El peligroso giro de Podemos con sus ataques a los jueces "fachas"

La formación morada ha acusado de machistas y fachas a los magistrados tras la aplicación de la Ley Orgánica de Garantía Integral de la Libertad Sexual. (Photo By Eduardo Parra/Europa Press via Getty Images)
La formación morada ha acusado de machistas y fachas a los magistrados tras la aplicación de la Ley Orgánica de Garantía Integral de la Libertad Sexual. (Photo By Eduardo Parra/Europa Press via Getty Images)

La aplicación de la Ley Orgánica de Garantía Integral de la Libertad Sexual, conocida como ley del 'solo sí es sí', ha provocado que se estén revisando decenas de condenas ya impuestas a agresores sexuales. Eso es un hecho, ya de por sí, lo suficientemente polémico como para que quienes han abierto esa puerta asumen ciertas responsabilidades. Lo que es más peligrosa es la respuesta que desde Podemos, titular del ministerio que ha fomentado el cambio de legislación, se ha dado a este asunto y que no ha sido otro que llamar "machistas" y "fachas" a los jueces.

La primera en hacerlo fue la propia titular de la cartera de Igualdad, Irene Montero, quien culpó a los jueces de no estar "cumpliendo" con la ley del sólo sí es sí por su "machismo". Y apostilló que esa, y no otra, era la única causa detrás de los casos que están aflorando de rebajas de condenas a violadores. Montero, además, propuso como solución el envío de esos magistrados a cursos de "formación" sobre género para aplicar correctamente la norma.

1,2 y... No hizo falta llegar a contar hasta 3 para que las palabras de Montero formaran una tormenta política de proporciones cercanas a las tropicales. Viendo la que le iba a caer a su ministra, Podemos tenía dos opciones. O suavizar y matizar las acusaciones de Montero, o apretar el acelerador y esperar a que sean los demás quienes se aparten para evitar la colisión. Y optaron por lo segundo, redoblando la apuesta y repitiendo por boca de decenas de sus dirigentes el concepto de "fachas con toga".

Uno de ellos fue el coordinador autonómico de Podemos en Murcia, Javier Sánchez, quien aseguró que "claro que hay fachas con toga que quieren reventar cualquier legislación feminista. Son los mismos que veían jolgorio en la violación de la manada o que condenan con cursillos a empresarios acusados de violar jornaleras".

24 horas después la polémica ya es imparable. Y, claro, empieza a haber voces moradas que han entendido el peligro de acabar chamuscándose por completo si n ose extiende un cortafuegos.

Podemos tiene muchos enemigos, y en algunos casos incluso han abusado inútilmente del 'lawfare' para destruirlos. Pero no existe una conspiración total contra Podemos. Ni todos los jueces son machistas. Lo que sí que hubo es el olvido flagrante de incluir en la ley una disposición transitoria que prohibiese la revisión de las penas a los condenados a los que la nueva ley fuese más favorable. Y ese fallo es, además de otros actores que participaron en la redacción de la Ley, de Podemos.

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Porque los jueces, con mayor o menor colmillo conservador, están aplicando lo que siempre han hecho. Como señala el jurista Manuel Cancio Meliá en 'El País', "en el derecho penal español rige el principio de retroactividad de las leyes penales favorables para el reo: el artículo 2.2 del Código Penal establece que tendrán efecto retroactivo aquellas leyes penales que favorezcan al reo, aunque al entrar en vigor hubiera recaído sentencia firme y el sujeto estuviese cumpliendo condena".

¿Por qué ocurre eso? Porque resulta "injusto seguir aplicando las valoraciones de ayer cuando la ley incorpora una nueva visión del delito en cuestión, menos severa para quien fue enjuiciado con la ley anterior". Y aquí quien lo dice es el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y a la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea.

Así que huir hacia adelante no es la mejor salida de Podemos en este asunto. Y menos aun dando un giro radical que les coloca en contra de todo lo demás. Mientras aceleran, es posible que alguno de sus obstáculos se aparte. Pero aunque se apartaran todos, lo que les quedaría al frente no sería más que un precipicio a menos de siete meses para las elecciones municipales y autonómicas y un año para las generales.

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