Pere Aragonès: “Este proceso de negociación culminará finalmente con una Cataluña independiente reconocida por la Unión Europea y por el Estado español”

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Pere Aragonès
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MADRID.– Pere Aragonès i Garcia (Barcelona, 1982) es uno de los políticos más jóvenes e influyentes de España. En mayo pasado asumió su cargo como presidente de la próspera, y cosmopolita Comunidad Autónoma de Cataluña, un territorio donde su partido, el socialdemócrata Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), además de otras agrupaciones, buscan la independencia.

Abogado, especializado luego en Historia, amplió sus estudios en políticas públicas en la Universidad de Harvard. Su discurso es claro: es necesario un referéndum de autodeterminación basado en el modelo escocés, es decir, que sea reconocido por el gobierno central, y que se sancione una Ley de Amnistía para que los líderes independentistas que se encuentran fuera del país, como Carles Puidgemont, puedan regresar sin pena de cárcel.

Las palabras “diálogo” y “negociación” emergen en su discurso a menudo y confía: “No buscamos imponer la independencia, sino que sean los ciudadanos quienes decidan. Estoy convencido de que lo vamos a conseguir, que será una realidad, y que este proceso de negociación culminará finalmente con una Cataluña independiente reconocida por la Unión Europea y por el Estado español”. En su despacho en el Parlament, minutos después de haber culminado la sesión, conversa con LA NACION a través de una videollamada. Aragonès destaca los vínculos que existen entre la Argentina y Cataluña, señala a los catalanes que escaparon con la guerra civil y fueron acogidos como refugiados, así como los argentinos que se han radicado en los últimos años en la comunidad que preside.

En la Argentina hablamos de “grieta” para referirnos a una sociedad dividida. ¿Cómo es gobernar para una sociedad como la catalana donde también hay una división entre aquellos que quieren la independencia y quienes no?

–En la sociedad catalana lo que hay es una diversidad de posiciones políticas de la ciudadanía sobre la relación de Cataluña con España. La grieta que estamos sufriendo en Cataluña es la desigualdad social. En los últimos años, con la congelación de los salarios reales se ha ido incrementando esta grieta social. Esta es la grieta que realmente nos preocupa. Que haya posiciones diferentes en Cataluña en relación a cuál debe ser el nivel de soberanía en relación con España no es un problema, sino una muestra de una sociedad plural.

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Pere Aragonès (Gentileza/)

¿En qué se diferencia su plan de independencia con planes anteriores [como el que ejecutó Puigdemont en 2017]?

–Nuestro proyecto es claramente europeísta. Una Cataluña independiente tiene todo el sentido dentro de la Unión Europea, como país, como nación. En este marco europeo queremos desarrollar nuestro proyecto nacional. Queremos hacerlo de forma acordada con el Estado. Nuestro espejo es el de Escocia que pudo llevar a cabo un referéndum acordado con el gobierno británico. Si ha sido posible en Escocia en relación con el Reino Unido, también debe ser posible en Cataluña en relación con España. Hay instrumentos en la Constitución para que se pueda llevar a cabo un referéndum de esas características. Sabemos que no es una cuestión baladí, que pueda decidirse con un debate simple, sino que necesitamos una deliberación ciudadana y marcar una fecha a través de una negociación con el Estado para que sea la ciudadanía la que decida y respetaremos su decisión.

¿Quiénes podrían votar en este referéndum? ¿Los habitantes de Cataluña? ¿Los nacidos en Cataluña? ¿Los argentinos que residen en Cataluña podrían votar?

–Todos los ciudadanos de Cataluña, independientemente de su origen. Todos quienes, aunque no tengan la nacionalidad española al día de hoy, pero que residan en Cataluña, deberían poder votar. En el caso de los ciudadanos procedentes de Argentina, el acceso a la nacionalidad española es más fácil, pero también hay muchos con nacionalidad italiana que viven en Cataluña. También deberían poder votar los catalanes que viven en el exterior, pero que han tenido su última residencia en Cataluña.

Destaca los conceptos de “diálogo” y “negociación”, pero, ¿cuál es su plan específico? ¿Por qué considera que ahora sí es viable un diálogo y antes no?

–Hay un reconocimiento de las dos partes en los acuerdos que dan inicio a este proceso de negociación entre Cataluña y España. Y parten de tres premisas: la primera es que hay un conflicto político; la segunda es que se debe resolver políticamente y, finalmente la propuesta de resolución debe ser puesta a votación por la ciudadanía. El gobierno de España no ha hecho ninguna propuesta concreta de resolución del conflicto político, no proponen una reforma federal, ni un estatuto de autonomía. Quizá en el futuro lo proponga. Nuestra propuesta es que se haga un referéndum precedido de una ley de amnistía para acabar con la represión que provoca que tengamos decenas de personas en procedimientos judiciales que pueden acabar en prisión y que hasta junio pasado tuviéramos nueve presos políticos [indultados por el presidente Sánchez], y que haya todo un conjunto de personas en el exilio que están pendientes de una posible extradición. Este proceso de negociación no es fácil, ni se lograrán los objetivos de un día para el otro, pero creemos que es la vía que necesita la sociedad catalana y también la sociedad española madurar como sociedad.

¿Podría haber interlocutores externos a la política española? ¿Qué líderes políticos, partidos o gobiernos le han brindado respaldo a su propuesta?

