Los perennes apellidos de la política chilena buscan su hueco en los megacomicios

Santiago de Chile, 13 may (EFE).- Kast, Ossandón, Lavín, Walker, Girardi, Guevara o Van Rysselberghe. Son algunos de los apellidos que llevan décadas escribiendo la historia de Chile desde el Gobierno, el Congreso o los directorios de las principales empresas.

Un puñado de clanes familiares, herméticos y endogámicos, que también competirán en las megaelecciones del 15 y 16 de mayo, las más trascendentales desde el plebiscito de 1988 -que acabó con la dictadura- y en las que se elegirán alcaldes y gobernadores, además de los 155 ciudadanos que redactarán una nueva Constitución.

El fenómeno de las "dinastías políticas" se reproduce en la gran mayoría de los países latinoamericanos y afecta tanto a la izquierda como a la derecha, según la investigadora principal del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES), Emmanuelle Barozet.

En Chile, se extiende por todas las regiones, aunque por su centralismo es especialmente fuerte en Santiago, donde viven 8 de los 19 millones de habitantes del país y se concentran todas las instituciones y gran parte del poder económico.

"Las dinastías sobre las que más hemos trabajado en el COES son los Lavín, en Santiago; los Van Rysselberghe y los Ortiz, en Concepción (centro), una ciudad muy interesante porque hay dos familias de dos coaliciones distintas; y también los Soria, en Iquique (norte)", apuntó a Efe la socióloga, experta en estratificación.

MISMAS ESCUELAS Y MISMAS VACACIONES

De ascendencia generalmente europea, los miembros de estos clanes estudian en los mismos colegios privados, se gradúan en las mismas universidades extranjeras, se casan entre ellos y pasan las vacaciones en lujosos balnearios de la costa central chilena o en los lagos del sur.

Todo esto, de acuerdo a Jaime Abedrapo, director de la Escuela de Gobierno de la Universidad San Sebastián, con el objetivo de "concentrar el poder en la pirámide de la sociedad chilena", una de las más desiguales de Latinoamérica.

Para Barozet, en los casos más exitosos, "el mayor de la familia toma el cargo de parlamentario y algún hijo es alcalde de una ciudad no menor o intendente, mientras que los nietos, cuñados o ahijados ejercen de concejales o consejeros municipales".

Entre los 16.730 candidatos a alcaldes, concejales, gobernadores regionales y constituyentes para los comicios de este fin de semana se cuelan decenas de estos apellidos "perennes", aunque los expertos coinciden en que suscitan cada vez menos apoyo, sobre todo tras las masivas manifestaciones de finales de 2019.

El denominado estallido social, que dejó una treintena de muertos y miles de heridos, comenzó como una protesta contra el aumento en la tarifa del metro y se convirtió con los días en una revuelta sin parangón desde el fin de la democracia por una sociedad más justa e igualitaria, con las élites económicas y políticas en el punto de mira.

Su desconexión con las necesidades del mundo popular y la condescendencia judicial con algunos escándalos de corrupción fueron algunos de los detonantes de las marchas, que entraron en una especie de letargo por la pandemia, aunque sigue latente un gran descontento social.

En el recuerdo de muchos chilenos aún queda la irrisoria condena que recibieron en 2018 los líderes del poderoso grupo Penta -amigos personales del presidente Sebastián Piñera- por un escándalo de financiamiento ilegal de campañas políticas: asistir a clases de ética.

"Culturalmente ha habido una suerte de rechazo espontáneo a apellidos que puedan identificar con ciertos clanes políticos y empresariales. La capacidad de acción de estos es cada vez menor", reconoció Abedrapo.

"ALUVIÓN DE NUEVAS CARAS"

Las elecciones constituyentes se convocaron tras el histórico plebiscito de octubre, en el que casi el 80 % de los chilenos eligieron enterrar la actual Constitución, heredada del régimen militar y concebida como el origen de las desigualdades del país por fomentar la privatización de servicios básicos.

Los ciudadanos también decidieron que el nuevo texto lo escriba un órgano formado solo por ciudadanos electos para ese fin -sin parlamentarios en ejercicio- y por primera vez se permite la participación de independientes en las listas.

Para Julieta Suárez Cao, politóloga de la Universidad Católica, los comicios "van a marcar un antes y un después, no porque esto sea la causa, sino porque es un síntoma de la crisis de los partidos y los clanes políticos, que van a tener que revincularse con la ciudadanía".

Mientras Barozet cree que "el apellido como marca sigue funcionando bien", sobre todo con una oferta electoral tan ingente como la del fin de semana, Suárez Cao considera que "el Chile que está compitiendo en esta elección es distinto al Chile de siempre, que va a empezar a diluirse en este aluvión de nuevas caras".

María M.Mur

(c) Agencia EFE

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