Perder la movilidad y la fuerza en extremidades, otra secuela de la COVID

Samedi Aguirre
·12  min de lectura
Perder la movilidad y la fuerza en extremidades, otra secuela del COVID
Perder la movilidad y la fuerza en extremidades, otra secuela del COVID

Juan no creía en el COVID-19. Para él, la pandemia se trataba de “un invento del gobierno”. Por eso, cuando falleció su suegra a mediados del 2020, no dudó en realizar los rosarios correspondientes sin tomar en cuenta ninguna medida sanitaria.

“En los rosarios había un cliente que estaba infectado de COVID-19, yo tenía contacto con su hija y con su esposa. Yo no creía y ellos tampoco, los saludaba, les daba su abrazo y no teníamos ninguna precaución, ni cubrebocas, ni gel, ni nada”, narra.

A los pocos días el cliente de Juan falleció por COVID-19, y él comenzó a tener los mismos síntomas: “Primero sentí como tierra, infección en los ojos, luego empecé con carraspera en la garganta y tos, después empezaron las temperaturas, lo más complicado son las temperaturas”, recuerda.

Juan G. es mecánico y tiene 53 años. Vive junto a su esposa y sus tres hijos en Chimalhuacán, Estado de México. Pasó 3 semanas en su casa lidiando con la fiebre alta que le provocaba temblores, y con la ansiedad que no lo dejaba dormir por las noches.

Pero lo que en ese entonces no sabía es que el COVID le dejaría como secuela la pérdida de la fuerza en el brazo derecho, ahora atraviesa por lo que parece será una larga rehabilitación.

Las secuelas físicas

Hace algunos años Juan perdió el 40% de movilidad en su brazo derecho por una lesión mal atendida luego de un choque automovilístico. Pero ahora, los especialistas en rehabilitación del CRIT en Chimalhuacán, le dijeron que ya sólo le queda el 20% de fuerza.

“Desgraciadamente sí me dejó una secuela porque perdí la fuerza de mi brazo derecho. Me dijeron que era secuela del COVID”, dice Juan.

Antonio Cañete Avellaneda, académico de la Licenciatura de Fisioterapia de la Facultad de Medicina de la UNAM explica que aunque las vías respiratorias son las más afectadas por la COVID-19, “los músculos necesitan oxígeno para que tenga energía y se pueda contraer, si falta oxígeno pierde fuerza, se acorta, la circulación se ve afectada, entonces digamos que se modifican pero no directamente por el virus, sino indirectamente”.

De acuerdo con el especialista el COVID “también puede dañar el sistema nervioso que interviene en nuestras funciones musculares y todo nuestro cuerpo depende de nuestro sistema nervioso”.

Pero el caso de Juan no es el único y la fisioterapeuta Luz Selene De Isolbi Ramírez, ha sido testigo de ello. La primer paciente post covid que recuerda llegó a su clínica con dolor de espalda, sensación de ahogo durante la noche y cambio de voz, además de inflamación en diversas articulaciones. Tuvo COVID en marzo, le dijeron que su dolor era normal por la enfermedad y que tuviera paciencia, pero dos meses después ella seguía sufriendo, por lo que buscó ayuda.

“Empezamos a trabajar con ella en mayo pero poco a poco empezamos a ver más casos de pacientes con dolor articular después del COVID”, recuerda De Isolbi Ramírez, quien narra que en los últimos meses ha visto a pacientes que después del COVID-19 sufrieron cambios neurológicos, cambios sensitivos como calambres o sensación de adormecimiento en las extremidades.

Sin embargo, De Isolbi Ramírez se dio cuenta que la información disponible se centraba en la prevención y el transcurso de la enfermedad, pero las familias y los pacientes post-COVID tienen muchas dudas sobre por qué y cuándo deben recibir rehabilitación física.

Por eso hace poco, ella y su equipo decidieron abrir en Facebook un grupo de asesoría gratuita que se llama Rehabilitación Post Covid. Aunque puede atender a algunos de ellos en su clínica de Querétaro, también busca a otros colegas que puedan dar seguimiento a las secuelas neurológicas o cardiológicas.

“No solamente necesitan rehabilitación pulmonar, es un proceso inflamatorio que puede afectar el sistema circulatorio o el neurológico, lo que hace tan particular cómo se vive la enfermedad en cada persona”, señala.

La Hospitalización también agrava el problema

Aunque para De Isolbi Ramírez todos los pacientes son importantes, otro caso emblemático que le tocó atender fue el de un hombre que tuvo que ser hospitalizado 5 semanas y fue intubado.

“El paciente fue dado de alta en diciembre y tiene problemas de sueño. Por el tiempo que estuvo sin movimiento la cadera se fue pegando en la articulación y ahorita él no tiene una deambulación correcta. Se le generaron úlceras por presión porque estuvo acostado casi todo el tiempo boca abajo para mejorar su respiración, tiene trastornos respiratorios, pero sus complicaciones más grandes son musculares”, explica.

