Las anécdotas de Pepe Blas, el ‘obispo civil’ de Cádiz que ha oficiado más de 700 bodas como concejal

Vivió el boom de los matrimonios civiles siendo el concejal más veterano del ayuntamiento gaditano hasta que dejó el cargo en las últimas elecciones, pero sigue siendo reclamado como casamentero, sin atribuciones legales, por algunos contrayentes. “Será porque lo hago bien”, presume.

José Blas Fernández en el Salón de Plenos del ayuntamiento de Cádiz. Foto Fernando Ruso

“He oficiado más bodas que cualquier párroco de pueblo”, presume el gaditano Pepe Blas, durante 36 años concejal del ayuntamiento de Cádiz y considerado popularmente el ‘obispo civil’ de la ciudad. Sobre sus espaldas recaen más de 700 matrimonios como oficiante, faena que todavía realiza —ya sin atribuciones legales — pese a haber dejado el cargo tras las pasadas elecciones locales. A los futuros contrayentes aconseja, entre risas, “quererse mucho y compartir el uso de la Thermomix”.

Suyas fueron las “homilías —también civiles— desde el altar” en el salón de plenos del consistorio, también la norma de no echar arroz al finalizar la ceremonia —“hubo hasta quien se llegó a romper la cadera de un resbalón”, recuerda— y la prohibición de llevar coro y demás instrumentos musicales para amenizar el acto. “Es que se eternizaban, y teníamos que despachar las bodas en media hora como mucho porque luego había otra”, argumenta siempre con una sonrisa el exconcejal Pepe Blas. “Había quien se llevaba un radiocasete a pilas con la marcha nupcial”, recuerda.

El exconcejal en el salón de plenos donde oficiaba sus bodas, de estilo isabelino, y fechado sobre 1870. Foto Fernando Ruso

La eclosión de su fama se remonta al año 1995, cuando Teófila Martínez se hace con la alcaldía del Ayuntamiento de Cádiz. Un año antes se empezaron a celebrar los primeros enlaces en los consistorios de toda España en virtud del artículo 51 del Código Civil, que señalaba como competentes para autorizar el matrimonio a los alcaldes o delegados por este. Y sobre Pepe Blas, por entonces delegado de Hacienda, Régimen Interior, Personal, Contratación y Compras, recayó la responsabilidad de oficiar las bodas.

Kichi vs el ‘obispo civil’

“Mi trabajo como concejal era una parafernalia legal que nada tenía que ver con el trato con la gente sencilla que venía a casarse”, recuerda Pepe Blas, que se ha mantenido como concejal durante 36 años, desde 1983 hasta 2019, primero con Alianza Popular y posteriormente con el PP. Incluso estando en la oposición, después de que José María González Santos, ‘Kichi’, se hiciera con la alcaldía en 2015.

—¿Y con quién han preferido casarse los gaditanos estos cuatro años, con el alcalde ‘Kichi’ o con usted?

—A la gente le da igual quien los case. Había quien pedía que les casara el obispo civil y he dejado bodas programadas hasta después de ser yo concejal. A los nuevos concejales los visto casar con la camiseta del Cádiz, bodas churretosas, pero a la gente le gustaba ese rollo. Yo nunca he hecho eso, siempre he casado con corbata, con la medalla de concejal y el bastón de mando del ayuntamiento. He dignificado siempre el acto.

Pepe Blas, en su despacho, mostrando un regalo que le hicieron unos contrayentes. Foto Fernando Ruso

Hasta el despacho de Pepe Blas han ido novios para obtener de él consejo previo al matrimonio. “Mire usted, es que vengo un poquito embarazada, ¿me puedo casar?”, le preguntaban. A lo que él respondía: “Yo caso a las que estén un poquito o a las que estén muy embarazadas”. Esa fama de buen casamentero lo ha acompañado a lo largo de las últimas décadas en los actos públicos en los que ha participado o en su día a día, cuando los ya casados lo asaltaban para agradecerle la suerte que su participación en las nupcias les traía.

Más bodas civiles que religiosas

En 2009, los matrimonios civiles superaron, por primera vez en la historia de España, a los religiosos: 94.993 bodas civiles frente a 80.174 bodas por el rito católico. En 2017, los matrimonios civiles superaron el 80 por ciento de los enlaces. Pero se queja Pepe Blas de que en la actualidad muchos de los contrayentes opten por oficializar su enlace en notarías, donde es posible casarse y simultáneamente hacer la separación de bienes, en detrimento de los ayuntamientos.

El 'obispo civil' hacía pequeñas anotaciones para recordar lo ocurrido en cada ceremonia años después. Foto Fernando Ruso

Las bodas de ahora ya no son lo que eran —lamenta Pepe Blas—, los diez primeros años desde la aprobación del Código Civil fueron apoteósicos”. Durante ese tiempo el concejal llegaba a oficiar hasta siete bodas en la mañana de los viernes, el día en el que se programaban para no alterar el funcionamiento del ayuntamiento. “Las poníamos después de las juntas de Gobierno, que yo presidía”, recuerda.

