Perú busca cuidar pequeños peces de impacto global

Más destacado

EL CALLAO, Perú (AP) — Bajo el cielo gris del Pacífico, en la zona más rica del planeta para la pesca, Taurino Querevalú retorna con las redes vacías tras nueve horas de inútil búsqueda de la anchoveta, el pez más codiciado y cazado del mundo.

Hace poco más de una década, el barco de madera de Querevalú, de unas ocho toneladas, casi nunca regresaba con la bodega vacía cuando volvía al puerto limeño del Callao, en la costa central de Perú. Pero este mediodía este pescador y sus tres navegantes regresaron en silencio, como si volvieran de un funeral, con las nubes a baja altura y el mar reflejando su sombra gris.

"Antes encontrabas cardúmenes inmensos y buscabas el más pequeño", dice Querevalú, de 48 años, sobre la cubierta de su nave. "Ahora hay que buscarlos por horas".

La frustración de Querevalú y la escasez de la anchoveta es el resultado de una demanda voraz a nivel global de su proteína, rica en harina de pescado y aceite. La desaforada pesca fue alimentada, según el gobierno peruano y científicos consultados, por una endeble legislación y aplicación de la ley que permite que se sub-reporte la cantidad de peces capturados y se evadan los topes máximos de pesca y las multas por hacerlo.

La sobrepesca no sólo ha puesto en peligro la seguridad alimentaria de una nación que durante mucho tiempo ha comido marisco barato y abundante. Casi toda la anchoveta capturada se convierte en harina y aceite de pescado y su creciente demanda mundial deja a los peruanos pobres sin pescado en sus mesas.

La anchoveta pulula en las corrientes frías como la de Humboldt, saturada de plancton a lo largo de las costas de Perú y Chile. Representa alrededor de un tercio de la industria de harina de pescado del mundo que alimenta no sólo a los mariscos de cultivo sino al ganado desde Beijing hasta Gran Bretaña.

El principal mercado del pez es China, donde su harina y aceite, además de alimentar a los cultivos de peces, también se usa para engordar puercos y aves de corral.

La población de anchovetas se ha reducido a la mitad en una década y también ha afectado la cadena alimentaria marina pues la población de al menos seis especies de grandes peces silvestres y animales marinos, que se alimentan de él, también ha languidecido.

A fines de 2012, el gobierno adoptó medidas sin precedentes para proteger a esos pequeños peces plateados que han convertido a Perú en el primer exportador mundial de harina. Las normas restringen las capturas legales y reducen la cuota en un 68%. También se esperar contratar a más inspectores, mejorar la vigilancia e imponer multas más altas.

También se prohibió que las naves pequeñas y medianas vendan anchovetas a las fábricas de harina de pescado para ayudar a poner más peces en las mesas de los peruanos, con especial énfasis en varias zonas de los Andes donde los índices de desnutrición son parecidos a los peores del mundo.

"Este recurso no es solo para el enriquecimiento de unos pocos", dijo Paul Phumpiu, doctor en economía de la Universidad de Minnesota, y viceministro de Pesquería. "Es para el beneficio de todos los peruanos. Es una paradoja tener un recurso tan rico, que alimenta a otras partes del planeta, pero apenas alcanza a los peruanos".

"Se trata del pez más explotado de la historia", de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura.

Pero hay dudas de que el gobierno pueda construir una regulación adecuada para frenar a una industria que, sus críticos dicen, siempre ha mentido sobre la cantidad de anchovetas que pescan y esquiva con frecuencia las multas.

La anchoveta, agrupada en gigantescos cardúmenes, está clasificada como "pez forrajero" por los autores de un reporte mundial llamado "Pequeños peces, gran impacto", que resalta su gran importancia para la salud de los océanos del mundo.

Su pesca representa más de un tercio, o 31,5 millones de toneladas de la captura pesquera a nivel global. Nueve de cada diez toneladas terminan en harina o aceite de pescado, desviado hacia la "agricultura carnívora", que es como llama al proceso el experto mundial en pesquería, Daniel Pauly.

