“Me estoy perdiendo la adolescencia”. ¿Cuáles son los límites para que los chicos disfruten sin riesgo en tiempos de Covid?

Federico Acosta Rainis
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Los padres deben hacer "malabares" para equilibrar los permisos que le dan a sus hijos con los cuidados preventivos
Javier Joaquín

En 2020, los planes de Flor para su último año del secundario se cancelaron: el viaje de egresados a Brasil, la fiesta, las salidas y la posibilidad de ejercer su rol de capitana, distinción que reciben en su colegio algunos estudiantes como referentes del resto. “Para ella fue una angustia horrible”, recuerda Mariana Volpi, su madre. Y cuenta que la familia fue muy cuidadosa con el coronavirus, por lo que durante la cuarentena le permitieron pocas salidas, para cuidarse y cuidar a los abuelos. Este verano, decidieron dejar que Flor viajara unos días a Pinamar junto a tres amigas. La familia se alojó cerca, pero las chicas tuvieron su propia casa: aunque no fueron a fiestas ni boliches, las cuatro se contagiaron de Covid-19 después de encontrarse con un compañero.

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“Cuando flexibilizamos un poco, uno de nosotros terminó contagiado y ese fue un aprendizaje”, reflexiona ahora Volpi, que es licenciada en Administración y docente y tiene otras dos hijas. Pero afirma, también, que no se arrepiente de esa decisión: “Sabíamos que eso podía pasar, pero pusimos en la balanza también la estabilidad emocional de ella, que el año pasado había perdido tantas cosas”. Afortunadamente, dice, Flor se recuperó de la enfermedad sin mayores problemas: “La sacamos barata”.

El caso de los 44 estudiantes contagiados de Covid-19 que el último sábado volvieron de su viaje de egresados en México puso otra vez en foco el dilema que enfrentan las familias con hijos adolescentes. En una etapa en la que los chicos empiezan a explorar el mundo y el contacto con sus pares es tanto una demanda como una necesidad, ¿cuáles son los límites para que disfruten sin riesgo? Madres y padres reconocen que, después de un largo año de pandemia y escuelas cerradas, en el que se frustraron planes, cumpleaños y viajes varios, hoy son mucho más flexibles con los permisos.

La verdad es que uno se vuelve más permisivo. Porque los adultos nos estamos juntando más, y también porque los chicos están en plena adolescencia y con la pandemia se hizo muy difícil”, dice Valeria Gandoy, que es la madre de Julia, de 15 años, y de Ramiro, de 12. Ella cuenta que, por estos días, hace “malabares” para combinar los cuidados frente al Covid-19 con los pedidos de sus hijos de participar en salidas y reuniones con amigos. El “no” del año pasado ahora es menos estricto, explica esta visitadora médica oriunda de Villa Pueyrredón: “Tratamos de predicar con el ejemplo, pero también de soltar un poco para que tengan esa libertad y esa vida que merecen con la edad que tienen”.

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Alternativas

Los especialistas plantean que lo importante es encontrar un espacio conjunto de reflexión respecto de los cuidados y riesgos del virus, en el que los límites sean claramente definidos por los padres, pero en el que los chicos también puedan compartir sus preocupaciones y necesidades. Los límites son fundamentales, pero la prohibición por la prohibición misma no funciona, afirman.

Para Lucas Topssian, psicólogo clínico y forense especializado en adolescentes, a la hora de establecer reglas hay que “invitarlos a la reflexión” porque “aunque saben que el riesgo existe, tienden a renegar de las consecuencias y de las normas”. Así, señala, no se puede sostener una situación indefinidamente apelando al miedo o a las restricciones y lo mejor es proponer alternativas que los hagan partícipes: “Tratar de implicar a los chicos en responsabilidades, porque si les buscás algo útil para hacer en general se enganchan, les gusta mucho ser héroes”.

En este sentido, Topssian critica que las políticas sanitarias estatales implementadas en la pandemia no tomaran en cuenta a los adolescentes: “No se les ofreció nada. Todos estaban preocupados por el grupo de riesgo y los dejaron de lado, a su libre albedrío. No existían. Y la salud no es solamente la ausencia de enfermedad, sino un estado de perfecto bienestar físico, mental y social”. Finalmente, el especialista apunta que es mucho más difícil lograr que los chicos sigan las normas si los adultos no “pregonan con el ejemplo”.

Un año complicado

“Mis hijos estuvieron seis meses sin salir, nos cuidamos un montón. Pero en un momento te quedás sin recursos, porque el adolescente quiere divertirse y compartir con sus pares”, dice Gandoy. En octubre, su hija cumplió los 15 años en plena cuarentena y aislada, porque tanto ella como su marido se habían contagiado de coronavirus. Se suspendió la fiesta y la reprogramaron para este año, aunque todavía no saben si finalmente van a poder realizarla.

“Todos dicen que la adolescencia es la mejor etapa de tu vida, pero la verdad que no tengo ni idea -lamenta Julia-. A los 14 me encerraron, cumplí mis 15 aislada y este año cumplo 16. No sé si es la mejor etapa, pero siento que me la estoy perdiendo y es feo”. En el último tiempo, con el regreso parcial a la escuela y a los entrenamientos, disfruta de un poco más de libertad.

“Es difícil sostener el no: alguna zanahoria tenés que tirarles para que no se caigan”, aporta Gandoy con algo de humor. Por eso deja que Julia salga con sus compañeras y sus amigas de handball, aunque sabe que en esas reuniones tal vez no se guarden los cuidados a fondo. En cambio, dice que no si la salida involucra “alejarse demasiado del círculo de sus amigos cercanos”, a cuyos padres conoce. Y cuando la familia estuvo de vacaciones en la costa, en el verano, no permitió que Julia fuera a ninguna de las fiestas clandestinas a las que la invitaron.

La psicóloga Marisa Russomando, especialista en crianza y familia, considera que ese es un punto clave: “Podemos flexibilizar que se encuentren con amigos en espacios abiertos, a compartir alguna actividad o evento. Pero como padres, no podemos avalar las fiestas clandestinas, ni nada que esté por fuera de la ley”.

A pesar de la pandemia, explica Russomando, “seguimos criando, y en la crianza es fundamental el lugar de los padres, no solo por el amor y la contención que brindamos, sino también porque establecemos y sostenemos los límites. No podemos movernos de esa coordenada, porque si no dejamos a los chicos muy solos, sin saber cuáles son las reglas del juego”.