La doctora Ana Laura Guadarrama, directora de la Clínica Multidisciplinaria de Salud de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM) dice que una vez que los pacientes han superado la fase aguda de la enfermedad y se encuentran en este periodo de convalecencia se pueden esperar cierto número de secuelas.

“Básicamente uno pensaría que estas secuelas pueden ser generadas por repercusiones inherentes a la infección por SARS-CoV-2. Pero estas secuelas también pueden ser derivadas de una permanencia prolongada en áreas hospitalarias críticas como es una unidad de cuidados intensivos”, señala.

De hecho, todavía no se sabe exactamente cuáles, cuántas y de qué magnitud son las secuelas del COVID-19, pero algunos científicos ya lo están documentando. Por ejemplo, investigadores chinos siguieron la historia clínica de mil 733 pacientes con COVID-19 que fueron dados de alta del Hospital Jin Yin-tan en Wuhan, China.

Encontraron que “a los 6 meses de la infección aguda, los supervivientes de COVID-19 presentaban principalmente fatiga o debilidad muscular, dificultades para dormir y ansiedad o depresión. Los pacientes que estuvieron más gravemente enfermos durante su estancia hospitalaria tenían capacidades de difusión pulmonar más gravemente deterioradas y manifestaciones anormales de imágenes de tórax”, según sustentan en una investigación que se publicó el 8 de enero del 2021 en The Lancet.

“Hay que recordar que sumado a la gravedad de esta infección pues vamos a tener pacientes que han estado inmovilizados por periodos prolongados entonces pueden presentar algo que denominamos sarcopenia que es una pérdida importante de la masa muscular, pero también puede tener otros datos de menor gravedad como una contractura muy importante dentro del aparato musculoesquelético, dolor en las articulaciones e incluso dolor periférico asociado a ciertos tipos de alteraciones de los nervios”, explica la directora de la Clínica Multidisciplinaria de Salud de la UAEM.

Advierte que además se pueden presentar episodios muy importantes de fatiga. Además, hay quienes sufren efectos secundarios por el uso prolongado de medicamentos, e incluso hay quienes presentan dificultades para el control metabólico.

De acuerdo con los Centros para el Control de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) las complicaciones más graves después del COVID-19 “parecen ser menos comunes, pero se han informado”. Estas complicaciones incluyen: inflamación del miocardio, disfunción ventricular, anomalías de la función pulmonar, lesión renal aguda, erupciones en la piel, alopecia, disfunción olfativa y gustativa, desregulación del sueño, cognición alterada, deterioro de la memoria, depresión, ansiedad y cambios de humor.

¿Cómo es y porque se necesita la rehabilitación en fisioterapia?

“La mayor secuela que está quedando es el no respirar correctamente”, dice Cañete Avellaneda. Por ello, el especialista reconoce que es muy importante que las personas hagan conciencia de que quienes se recuperan de este virus deben de tener una asesoría y una evaluación personalizada por profesionales de la salud.

“Es muy importante en que las personas que sobrepasaron al COVID y quedaron con alguna secuela como que se cansen al subir una escalera o caminar una distancia corta consulten a un fisioterapeuta, pero también hay otras secuelas que para tratarse requieren de otros profesionales de la salud como cardiólogos y neurólogos”

Cañete Avellaneda recomienda que la rutina de ejercicio que un profesional de la salud recomiende a un paciente post-COVID debe hacerse en lugar abierto, con buena ventilación, sin objetos peligrosos cerca y sin riesgo de caída.

Además, el especialista recalca que durante la actividad física es muy importante monitorear los niveles de oxígeno y presión arterial. En este sentido, Cañete Avellaneda señala que la frecuencia cardiaca va en relación a la edad de cada paciente, por lo que insiste en que debe ser una rutina personalizada para que el paciente no haga un sobreesfuerzo y realmente reciba beneficios de la actividad.

De Isolbi Ramírez coincide, y explica que el no poder hacer las actividades cotidianas sin manifestar cansancio o pequeños detalles como dolores persistentes son una señal de que posiblemente se requiera rehabilitación. “No están locos, todos los síntomas tienen un trasfondo y hay que llegar a ese trasfondo para que puedan mejorar y tener una calidad de vida óptima”, dice De Isolbi Ramírez.

La doctora Laura Guadarrama señala que “no podemos generalizar, porque efectivamente tenemos diferentes estadios de esta enfermedad y algunos pacientes a lo mejor no tienen una sintomatología severa y no les podríamos dar las mismas recomendaciones que alguien que va superando una terapia intensiva”.

De hecho, en la Clínica Multidisciplinaria de Salud de la UAEM que dirige la doctora Guadarrama, comenzaron un programa gratuito de “Tele-rehabilitación Post-COVID” al cual te puedes inscribir en esta liga.

Este es un servicio en línea, gratuito y personalizado. El tiempo de la rehabilitación, la frecuencia y el tipo de ejercicios es diferente en cada caso.

