El peligro de aspirar los mocos de los bebés

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Los aspiradores nasales son útiles pero deben usarse con mucha moderación. Hay que decir a los cuidadores que la aspiración frecuente no es un buen hábito, ya que puede secar o lesionar la mucosa nasal, inflamarla y causar justo el efecto contrario al que buscamos: generar más mucosidad, empeorando el problema. Consultar siempre con el pediatra. (Foto: Getty)
Los aspiradores nasales son útiles pero deben usarse con mucha moderación. Hay que decir a los cuidadores que la aspiración frecuente no es un buen hábito, ya que puede secar o lesionar la mucosa nasal, inflamarla y causar justo el efecto contrario al que buscamos: generar más mucosidad, empeorando el problema. Consultar siempre con el pediatra. (Foto: Getty)

La congestión nasal es una de los problemas más frecuentes en la infancia, y el síntoma más molesto para los bebés porque puede afectarles de diferentes maneras. 

La primera consecuencia es que al no poder respirar por la nariz, el bebé lo hace por la boca, por lo que el aire pasa directamente a la faringe (sin el calentamiento, la humidificación y el filtrado que habitualmente tienen lugar en la nariz), resecando e irritando sus mucosas. Además, es normal que tenga una voz nasal o gangosa y que ronque por la noche o al estar tumbado.

Para conseguir que los mocos salgan, lo más importante es que el bebé o niño esté bien hidratado. Cuando tienen muchos mocos, los niños suelen tener poco apetito, o tienen menos fuerzas para mamar si son bebés, por eso es importante que tomen mucho líquido (pecho o agua). Habrá que aprovechar los momentos en los que los mocos puedan estar más blanditos, por ejemplo, tras el baño. “Es mejor proceder a retirar los mocos cuando estos estén fluidificados y no demasiado espesos”, explica la Dra. Vara Lado

Echarles suero por la nariz también es una manera de ayudarles a hidratar las fosas nasales, esto es lo que se llama lavados nasales. Y además normalmente con un chute de suero muchos mocos salen disparados. Lo importante es apuntar con el suero al lacrimal contrario de la fosa nasal que estamos limpiando. Otro truco para que funcione mejor es hacer la maniobra de Desobstrucción Rinofaríngea Retrógrada (DRR), que consiste en cerrar la boca del bebé cuando está aspirando para que rasque la garganta, y mueva y trague ese moco y suero que haya quedado ahí.

En niños de un año o dos también se desaconseja su uso. En lugar de usar aspiradores nasales, los fisioterapeutas recomiendan hacer <strong>instilaciones con poco suero</strong> y aplicar la técnica de <strong>las DRR</strong>: desobstrucciones rinofaríngeas retrógradas (sorber el moco). (Foto: Getty)
En niños de un año o dos también se desaconseja su uso. En lugar de usar aspiradores nasales, los fisioterapeutas recomiendan hacer instilaciones con poco suero y aplicar la técnica de las DRR: desobstrucciones rinofaríngeas retrógradas (sorber el moco). (Foto: Getty)

Otra posibilidad es no hacer nada, apunta Armando Bastida, enfermero pediatra y fundador de Criar con sentido común, "y esperar a que el proceso lleve su curso natural: se los irá tragando y con el paso de los días desaparecerán. Si les molesta, si les afecta al descanso o a nivel de comidas, o incluso si les provoca tos, vomitan moco... es mejor ayudarles". Y es que a veces, por desagradable o asqueroso que nos parezca, tragarse los mocos es más 'saludable' que sonarse mal.

Bastida recomienda hacer 'instilaciones', que consiste en usar suero fisiológico o agua marina en formato monodosis, con una jeringuilla (no son muy recomendables si no tienes cierto manejo con ellas) o spray, en cantidad pequeña y "con suavidad, para “mojar” el moco, que sea menos espeso y que tenga más facilidad para salir tanto por la nariz, como moverse hacia la garganta y que lo pueda tragar", cuenta a El País.  

Aunque son muchos los padres que deciden hacerse con un aspirador nasal o 'sacamocos', ese artilugio con cabezal, tubo y una boquilla con filtro que se coloca en los orificios de la nariz del bebé y sirve para aspirar las secreciones. La gran mayoría los hemos utilizado, pero los aspiradores nasales no son tan recomendables, especialmente en menores de seis meses, “porque su trompa de Eustaquio es más corta, y la presión de la aspiración puede producir problemas en el oído”, explica Rafael Miranda, jefe de Pediatría de los hospitales Vithas Nisa 9 de Octubre y Virgen del Consuelo (Valencia) y Rey Don Jaime (Castellón).

Los aspiradores nasales requieren un aprendizaje previo, porque si no se utilizan bien pueden llegar a irritar las mucosas del bebé, lo que produciría más mocos aún. Otro punto importante es cuándo usarlos, porque los aspiradores nasales o las peras nasales no se deben emplear si la mucosidad se encuentra reseca y pegada a las paredes de la nariz porque puede hacerle daño. Primero hay que usar suero para reblandecer y no utilizar más de dos veces al día porque puede dañar la mucosa e irritarla.

Por otro lado, la aspiración puede causar sensaciones desagradables en el oído, e incluso podría facilitar la aparición de otitis, ya que al utilizarlo hay muchas probabilidades de que el moco entre en la Trompa de Eustaquio, canal que hay entre el oído y la garganta, y la obstruya.

