El peregrinar de los heridos en Tijuana

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TIJUANA, BC., diciembre 26 (EL UNIVERSAL).- "¡Cinco-bravo, cinco-bravo!", se escucha en la frecuencia: un hombre recibió un disparo en la pierna. Paramédicos llegan, lo atienden y estabilizan la herida.

No hay centros médicos cercanos, ninguno que lo reciba, están saturados o fueron reconvertidos para Covid-19. Terminan por enviarlo a una clínica —al otro extremo de la ciudad— para lograr una radiografía, luego la instrucción es enviarlo a otro hospital con cirujano disponible: en Playas de Rosarito, en otro municipio.

Los socorristas esperan a recibir una instrucción del Centro Regulador de Urgencias Médicas (CRUM), un proyecto que nació durante la pandemia para canalizar a los pacientes de emergencia, con mayor agilidad y eficiencia, el problema, dice el coordinador de Cruz Roja Tijuana, Juan Carlos Méndez, es que a pesar del esfuerzo, simplemente no hay personal ni infraestructura suficiente.

Mientras el joven herido con la bala en el pie espera junto a los paramédicos, el reloj ya marcó al menos media hora, uno de los oficiales que escribe su parte de hechos le pregunta a una de las jóvenes de la ambulancia si sabe a dónde lo llevarán, pero nadie sabe; sin poder hacer mucho, esperan una instrucción al otro lado del auricular.

El policía interrumpe el silencio y lanza una sola frase: "A Rosarito, [Hospital General de Playas de Rosarito] a todos los están mandando pa'lla".

Diciembre ha sido el peor mes durante la pandemia, aún no termina y ya rompió el récord en llamados de urgencia relacionados con problemas respiratorios, además de aquellos que tienen que ver con incidentes de alto impacto. Sólo entre el 1 y 22 de diciembre se recibieron 654 llamadas a la central de la Cruz Roja en Tijuana por enfermedades respiratorias.

Con apenas 12 ambulancias en activo, a veces sólo 10, los paramédicos recorren la ciudad para recoger pacientes y trasladarlos a los hospitales, pero entre la crisis sanitaria, los centros también atienden una serie de urgencias en una de las ciudades más violentas del país: Tijuana, que hasta noviembre registró mil 839 asesinatos.

Juan Carlos Méndez explica que la hora en promedio para que se les asigne un hospital es de 44 minutos, pero hubo otros tiempos cuando alcanzaron prácticamente las dos horas y con los pacientes a bordo, sin que los reciban, y hasta tres horas y media. Pero el problema crece. Durante la segunda ola del virus, los hospitales se quedan sin camas y se quedan con las camillas de ambulancias.

El secretario de Salud en Baja California, Alonso Pérez, reconoció que desde los hospitales optaron por quedarse con las camillas de las ambulancias cuando les falta el equipo y por seguridad de los pacientes que deben permanecer acostados, como en el caso, dijo, de aquellos que presentan disnea.