En el Pentágono, hay cada vez más temor de que Trump vaya a hacer participar al Ejército en los disturbios de las elecciones

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El presidente Donald Trump en el Jardín Sur de la Casa Blanca, en Washington, el 21 de septiembre de 2020. (Anna Moneymaker/The New York Times)
El presidente Donald Trump en el Jardín Sur de la Casa Blanca, en Washington, el 21 de septiembre de 2020. (Anna Moneymaker/The New York Times)

WASHINGTON — Los altos líderes del Pentágono tienen muchas preocupaciones: Afganistán, Rusia, Irak, Siria, Irán, China, Somalia y la península coreana. Pero una de sus principales inquietudes es si su comandante en jefe podría ordenar que los soldados estadounidenses participen en un posible caos en torno a las próximas elecciones.

El presidente Donald Trump no tranquilizó a los funcionarios cuando el miércoles se negó, una vez más, a comprometerse a llevar a cabo una transferencia pacífica del poder, independientemente de quién gane la elección. El jueves, le echó más leña al fuego cuando dijo que no estaba seguro de que las elecciones fueran a ser “limpias”. Sus conjeturas, junto con la intención que manifestó en junio de acogerse al Acto de Insurrección de 1807 para enviar soldados en servicio activo a las calles del país a sofocar las manifestaciones originadas por el asesinato de George Floyd, han despertado gran preocupación entre los altos mando del Ejército y los líderes del Departamento de Defensa, quienes aseguran que harán todo lo posible por no inmiscuir a las fuerzas armadas en las elecciones.

“Creo firmemente en el principio de un Ejército estadounidense apolítico”, señaló el general Mark A. Milley, presidente de la Junta de Jefes del Estado Mayor, en sus respuestas por escrito a las preguntas que publicaron el mes pasado los legisladores de la Cámara de Representantes. “En caso de controversia sobre alguna cuestión relacionada con las elecciones, se requiere, por ley, que los tribunales y el Congreso de Estados Unidos resuelvan cualquier polémica, no el Ejército estadounidense. No preveo ninguna participación de las fuerzas armadas en este proceso”.

Sin embargo, eso no ha frenado el debate cada vez mayor dentro del Ejército acerca de su papel en caso de que unas elecciones controvertidas dieran lugar a conflictos civiles.

El 11 de agosto, John Nagl y Paul Yingling, oficiales retirados del Ejército y veteranos de la guerra de Irak, publicaron una carta abierta a Milley en el sitio web Defense One. “Es posible que en unos cuantos meses tenga que elegir entre desafiar a un presidente anárquico o traicionar su juramento ante la Constitución”, escribieron. “Si Donald Trump se rehúsa a dejar el cargo cuando termine su mandato constitucional, el Ejército de Estados Unidos debe retirarlo por la fuerza y usted tiene que dar esa orden”.

Los funcionarios del Pentágono de inmediato dijeron que esa conclusión era absurda. Señalaron que bajo ninguna circunstancia el presidente de la Junta de Jefes del Estado Mayor enviaría a los Equipos Tierra, Mar y Aire de la Armada ni a los marines a sacar de la Casa Blanca a Trump. Los funcionarios del Departamento de Defensa afirmaron que, de ser necesario, esa tarea le correspondería al Servicio de Alguaciles de Estados Unidos o al Servicio Secreto. Los funcionarios señalaron que, por ley, el Ejército jura ante la Constitución, no ante el presidente, y ese juramento significa que el comandante en jefe del Ejército es quien preste juramento a las 12:01 el día de la toma de posesión.

No obstante, algunos altos dirigentes del Pentágono, que hablaron con la condición de mantener su anonimato, reconocieron que estaban hablando entre ellos sobre qué hacer si Trump, quien seguirá siendo presidente desde el día de las elecciones hasta la fecha de la toma de posesión, recurre al Acto de Insurrección e intenta enviar soldados a las calles, como amenazó con hacerlo durante las manifestaciones contra la brutalidad policial y el racismo sistémico. En ese momento, tanto Milley como el secretario de Defensa, Mark Esper, se opusieron a la medida, y Trump reculó.

Varios funcionarios del Pentágono comentaron que si se ordenaba que los soldados salieran a las calles en el momento de las elecciones, tal vez renunciarían muchos de los generales sénior de Trump, comenzando con Milley, el más alto.

