No se permiten "Dreamers": Beneficiarios del DACA aún no pueden trabajar para el Congreso

Jim Saksa, CQ-Roll Call
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WASHINGTON — Como muchos becarios del Congreso, Sara tenía un plan de cinco años totalmente desarrollado. Primero, encontraría un puesto de asistente de personal, "luego ascendería a corresponsal legislativa, después a asistente legislativa y, finalmente, trataría de conseguir un puesto de directora legislativa".

Ya había hecho varias entrevistas cuando se enteró. Como beneficiaria del programa Deferred Action for Childhood Arrivals (DACA), sospechaba que tendría que rellenar algunos formularios adicionales antes de aceptar un empleo en el Capitolio. En cambio, descubrió que tenía completamente prohibido trabajar para el gobierno federal, incluido el Congreso, gracias a una oscura cláusula adjunta a los proyectos de ley de asignaciones anuales.

"Además del shock inicial –bueno, los próximos cinco a diez años después de la universidad van a ser muy diferentes de lo que esperaba– quedé muy desanimada porque, como beneficiaria del DACA, tienes esta autorización para trabajar y piensas que esto resuelve muchos de los problemas", dice Sara. "Ahora tengo un número de Seguridad Social, puedo trabajar y tener un empleo y seguir mis sueños. Y mis sueños, por muy raros que parezcan, eran trabajar para el gobierno de Estados Unidos, trabajar en el Congreso y promulgar cambios significativos a través de las leyes y la gobernanza".

Sara no es su verdadero nombre. Aceptó hablar bajo la condición de anonimato, ya que nunca ha revelado públicamente su estatus migratorio y teme el abuso en línea.

El DACA permite a los inmigrantes indocumentados ampliamente conocidos como "Dreamers", que fueron traídos a Estados Unidos cuando eran niños, solicitar una exención de la deportación si cumplen ciertos criterios. También les permite solicitar un número de Seguridad Social, obtener una licencia de conducir, solicitar ayuda financiera federal para estudiantes y obtener permisos de trabajo. Pero desde la década de 1990, una estipulación de asignaciones ha impedido que el dinero federal se utilice para pagar a los no ciudadanos como empleados federales, con pocas excepciones; y el DACA no es una de ellas.

Los "Dreamers" solo pueden entrar en el Congreso si les pagan terceros, como pasantes o becarios colocados a través de grupos como el Congressional Hispanic Caucus Institute.

Aunque los demócratas han intentado repetidamente eliminar la estipulación de las medidas de asignación, la misma siempre ha salido indemne –hasta ahora– de las turbias negociaciones de los proyectos de ley de gastos anuales.

Pero ahora que los demócratas controlan ambas cámaras y la Casa Blanca, los activistas de la inmigración, liderados por una coalición de actuales y antiguos beneficiarios del DACA que trabajan en el Congreso, esperan que este sea el año en que las cosas cambien finalmente.

Trabajando en los teléfonos

Cada vez que la inmigración aparece en las noticias, las llamadas aumentan, afirma Xenia Ruiz. Los electores marcan a sus representantes para darles su opinión. Y, a menudo, en el extremo receptor de todo este vitriolo están los becarios que contestan el teléfono, incluyendo algunos Dreamers. Un día particularmente malo –como cuando la Corte Suprema bloqueó el intento de la administración de Trump de revocar el DACA el año pasado– significará ocho horas seguidas de escuchar amablemente a los que llaman mientras presionan a favor de las deportaciones masivas.

Es por eso que Ruiz, ahora ciudadana estadounidense naturalizada y quien trabaja para la presidenta adjunta de la Cámara de Representantes Katherine M. Clark, de Massachusetts, se reunió con algunos otros inmigrantes anteriormente indocumentados para fundar la Dreamers Congressional Staff Association en 2019.

"Es absolutamente un grupo de apoyo, en muchos sentidos", dice Ruiz. "Como asociación de personal, priorizamos la creación de un espacio seguro para aquellos cuyas experiencias cotidianas son realmente únicas mientras navegan por sus roles en el Capitolio, habiendo experimentado ellos mismos no solo un trauma racial, sino a menudo un trauma relacionado con sus estados de inmigración actuales o pasados".

La otra misión principal del grupo es cambiar la ley que impide que los becarios que absorben diatribas consigan puestos de trabajo de tiempo completo en el Capitolio.

Una aliada importante ha sido la representante Ann Kirkpatrick, una demócrata por Arizona que desde 2015 ha patrocinado medidas independientes para permitir que los beneficiarios del DACA trabajen para el Congreso. La versión más reciente, presentada a principios de este mes, tiene hasta ahora 51 copatrocinadores, pero ni un solo republicano entre ellos.

El objetivo de Kirkpatrick es exponer a los Dreamers ante más legisladores republicanos, en la creencia de que conocer a los inmigrantes los haría más propensos a apoyar activamente las revisiones integrales, afirma su jefa de personal, Abigail O'Brien. La norma le ha impedido contratar a algunos beneficiarios del DACA, incluida Sara.

"Hay personas muy cualificadas y con mucho talento que serían un activo increíble para las oficinas del Congreso y que no pueden trabajar debido a un lenguaje menor [en las asignaciones]", dice O'Brien.

Pero la exposición por sí sola podría no ser suficiente para ablandar los endurecidos corazones al ver la humanidad de un migrante. Un colaborador del Capitolio de la asociación de personal de los Dreamers describió su visita a la frontera entre Estados Unidos y México en un viaje de la delegación estatal.

