El peligro de los ECOSIG o ‘terapias de conversión’

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“Es una etapa”, “necesitas ir con el psiquiatra”, “estás pecando”, “te vas a ir al infierno”, “estás confundido”, “no sabes lo que haces”, son solo algunas de las frases que, casi a diario, escucha un hombre o una mujer, un niño o una niña, una joven o un adolescente, cuando ‘sale del clóset’ con su familia o círculo más cercano, es decir, cuando se declara abiertamente bisexual, homosexual, transexual e, inclusive, transgénero.

En su intento desesperado por ‘normalizar’ a su hijo o familiar o amigo, en muchas ocasiones los padres o tutores recurren a métodos poco convencionales para que a su hijo le gusten las niñas o, en el caso de las mujeres, que a ella le gusten los varones. Una de esas alternativas que, al menos en nueve entidades de la República Mexicana están prohíbidas y sancionadas con cárcel a quienes las impartan, son los ECOSIG (Esfuerzos por Corregir la Orientación Sexual e Identidad de Género).

Cabe mencionar que, desde el año 1990, la OMS (Organización Mundial de la Salud) eliminó a la homosexualidad de su lista de enfermedades mentales y, actualmente, ha reconocido la transexualidad como “una variante más de la sexualidad humana”.

Sin embargo, en por los menos las últimas dos décadas, los ECOSIG tuvieron un auge en México. Se trataba y, en algunos rincones del país, aún se ejecutan privaciones ilegales de la libertad, medicación forzada, hormonización sin prescripción médica e, inclusive, maltrato físico y violación sexual. Según los padres y los que ejecutan los ECOSIG, el objetivo es ‘convertir’ a la persona en un ser heterosexual.

En los casos más extremos, los niños y jóvenes han sido sometidos a torturas extremas, tales como mantenerlos despiertos para que vean pornografía para heterosexuales e, incluso, han sido sometidos a electrochoques en sus genitales.

De acuerdo con expertos, este tipo de prácticas son una amenaza a la salud física y mental de la población LGBTTTI (lésbico, gay, bisexual, transexual, transgénero, travesti e intersexual), pues las secuelas pueden ser fatales para las niñas, niños y adolescentes. Algunas investigaciones en EE.UU. sugieren que las personas sometidas a estas prácticas, tienen hasta seis veces más probabilidades de cometer suicidio, pues en su intento por ‘modificar’ al ser humano, lo despersonalizan y aumentan su frustración al tratar de cumplir con lo que ‘la sociedad espera de ellos’.

Los expertos en derechos humanos han sugerido que, las expresiones de solidaridad a la comunidad LGBT+ que ha vivido rechazo en sus casas o empleos, reducen hasta en un 80 por ciento las probabilidades de que cometan suicidio.

A nivel mundial, el panorama es alentador, pues los ECOSIG ya están prohibidos en Alemania, Australia, Gran Bretaña y Malta. En lo que respecta a EE.UU. y Canadá, están sumando cada vez más estados en los que estás prácticas serán perseguidas y penadas por la ley; al igual que Países Bajos, el primer país que aprobó el matrimonio entre personas del mismo sexo a nivel mundial.

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