El aspirador nasal también puede ser dañino cuando el moco se estanca en la parte más posterior de la cavidad nasal (cavum), junto a los conductos auditivos, porque si realmente aspira el moco estará generando presiones muy fuertes que podrían llegar a dañar el tímpano auditivo.

Así que aunque es útil, la aspiración frecuente no es un buen hábito, ya que puede secar o lesionar la mucosa nasal, inflamarla y causar justo el efecto contrario al que buscamos: generar más mucosidad, empeorando el problema.

Es mejor limitar su uso a un máximo de una o dos veces al día y solo en el caso de presencia de mucho moco que se ve, pero no se elimina tras el lavado, limitando la presión de succión. En cualquier caso siempre es mejor consultarlo antes al pediatra para que nos indique cuál es la mejor técnica para cada momento.

En general, es mucho más aconsejable realizar lavados nasales tradicionales con suero fisiológico (o agua de mar), que se debe adquirir en farmacias, y que se aplicará dentro de las fosas nasales del pequeño. Conviene realizarlos con el niño tumbado de lado, limpiando primero la fosa nasal que queda encima. Luego se le gira la cabeza para el otro lado y se repite la operación en la otra fosa nasal.

"Es una operación que no suele gustar a ningún bebé, así que no te extrañe si llora. Solo lleva unos segundos, pero en ese tiempo debes sujetar bien al pequeño. Un buen truco es envolverle en una toalla o sábana para que no dé manotazos. Además, no introduzcas mucho el aplicador del producto elegido o la cánula de la jeringuilla, ya que al estar molesto se moverá y puede hacerse daño", explica Inés Sánchez Pina, enfermera pediátrica.

Actualmente los fisioterapeutas recomiendan hacer instilaciones con poco suero y aplicar la técnica de las DRR: desobstrucciones rinofaríngeas retrógradas (sorber el moco, para los amigos). De este modo se reproduce bastante bien el sistema natural de evacuación de moco, y porque hay estudios que demuestran su eficacia en prevención de infecciones respiratorias.

La clave está en poner poco suero e ir haciendo que el bebé o el niño se lo trague, y luego cerrarles la boca favoreciendo que sorban el suero que queda y se lo traguen junto al moco. Quizá parezca un poco raro, pero los fisioterapeutas aseguran que limpia muy bien el cavum. No hay que confundirlo con las duchas nasales, que es justo lo contrario; consisten en poner mucho suero en una cavidad nasal, haciendo que salga por la otra, y así arrastre el moco que se va encontrando.

Se pueden usar las dos técnicas, dependiendo de dónde está el moco y de cómo tolera el niños las higienes nasales. Y ten en cuenta las siguientes recomendaciones de la Asociación Madrileña de Pediatría de Atención Primaria (AMPap):

  • No se debe realizar el lavado nasal con el niño tumbado boca arriba ya que se corre el riesgo de empujar el moco hacia el oído, favoreciendo el desarrollo de otitis. De ahí la importancia de realizar los lavados con la cabeza ladeada e intentando que no se eche hacia atrás.

  • Es recomendable hacer los lavados antes de dormir y antes de las tomas en los bebés. 

  • Suele ser suficiente con 1,5-2 ml en cada fosa nasal en niños pequeños y hasta 5 ml en niños mayores.

  • Cuando esté bien sujeto, se echa el suero fisiológico por el orificio que queda arriba, “con determinación”.

  • Tras esta maniobra, sobre todo si está boca arriba, se le puede sentar para favorecer la expulsión de las secreciones.

  • Posteriormente, se repite la maniobra para echar el suero en el otro orificio nasal, girándole la cabeza hacia el lado contrario.

  • Si la nariz está muy obstruida, se puede echar un poco de suero, masajear para reblandecer y volver a echar más suero.

  • Es normal que tras el lavado el bebé tosa o estornude.

  • No hay que preocuparse si se tragan parte de la mucosidad.

  • Y recuerda, no hay que hacer lavados nasales cada vez que tenga mocos o esté un poco resfriado, solo cuando se aprecie que está incómodo y respira con dificultad.

Hay otra manera de solucionar el problemas de los mocos, sobre todo cuando el bebé tiene serias dificultades para respirar y tragar. Desde el Colegio Profesional de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid (CPFCM) recomiendan una técnica denominada AFE (Aceleración del Flujo Espiratorio) que consiste en ejercer una presión en el pecho y en la tripa del niño (no dolorosa) siguiendo su ritmo respiratorio. 

De esta manera el aire sale con mucha más fuerza y es más fácil que arrastre la mucosidad del pulmón. Esta técnica, según explican los expertos, no sólo es beneficiosa para la respiración, el descanso y la alimentación de nuestro bebé, también influye en la manera de actuar de los medicamentos (si el pequeño los está tomando). Esto es debido a que pueden actuar más rápido por dar con un pulmón limpio.

"Este tratamiento no es por tanto incompatible con la ingesta de medicamentos, pero sí evita en mucho casos, que se llegue al punto de tener que tomarlos, al controlar la enfermedad antes de que llegue a estados más avanzados en los que haya que tomar por ejemplo Ventolín", explica Beatriz Jiménez, experta en Fisioterapia Respiratoria Infantil.

La fisioterapeuta asegura que a través de esta técnica se consigue que el bebé respire, coma y descanse mejor.

A partir de los dos o tres años estas técnicas no son necesarias porque el niño ya va siendo consciente de cosas y ya aprende a sonarse los moquetes o por lo menos a pedir que alguien lo haga por él. 

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