hablar como Bunny.

Actualmente, el estudio cuenta con más de 2500 participantes. No es obligatorio comprar un FluentPet para participar, pero hay un incentivo en el sitio web del estudio (los precios oscilan entre 29,25 dólares por un kit de prueba hasta 195,95 dólares por un juego de 32 botones).

“Tenemos un acuerdo de intercambio de datos”, dijo Rossano. “Soy el líder científico del proyecto, y el análisis y los hallazgos serán publicados en artículos científicos”.

Los animales han estado ‘hablando’ durante siglos

Durante al menos 200 años, los investigadores han informado de varios casos de animales no humanos que demostraron tener notables capacidades similares al lenguaje. Uno de estos ejemplos, que ha tenido un fuerte impacto sobre el campo de los estudios cognitivos comparativos desde principios del siglo XX, fue el caso de un caballo llamado Clever Hans.

Clever Hans parecía capaz de responder con precisión cálculos aritméticos sencillos. Por ejemplo, cuando se le preguntaba “¿Cuánto es 2 + 2?”, el caballo golpeaba su casco cuatro veces.

Pero cuando el psicólogo Oskar Pfungst analizó al caballo en 1907, concluyó que Hans solo estaba respondiendo a las señales de los humanos en lugar de demostrar que podía entender el habla humana. Desde entonces, el Efecto Clever Hans ha impulsado a los científicos a desarrollar métodos que eliminen la presencia e influencia humana de los estudios de cognición animal para evitar falsos positivos.

A finales de la década de 1950, los primates se convirtieron en el centro de los estudios sobre las habilidades lingüísticas de los animales no humanos, en particular los chimpancés. Con la intención de enseñar el lenguaje hablado a los chimpancés jóvenes, los científicos rápidamente se encontraron con un obstáculo: los animales no humanos no poseen el aparato vocal para abrir sus bocas y decir: “Oye, tú”.

Durante la siguiente década, los científicos cognitivos comenzaron a inspirarse en los estudios sobre discapacidad y dirigieron su atención a los lenguajes manuales como el lenguaje de señas estadounidense (ASL, por su sigla en inglés).

La idea de que el lenguaje transmitido de forma visual contenía el mismo potencial de expresión que el habla era todavía relativamente nueva cuando los chimpancés, bonobos, gorilas y orangutanes comenzaron a demostrar su capacidad para aprender y utilizar gestos basados en el ASL. En la década de 1990, la idea de que el desarrollo de un perro podría ser similar al de un niño pequeño comenzó a ganar fuerza, pero la investigación sobre comunicación canina sigue siendo muy rudimentaria.

Domesticación

A diferencia de los chimpancés, los perros han estado sujetos a un proceso de evolución artificial como resultado de la domesticación. En las últimas dos décadas en particular, la investigación ha mostrado que los perros poseen una sutil comprensión social de las señales sociales de los humanos. Esto se podría atribuir a la “hipótesis de la domesticación”: la idea de que el comportamiento social de los perros ha sido moldeado para satisfacer las sensibilidades humanas.

“Estamos muy interesados en un hallazgo reciente que demostró que hay ciertos movimientos faciales en los perros que los humanos encuentran muy atractivos, lo que ha generado que los perros desarrollen un músculo facial que los lobos no tienen”, dijo Juliane Kaminski, profesora de Psicología Comparada en la Universidad de Portsmouth. “Me refiero a los ‘ojitos de cachorro’, básicamente. Hay una expresión facial que los perros realizan cuando levantan las cejas, que es un movimiento que se asemeja a la tristeza en los humanos y que estos parecen encontrar muy atractiva en los rostros de los perros”.

Rossano afirmó que en lugar de preguntar si los perros pueden entender a los humanos, “podemos preguntarnos si pueden aprender a comunicarse con los humanos mediante señales humanas”.

Sin embargo, Judith Schwarzburg-Benz, filósofa e investigadora principal del Clever Dog Lab en Viena, se pregunta cuánto podremos aprender realmente sobre la comunicación canina utilizando un lente humano. “Lo que obtenemos es una imagen muy limitada”, dijo. “Creo que solo podemos vislumbrar la mente y los procesos de aprendizaje, como si hiciéramos preguntas muy específicas”.

Ciertamente, ¿en qué momento se podría decir con satisfacción que Bunny puede hablar? ¿Tendría Bunny que completar todos los elementos de una lista de requerimientos lingüísticos o solo un número determinado? ¿Cómo se determinaría eso?

“Si la CAA canina va a ser tan exitosa como creo es o va a ser, requerirá de mucha gente trabajando en diferentes escenarios y ángulos para abordarlo desde todos los lados posibles”, dijo Hunger.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company

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