Como Perú, Ecuador y Colombia refuerzan sus fronteras para frenar a los migrantes ilegales

Daniel Lozano
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CARACAS.- Crecen los obstáculos al paso de los emigrantes venezolanos que huyen de un país en ruinas. Ecuador y Colombia han reforzado sus fronteras tras la militarización ordenada por el gobierno de Lima el martes pasado. Todos los límites terrestres están cerrados por la pandemia, pero tanto caminantes como viajeros atraviesan de país a país a través de las trochas, los peligrosos pasos clandestinos controlados por guerrillas, mafias o militares sin escrúpulos.

La primera sorpresa se la llevó Migración Colombia, que detectó cómo los caminantes venezolanos pretendían cruzar al país cafetero desde El Amparo venezolano a través del río Arauca. Desde el lado venezolano se denunció incluso que una de las unidades de la Armada colombiana embistió contra una barca y la hundió. Varias embarcaciones competían por acceder al otro lado, con maniobras muy peligrosas por ambos lados.

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En paralelo, las autoridades ordenaron el cierre de la terminal de viajeros de Arauca. En el despliegue operativo conjunto entre Ejército y Policía encontraron a más de 4000 emigrantes dispuestos a seguir su camino. "Gracias a estos operativos hemos iniciado actuaciones administrativas contra las empresas de transporte que están llevando migrantes irregulares. También se produjo la captura de un ciudadano venezolano por tráfico de migrantes, que según las versiones de las víctimas cobraba hasta cinco millones de pesos [1400 dólares] por llevarlos hasta Perú", desveló Juan Espinosa, director de Migración Colombia.

Buena parte de los caminantes que huyen cada día de Venezuela se han desplazado hasta Arauca porque en Táchira, su salida natural, el gobierno bolivariano ha prohibido el transporte terrestre. Justo antes de la entrada a este estado fronterizo, los militares de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) extorsionan a los que pretenden seguir a pie hasta el límite con Colombia.

El desabastecimiento crónico de combustible y los precios casi inalcanzables de los omnibuses los obliga a caminar desde sus ciudades de origen. Un pasaje entre distintos puntos del país con las mayores reservas de petróleo del planeta hasta Lima, costaba hasta hace unos días entre 300 y 400 dólares, lo que supone en torno a 500 meses de salario mínimo.

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Como las desgracias no vienen solas, un camión militar que trasladaba el miércoles a 30 caminantes venezolanos hacia la frontera con Colombia se estrelló muy cerca de ella. Diez de los viajeros murieron y otros 20 resultaron heridos. Los emigrantes utilizan estos vehículos para avanzar en su recorrido, habitualmente a cambio de dinero.

Las autoridades colombianas también han reforzado su frontera con Ecuador, siguiente punto en la odisea de los venezolanos. Migración pidió ayuda a los militares mientras el gobierno de Quito ya desplegaba su propio operativo en su frontera de Ipiales y Tulcán.

"Estamos ahí controlando, por eso se ha reducido el flujo migratorio", aseguró el comandante Paulo Merino. El Ministerio de Defensa ha ordenado el despliegue de 20 vehículos tácticos Hammer así como el refuerzo de los destacamentos militares de la zona.

"También volverán a funcionar los puestos de vigilancia", adelantó el ministro de Defensa, Oswaldo Jarrín, al frente por parte ecuatoriana de la coordinación entre los tres países.

El despliegue peruano del martes atrajo los ojos del mundo. Medio centenar de tanques y vehículos blindados y más de 1200 soldados intentan frenar la nueva oleada y taponar las 30 trochas. Un nutrido grupo de venezolanos persistía ayer en pasar la frontera de Tumbes para seguir su camino a Lima y otras ciudades.

Ecuador y Perú atraviesan circunstancias parecidas: recrudecimiento de la pandemia (10 regiones de Perú entran este domingo en cuarentena total) y la cercanía de las elecciones que marcará el futuro próximo de ambas naciones. En Ecuador la primera vuelta electoral está prevista para el 7 de febrero y en Perú, para el 11 de abril. En el país inca ha cobrado auge el lema "mano dura" y no sólo en boca de la populista Keiko Fujimori, sino también por otros candidatos.

En paralelo, y a través de canales diplomáticos, la presidencia encargada de Juan Guaidó ha contactado con los gobiernos de los tres países, aliados todos ellos de la causa democrática venezolana y miembros del Grupo de Lima. Ninguno de los tres mantiene relaciones diplomáticas con el chavismo.

Entre los tres países suman buena parte de la diáspora venezolana: más de 1.700.000 en Colombia, de los que más de 900.000 están en situación irregular; un millón en Perú y 400.000 en Ecuador. Naciones Unidas estima que más de 5 millones de venezolanos han abandonado su país, pero el Laboratorio Internacional de Migraciones eleva esa cifra por encima de los seis millones. La Organización de Estados Americanos (OEA) prevé que de continuar la voraz crisis en su país, al final del año más de siete millones de venezolanos vivirán en otros lugares.

Y en el horizonte próximo no se atisba ningún acontecimiento político o económico que vaya a cambiar esta deriva. Incluso Nicolás Maduro y otros jerarcas de la revolución niegan que la diáspora sea un hecho. El "presidente pueblo" aseguró la semana pasada que sólo son 600.000 los venezolanos que han huido de su país, "engañados por las redes sociales". Muchos de ellos, añadió Maduro, "al llegar a esos países se dieron cuenta de que la realidad es otra. Son países neoliberales, neoesclavistas".