“Se necesita una valoración inicial, evidentemente hay que evaluar el contexto por ejemplo qué estadio químico tuvo la enfermedad, si actualmente tengo pérdida del apetito, disminución de la capacidad, algún tipo de dolor o persistencia. También hay que evaluar el contexto familiar, tengo alguien que me apoye con la rehabilitación o si tengo que incorporarme pronto al trabajo”; explica Guadarrama .

La evaluación de cada paciente es personalizada porque incluso, la especialista advierte que hay ciertos síntomas asociados con un estado de ánimo. “A lo mejor físicamente puedo estar bien pero puedo tener ansiedad o algún trastorno del sueño y entonces con base en este análisis inicial los terapeutas realizan dos cosas primordialmente: Una recomendación para fisioterapia respiratoria, y una recomendación para la rehabilitación física oportuna”.

La importancia de la salud mental en la recuperación

La salud mental tiene un papel fundamental en esta enfermedad. De acuerdo con Cañete Avellaneda “si no estás oxigenando bien no te mueves, te produce debilidad, pierdes fuerza, te sientes cansado, sin ánimo, empieza también la parte emocional. La parte emocional afecta la motivación y el paciente se desmotiva porque antes de la enfermedad sí podía hacer algunas cosas”.

Desde julio del año pasado, investigadores italianos advirtieron, en un estudio disponible en la plataforma Elsevier, que los supervivientes de COVID-19 presentaron una alta prevalencia de secuelas psiquiátricas. En su autoevaluación 28% de los pacientes que participaron en este estudio registraron padecer trastorno de estrés postraumático, 31% depresión, 42% ansiedad, 20% síntomas del trastorno Obsesivo Compulsivo y 40% insomnio.

Para llegar a esta conclusión los italianos realizaron pruebas de detección de síntomas psiquiátricos en 402 adultos que sobrevivieron al COVID-19. “Las consecuencias psiquiátricas de la infección por SARS-CoV-2 pueden ser causadas tanto por la respuesta inmune al virus mismo como por factores de estrés psicológico como el aislamiento social, el impacto psicológico de una nueva enfermedad grave y potencialmente mortal, la preocupación por infectar a otros y el estigma”, señalaron.

La doctora Janette Sosa, Académica de la Facultad de Psicología de la UNAM, explica que en la salud mental de los pacientes con COVID-19 intervienen distintos factores, entre ellos la angustia ante la enfermedad.

“Hay una expectativa de los malestares tanto emocionales que pueden implicar ante un aislamiento, el estar aislado nos va generando mucha angustia”, señala.

“Desafortunadamente también hay una idea de muerte que está muy atravesada con el COVID que tiene que ver con la incertidumbre de cuáles pueden ser las secuelas, cómo puede ser el transitar por esta enfermedad”, agrega.

Durante su enfermedad Juan también padeció esto: “Te da una ansiedad que realmente no sabes ni qué hacer. Llegas a un momento en la noche en el que no duermes. No me sentía mal físicamente en ese momento, pero no conciliaba el sueño, entonces caminaba de un lado a otro para escapar de la ansiedad”.

La doctora Janette Sosa explica que las secuelas físicas importantes que impiden a las personas retomar sus actividades después de la COVID-19, “implica una desesperación que te puede llevar a la desesperanza”; pero esto también depende de cada persona.

“Se vive incluso un duelo, de lo que está pasando de las posibilidades que tenían antes de la enfermedad y pueden aparecer síntomas de depresión como la desesperanza, la angustia, incluso de estas cuestiones de que ya no se va recuperar, que ya no van a poder realizar las mismas actividades y esta desesperanza lleva al casación si no ven resultados que ellos están esperando y los puede impulsar a dejar las otras terapias que son necesarias” refiere.

Por ello, la especialista dice que es importante informar sobre el proceso que implica la recuperación para cada persona, que puede ser lento, que va a necesitar constancia, y que por la situación quizá sea un poco difícil.

Ante todo esto, la doctora Janette Sosa dice que una persona debe buscar ayuda de un profesional en la salud mental “cuando la angustia que surge por el padecimiento o las secuelas ya es algo que está afectando su funcionamiento de vida, que son pensamientos recurrentes o que están perdiendo el ánimo o la motivación a hacer actividades que en otro momento les generaban bienestar o los hacían disfrutar”.

De hecho, la especialista enfatiza que la familia o quienes acompañan a los pacientes de COVID también se ven afectados, “puede estar incluso cansada del cuidado que haya tenido con el familiar, puede estar afectada por la angustia de que se puede contagiar o por la situación en general”. Aquí también la atención debe ser personalizada pues cada persona manifiesta malestares distintos.

“La salud mental es parte de la atención integral de una persona que debería de tener en la búsqueda de su propio bienestar y que el poder tener una atención en este momento ayudaría a sobrellevar lo angustiante que es lo que está sucediendo”, dice la doctora Sosa quien recalca que “no es que una persona este mal por sentirse así, sino que nos está afectando a la mayoría de la población. y podemos activar estas redes de apoyo entre nosotros”.

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