En noviembre, Pauly y otro investigador de la Universidad British Columbia, Villy Christensen, presentaron a las autoridades peruanas una investigación que muestra que las capturas de pescado para la mesa, junto con la anchoveta de la que se alimentan, valen el doble para su economía que la industria de la harina de pescado.

"La pesca puede hacer ganar a Perú mucho más de lo que la gente piensa", dice Pauly. "La anchoveta no, debido a que ésta da cuenta de su valor añadido cuando alimenta pollos, cerdos y salmones fuera de Perú".

En octubre, el gobierno redujo la cuota de pesca de la flota comercial hasta 810.000 toneladas, la más baja de este siglo, para la temporada de tres meses que culminó la semana pasada. En febrero se evaluará el impacto de la pesca en la población de anchovetas y se determinará la siguiente cuota.

Para entonces, dice el viceministro Phumpiu, el gobierno habrá aumentado sus inspectores de 60 a 260 a lo largo de la línea costera de 3.000 kilómetros así como la vigilancia reglamentaria y las multas.

Expertos consultados por The Associated Press dicen que unas 400.000 toneladas del preciado pez no es reportada al año. "Esa es toda la captura (anual) de España o de Italia", dice Juan Sueiro, experto de la Universidad Cayetano Heredia. Su valor es de unos 200 millones de dólares.

Patricia Majluf, la más reconocida bióloga marina peruana, no piensa que la pesquería esté a punto de colapsar, como ocurrió con el bacalao del Atlántico y la sardina en el Hemisferio Norte, pero dice que muchas anchovetas inmaduras están siendo capturadas y que deberían prohibir la pesca por un año.

En los últimos dos años, por cada red con anchovetas que los barcos de flotas comerciales pescan, se devuelven dos al océano porque están llenas de juveniles y su captura es ilegal. En el proceso de descarte, los juveniles mueren.

"No creo que todos los barcos, todos los días, hagan esto. Esto se hace en días en que hay muchos juveniles", dice Majluf. "Lógicamente, a ellos deberían cancelarle el permiso de pesca".

El presidente de la Sociedad Nacional de Pesquería, que representa a más de tres cuartos de la flota comercial, dijo que las afirmaciones de Majluf. "No tienen base en la realidad".

"Si hay descarte, los niveles son mucho menores", dijo Inurritegui.

Él rechaza afirmaciones de que la sobrepesca esté agotando las reservas de anchoveta, culpando en cambio a factores climáticos. La SNP también se opone a las estimaciones del gobierno sobre la biomasa.

El viceministro Phumpiu dijo el lunes, al presentar los resultados de la última temporada de pesca, que varias flotas comerciales continuaron pescando anchovetas inmaduras. "Hubo gran reincidencia, no tienen conciencia social", dijo al informar que se multó a los infractores con casi tres millones de dólares tras decomisar más de 18.000 toneladas del pescado.

En 2008, Perú asignó topes de pesca de anchoveta a todos los barcos de su flota comercial, que capturan un 94% del pez. Pero dejaron exentos de cuota a todos los barcos menores a 32.6 toneladas. Sin vigilancia, estos barcos aumentaron.

"Acá todo el mundo se mete a la pesca, los granjeros venden su ganado y se meten a la pesca, los ingenieros, los doctores, tienen su profesión pero aparte de ganar como profesionales compran sus embarcaciones y se meten a la pesca", dice Juan Ponce, administrador de un muelle artesanal en la ciudad de Pisco, a cuatro horas en bus al sur de Lima.

El pescado fresco es cada vez más escaso y su precio se ha elevado cuatro veces más que el resto de alimentos desde 2009 en Perú.

"La gente está comiendo más pollo que pescado porque el pollo es más barato", dice Pedro Díaz, con un fajo de billetes que engrosa su mano por la venta de merluza que trae desde el norte del país hasta el mercado mayorista de pescado de Villa María del Triunfo en Lima.