También se celebraban bodas civiles los sábados y domingos, pero esto acarreaba un gasto extra para los contrayentes, “porque debía pagarse al personal del ayuntamiento por trabajar fuera de su horario”, apunta el exconcejal, que también ha sido senador por el PP en la séptima, octava y décima legislaturas.

El exconcejal gaditano con el libro que presenta el 11 de septiembre en Cádiz y que recoge las anécdotas de su etapa de 'obispo civil'. Foto Fernando Ruso

De su experiencia como ‘obispo civil’, Pepe ha ido recuperando anécdotas “verídicas” que se publicarán en un libro que se ha presentado en Cádiz este 11 de septiembre bajo el título de ‘Obispo Civil’. En esa recopilación de historias curiosas se incluyen desde novias que no se presentaron a su boda a quienes se casaron en ropa de playa, también de perros vestidos de chaqué que llevaban los anillos y esperaban en la puerta del ayuntamiento porque tenían prohibida la entrada. En todos los casos se guardan los nombres de las personas que las protagonizaron.

Historia de una boda “condenada a la muerte”

“La que más me marcó fue la de una pareja de chicos jovencísimos —detalla Pepe Blas—; ella tenía cáncer terminal y quiso casarse antes de morir. Estaba ingresada en el hospital Virgen del Rocío de Sevilla y llegó al ayuntamiento en una UVI Móvil con los médicos acompañándola y vestida de blanco. Su ilusión era casarse en Cádiz y morir casada, y así fue, falleció pocos días después. Era una boda condenada a la muerte, pero fue emocionante ver ese amor”.

José Blas Fernández a las puertas del consistorio gaditano. Foto Fernando Ruso

Menos dramática es la anécdota de aquel hombre que llegó a casarse cuatro veces en un año. “Si empiezas a separarte al día siguiente de casarte, los plazos de los trámites te permiten casarte cuatro veces al año”, calcula Pepe Blas. “Aquello eran bodas de conveniencia con mujeres hispanoamericanas y siempre se casaban con el mismo, y llegó a intervenir el juzgado”, recuerda el exconcejal.

—¿Y sigue casando?

Ya no soy concejal, lo he sido durante 36 años. El más antiguo de occidente. [Bromea]. Ya no tengo la facultad legal para casar, pero mucha gente va a por el acta al juzgado y yo después le hago una boda simbólica en algún lugar determinado. Me revisto de ese papel de ‘obispo civil’ y los caso como antes. Eso se ha puesto de moda y ya hay una profesión más, la de casamentero.

Suyas también son las ‘homilías civiles’, un concepto heredado de las bodas religiosas que la gente aplicaba en el ayuntamiento, donde el estrado del salón de plenos era para muchos el altar y los testigos, los padrinos.

Bodas civiles, pero con guiños religiosos

“Para la gente seguían siendo padrinos y madrinas —explica Pepe Blas—; y se veían en la obligación de firmar, aunque según la ley no era necesaria la firma. Se producían entonces tremendos disgustos a la hora de la firma, cuando los padrinos querían firmar y nosotros les explicábamos que no podían hacerlo; así que decidimos poner papeles de más para crearles la ilusión de que sus firmas tenían también valor”.

Había quien llegaba hasta Pepe Blas con la esperanza de que el exconcejal les brindase una “boda católica”. “Y quienes después de la boda civil se iban a entregarle las flores del ramo de la novia al Nazareno”, comenta entre risas.

José Blas Fernández ejerce en la actualidad como Graduado Social, en su propio despacho, tras 36 años de concejal en Cádiz. Foto Fernando Ruso

“Eran, por lo general, gente que no podía casarse por la Iglesia al estar divorciados, pero que tenía profundos sentimientos religiosos y me pedían que en mi ‘homilía’ nombrase a la virgen y a Dios y demás; y yo, claro, lo hacía; les leía a San Francisco de Asís e iba más allá de leer los tres artículos de obligada lectura del Código Civil”, rememora el ‘obispo civil’. “Hubo hasta quien me preguntó que si yo era sacerdote, también curas que loaban mis ceremonias hasta tal punto de decir que me hubiesen fichado para casar por la iglesia sin duda”, sigue el gaditano.

Yo he casado a más gente que un cura de parroquia. Los viernes llegaba a haber hasta siete bodas. ¡Era terrible!”, asegura.

—¿Será usted el concejal de España con más bodas oficiadas?

—He estado 36 años de concejal y creo que debo ser de los que más bodas ha oficiado. Me considero el concejal más antiguo de occidente, porque Cádiz es la ciudad más antigua de occidente.

Y con esta experiencia, y la de estar casado desde el año 1973 y ser padre de dos hijos —una religiosa de misión en África y un abogado con el que comparte despacho—, se lanza a dar consejos a quienes oficien bodas. “Hay que hablarles de la familia, del cariño, del valor de estar unidos, de los recuerdos a los padres… cosa que despierta unas llantinas tremendas”, advierte el ‘obispo civil’ de Cádiz.

—¿Y para los novios?

—Que se quieran y que no sean egoístas. Y que los dos usen la Thermomix.