"Estás recorriendo estos espacios con gente en el terreno que está hablando de los diversos temas –como los grupos que ponen agua para los migrantes– y escuchas a los miembros del personal decir: 'Bueno, es como un perro: Si lo pones, van a venir'", dijo el asesor. "Luego debes asistir a cinco días más de reuniones con esta gente".

"No puedes permitirte el lujo de alienar a los miembros del personal [con quienes] en muchos casos necesitas seguir manteniendo una relación de trabajo decente", añade el colaborador, que pidió no ser nombrado por ese motivo.

Sola en la sala

Laura Muñoz López inició en el Congreso gracias a unas monjas alegres.

Fue a base de margaritas en Tortilla Coast. Muñoz López ni siquiera habría estado allí si no hubiera sido la rara estudiante de último año de universidad que se suscribió al boletín de su congresista local, y realmente lo leyó. Así fue como se enteró de que el demócrata de Illinois Bill Foster sorteaba entradas para la visita del Papa Francisco en 2015. "Qué demonios, nunca gano ninguna de estas cosas de todos modos", recuerda que pensó. "Y terminé ganando".

Muñoz López voló a Washington y se topó con Nuns on the Bus, un grupo de activistas itinerantes patrocinado por el grupo católico de justicia social NETWORK al que había conocido antes en su gira por todo el país.

"Recuerdo que me senté en una de las cabinas", dijo Muñoz López. "Y una de las monjas me dice: '¿Conoces el programa de relaciones gubernamentales de NETWORK?'".

No lo conocía, pero después de enterarse más sobre el trabajo de cabildeo de un año en D.C., decidió rechazar otra oferta de trabajo y darle una oportunidad.

Un año después, decidió quedarse. Ahora trabaja para el vicepresidente del Caucus Demócrata de la Cámara de Representantes, Pete Aguilar, pero si no hubiera sido porque encontró el amor y se casó –lo que la hizo elegible para una tarjeta de residencia–, una carrera federal habría estado cerrada para ella.

Cuando tenía cinco años, la familia de Muñoz López dejó Colombia y se estableció en Carolina del Sur. Se inscribió en el DACA cuando estaba en la universidad, poco después de que se anunciara en 2012, y luego comenzó a ser voluntaria para ayudar a otros Dreamers a hacer lo mismo. "Nunca perdí de vista lo bien que se sentía ayudar a la gente", señaló.

Ser un Dreamer en el Capitolio puede ser motivo de aislamiento. "Cuando llegué a D.C., hubo tantas veces que estaba en reuniones [con las oficinas del Congreso], especialmente cuando estaba en NETWORK, donde la gente hablaba de inmigración como si nunca hubieran conocido a un beneficiario del DACA o a alguien que fuera indocumentado", dice Muñoz López. "Era sobre todo gente blanca sentada hablando de inmigración desde una perspectiva muy teórica".

De los cuatro inmigrantes indocumentados actuales y anteriores con los que habló CQ Roll Call para este reportaje, todos ellos pudieron recordar una vez en que fueron la única persona de color o el único inmigrante en una sala mientras se discutía la inmigración en el Capitolio.

Eso hace que haya más interés, dice Muñoz López. "Cuando un grupo de inmigración viene al Capitolio, quiero que sepan que, como inmigrante, sé de lo que están hablando, y no tienen que compartir conmigo las experiencias más traumáticas de sus vidas dentro del sistema de inmigración para que lo entienda", dice.

Otra cosa que compartieron todos estos Dreamers: un cauto optimismo de que este año el Congreso elimine la cláusula.

Los esfuerzos legislativos de Kirkpatrick han sido principalmente proyectos de ley en intercambio de mensajes; incluso si el Congreso aprueba los cambios a la inmigración como los de un proyecto de ley que la Cámara Baja aprobó a principios de este mes, todavía tendría que eliminar la cláusula de la legislación anual de gastos para permitir que los Dreamers trabajen para el Congreso o agencias federales.

La presidenta de la Cámara de Representantes, Rosa DeLauro, demócrata por Connecticut, anunció que intentará modificar la cláusula de nuevo este año. "Estoy orgullosa de apoyar a nuestros Dreamers, y estoy firmemente a favor de derogar las prohibiciones obsoletas que impiden que el gobierno federal emplee a estas personas con talento", dice. El presidente de Asignaciones del Senado, el demócrata de Vermont Patrick J. Leahy, no respondió a una solicitud de comentarios, ni tampoco ninguno de los miembros republicanos de alto rango en los comités y subcomités pertinentes.

Si a los Dreamers como Sara se les permite trabajar en el Congreso el próximo año, probablemente se reducirá a otra negociación presupuestaria de fin de año entre los cardenales de las asignaciones y el liderazgo del partido. Requerirá que alguien como Leahy o DeLauro se niegue a ceder, o que sus homólogos republicanos decidan renunciar a ello.

Está por verse si eso ocurre en un tema como este, que afecta directamente a un número reducido de no votantes pero que tiene un peso simbólico tan enorme.

Mientras tanto, Sara no esperará. Tras ser excluida del Capitolio, su trayectoria profesional ha discurrido por el camino de la campaña, trabajando para elegir a los demócratas.

"No es que no pueda dar un giro de nuevo, pero he abrazado el trabajo que estoy haciendo", dice. "Y he descubierto que se me da bien, así que eso es una ventaja".