Los funcionarios mencionaron que tampoco era probable que el jefe de personal de la Fuerza Aérea, el general Charles Q. Brown, aplaudiera ni acatara esa orden. Durante los días posteriores al asesinato de Floyd a manos de la policía, Brown publicó un video extraordinario en el que hablaba en términos profundamente personales sobre su experiencia como una persona negra en Estados Unidos, su trato inequitativo en las Fuerzas Armadas y las protestas que prevalecían en el país.

“Hago una reflexión sobre las protestas en mi adorado país, dulce tierra de libertad, en la igualdad formulada en nuestra declaración de Independencia y en la Constitución que he jurado respaldar y defender en mi vida adulta”, señaló Brown. “Hago una reflexión sobre una historia de problemas raciales y sobre mis propias experiencias que no siempre fueron un canto de libertad e igualdad”.

Las manifestaciones y confrontaciones violentas ocasionales, entre ellas una del mes pasado en Portland, Oregon, que resultó mortal, y una de esta semana en Louisville luego de que un gran jurado de Kentucky se negara a acusar a ningún oficial por la muerte de Breonna Taylor, han seguido enturbiando al país y están aumentando la inquietud en el Pentágono.

“El principal temor es que Portland está fuera de Broadway y que en Broadway sucedería algo”, comentó Derek Chollet, quien fue secretario adjunto de Defensa durante el gobierno del presidente Barack Obama. “La impresión es que ahí habrá muchas chispas y que Trump no está haciendo nada para que no sean más explosivas”.

Dentro del Pentágono, cuyos dirigentes suelen hacer planes, los funcionarios del Departamento de Defensa dijeron que no ha habido preparativos para que las Fuerzas Armadas actúen durante las elecciones.

“Lo que deberían estar planeando es cómo evitar tener alguna participación”, señaló Devin Burghart, presidente del Instituto de Investigación y Educación para los Derechos Humanos y experto en movimientos nacionalistas blancos.

La confrontación en la plaza Lafayette, cerca de la Casa Blanca, en junio representó para el Departamento de Defensa lo cerca que estuvo el Ejército de ser empujado a participar en una crisis política interna. Los helicópteros del Ejército y los miembros armados de la Guardia Nacional patrullaron las calles junto a los agentes federales con uniformes antimotines a fin de que el presidente, flanqueado por Esper y Milley, pudiera caminar por la plaza para sostener una Biblia frente a la Iglesia Episcopal de San Juan. Los miembros y exintegrantes de las fuerzas armadas estaban furiosos.

“Ayer me dio asco ver al personal de seguridad —incluidos miembros de la Guardia Nacional— abrirse paso a la fuerza y con violencia por la plaza Lafayette para que el presidente pudiera llegar a la iglesia de San Juan”, escribió en The Atlantic el almirante Mike Mullen, presidente de la Junta de Jefes del Estado Mayor durante los gobiernos de George W. Bush y Obama. “No es el momento de hacer espectáculo”.

El presidente Donald Trump recibe a miembros de Bikers for Trump en el Trump National Golf Club, en Bedminster, Nueva Jersey, el 11 de agosto de 2018. (Tom Brenner/The New York Times)
El presidente Donald Trump recibe a miembros de Bikers for Trump en el Trump National Golf Club, en Bedminster, Nueva Jersey, el 11 de agosto de 2018. (Tom Brenner/The New York Times)

Ambos hombres, pero en especial Milley, fueron tan severamente criticados por los exdirigentes del Ejército y del Pentágono por participar en ese recorrido, que pasaron los días posteriores haciendo un extenso control de daños.

Esper celebró una conferencia de prensa extraordinaria en la que se desligó del presidente y dijo que no se debería mandar a los soldados en servicio a sofocar las manifestaciones. Los colaboradores comentaron en ese momento que sus palabras enojaron tanto a Trump que tuvieron que convencerlo de que no lo despidiera.

Milley se disculpó públicamente por ese recorrido en el parque. “No debí estar ahí”, señaló en una videoconferencia para la Universidad de Defensa Nacional. Su disculpa también enfureció a Trump.

Por el momento, ambos aún conservan su puesto. El jueves, el general reiteró su postura sobre mantener al Ejército ajeno a las elecciones de 2020 cuando exhortó a los funcionarios de Estados Unidos de todo el mundo a “mantener la Constitución cerca de su corazón” durante una videosesión de preguntas y respuestas.

Sus palabras fueron sutiles, pero quienes estaban viéndolo sabían lo que quería decir.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2020 The New York Times Company

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