Los enormes pasillos del mercado ofrecen una escasa variedad de pescados para una nación marítima. Hay algunos lenguados caros a 10 dólares la libra, también un montón de pequeños peces entre ellos el jurel congelado, importado de Nueva Zelanda. Más allá está la pota, la segunda especie capturada en Perú, muy popular en Asia. Pero ésta es un molusco.

La anchoveta no ha estado disponible en los mercados por años. Las fábricas que producen harina de pescado pagan casi el doble por ella a los mayoristas y así se desabastece el consumo humano mientras que las actuales leyes subsidian las exportaciones con devoluciones de impuestos.

"Si tú fueses a exportar el jurel a Ghana o a Japón, recibes 5% (de subsidio), pero si la mandas a Huancavelica o Puno no recibes ese incentivo", dice Carlos Paredes, autor de un importante estudio económico sobre pesca en Perú. En Huancavelica el 55% de los niños padecen de desnutrición crónica.

Establecer y obligar cumplir las cuotas máximas de pesca puede ser complicado en Perú.

La bióloga Majluf lo aprendió con dureza en 2012 y por diferencias con su jefe sobre el tema renunció al cargo que ahora dirige Phumpiu.

"Si tú no haces lo que los pescadores quieren, ellos bloquean las carreteras y se ponen violentos", dijo Majluf. Así sucedió después de que el gobierno fijó una cuota de merluza en la zona norteña de Paita que los pescadores consideraron muy baja. Dos manifestantes fueron asesinados a balazos en choques con la policía cuando los protestantes intentaron saquear la comisaría tras bloquear la principal carretera.

Con la esperanza de evitar similares protestas en la pesquería de anchoveta, el gobierno prohibió la pesca de la flota comercial en las primeras 10 millas desde el litoral. Antes la había excluido de las primeras cinco millas. Luego creó una nueva clase de flota pesquera —botes de menor escala entre 10 y 32.6 toneladas— y les dio exclusividad para pescar en un corredor ubicado entre la quinta y décima milla.

Estos podrían verse obligados a vender su pesca exclusivamente al consumo humano. Lo mismo podría aplicarse a la flota artesanal menor a 10 toneladas que tiene derechos exclusivos en las primeras cinco millas, donde ocurre el 66% del desove de la anchoveta.

A ambas flotas se les prohibió vender la anchoveta para harina de pescado. Ninguna está cumpliendo y ninguna tiene un tope de pesca que respetar.

En diciembre, un programa televisivo de Lima mostró cómo pescadores artesanales llenaban recipientes de plástico de media tonelada con anchovetas para ser procesadas como harina en una planta de procesamiento de la capital.

Querevalú, el pescador de El Callao, no dijo a quién vendía su pesca.

En una reciente mañana de enero, en el muelle artesanal de San Andrés en Pisco, trabajadores removieron seis toneladas desde la bodega de una celeste embarcación de madera llamada "El tío", mientras pelícanos y piqueros recogían los restos. El aceitoso pez fue cargado en contenedores en un viejo camión que se desplazó por las polvorientas calles de Pisco antes de desaparecer entre unas extensas plantaciones de maíz y eucalipto donde funciona una ilegal fábrica de harina de pescado, una de las 15 que, según el experto Sueiro, operan a lo largo de la costa peruana.

Ponce, el administrador del muelle, dice que decenas de los casi 300 botes en San Andrés venden anchoveta ilegalmente, especialmente en esos lentos días del verano del Hemisferio Sur cuando la gente no está pescando demasiado.

"La anchoveta es el único recurso disponible todo el año", dice Ponce. "Si no nos detenemos, nos vamos a quedar sin peces".

___

Franklin Briceño on Twitter: https://twitter.com/franklinbriceno

Frank Bajak on Twitter: https://twitter.com/fbajak

Cargando...

 

YAHOO NOTICIAS EN FACEBOOK