–Percibimos interés por parte no solo de los partidos políticos en el ámbito europeo, sino también de los mismos estados miembro de la Unión Europea. Hoy no se traduce en una propuesta de mediación o de árbitro, pero sí advertimos que están siguiendo con mucho atención está inicio del proceso de negociación. Estamos satisfechos con el interés que se está generando para intentar devolver el conflicto político a la política, fuera de la vía judicial.

–¿Este cambio tiene que ver con el gobierno del PSOE y la presidencia de Pedro Sánchez?

–Durante el gobierno del Partido Popular se dejó esta cuestión en manos de los tribunales. Esto no ha cambiado, en algunos aspectos, con el gobierno del Partido Socialista. Buscar el referéndum no es ningún delito ni defender la independencia de Cataluña. Nuestras propuestas son legítimas, y, en una sociedad democrática, deben poder ser planteadas encima de la mesa estas cuestiones. Se debe abandonar la vía represiva que ha tomado el Estado. Creo que en algunos poderes del Estado aún no se ha hecho la transición democrática plena.

¿Por ejemplo?

–En especial en la cúpula judicial que está muy ancorada en posiciones ultraconservadoras.

La oposición del presidente Sánchez, en particular el Partido Popular, le endilga la cercanía del gobierno con los independentistas, pero pareciera ser que los líderes independentistas o sus representantes son muy críticos con el mandatario. ¿Cuál es hoy su vínculo con la Moncloa?

-Hemos sido muy exigentes en iniciar este proceso de negociación. Mi partido, ERC, facilitó que se pudiera desalojar a Mariano Rajoy del Partido Popular y del gobierno del Estado, que pudiera haber un cambio de gobierno, y después en las posteriores elecciones, que pudiera continuar este gobierno con un compromiso claro, que era el de poder avanzar en este proceso de negociación. Hemos iniciado una segunda ronda de negociación hace unas pocas semanas en Barcelona. En este conflicto ya polarizado entre la sociedad española y la sociedad catalana hay mucho dolor porque ha habido muchas personas que han estado en la cárcel o que tienen familiares que han estado en la cárcel o en el exilio. Es evidente que no es fácil empezar. Pero estoy convencido de que lo vamos a conseguir, que será una realidad, y que este proceso de negociación culminará finalmente con una Cataluña independiente que será reconocida por la Unión Europea y también por Estado español.

Hay tres partidos independentistas y siempre hubo diferencias entre sí, pero se habla de una crisis en este bloque. ¿Cuál es su análisis?

-Coincidimos en las dos medidas principales para resolver el conflicto: el referéndum y la amnistía y, en ese sentido, hay un acuerdo. En ERC hemos estado liderando las iniciativas en favor de una negociación política y hay otras fuerzas que son más escépticas. Pero puedo entender el escepticismo sobre todo viendo la trayectoria de los últimos años. Pero, a la vez, creo que no podemos desaprovechar ninguna ocasión de defender la independencia.

–¿Teme una escalada de violencia en la sociedad civil? Me refiero por ejemplo al enfrentamiento de esta semana en la Universidad Autónoma de Barcelona entre independentistas con el grupo S’ha Acabat [Jóvenes por la Defensa de la Constitución].

–No, de ninguna manera. Más allá de algunos episodios puntuales, que es más una polarización ideológica que otra cosa, la sociedad catalana es una sociedad que admite la diferencia. No se trata de dos comunidades enfrentadas en un mismo territorio. No ocurre que los que estamos a favor de la independencia solo nos relacionemos con los independentistas. En los entornos familiares, profesionales, con nuestros amigos, hay diversidad de opiniones.

–Un gobierno con otro color político, de derecha, como el Partido Popular en Moncloa, por ejemplo, ¿frustraría la negociación y la situación de los independentistas que se encuentran inmersos en procesos judiciales?

–La experiencia que tenemos hasta el momento es que el Partido Popular apostó claramente por una solución de carácter penal y represiva. Pese a los indultos, con el Partido Socialista aún falta mucho camino para revertir esta situación. Finalmente se necesitará valentía política para afrontarlo. Nosotros interpelamos no sólo a los partidos, sino a la sociedad española, Es decir, España no puede estar permanentemente con este conflicto abierto.

–¿Cómo explica el surgimiento de Vox, un partido de extrema derecha? Algunas voces acusan al independentismo de ser catalizador de estas expresiones radicales.

–Para mí es un argumento absolutamente falaz. Vox y la extrema derecha tienen un discurso en contra del independentismo catalán y también en contra del feminismo, en contra de los derechos LGTBI y en contra de la inmigración. Por lo tanto, decir que los independentistas somos los responsables de que Vox tenga estos resultados sería lo mismo que decir que el movimiento feminista es el responsable del auge de Vox.

–¿Ha tenido contacto con algún líder argentino?¿Cuál es el vínculo que existe entre Cataluña y la Argentina?

–Fui elegido presidente de Cataluña a fines de mayo, por lo tanto estamos aún desarrollando toda la nueva etapa de relaciones internacionales. Para nosotros, la presencia del gobierno de Cataluña en la Argentina es muy importante porque hay vínculos muy estrechos. Como anécdota, el alcalde republicano de mi pueblo, con quien uno de mis antepasados compartía gobierno, vivió en Buenos Aires. La Argentina fue destino de muchos catalanes que hace cien años, con el auge económico, intentaban hacer fortuna y participar del crecimiento del país. También la Argentina acogió muchos refugiados. Ahora el flujo migratorio se mueve a la inversa, desde el corralito a esta parte. Y, además, hay una vinculación muy estrecha no solo en lo histórico. Creo que el carácter argentino es un carácter muy compatible con el carácter catalán.

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