Pelea de gatas en la Casa Real Británica.

Carme Chaparro
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Pues en esas andamos. Otra vez.

Ya están aquí las mujeres peleándose como gatas. Ya han venido a jorobar la armonía familiar, a enfrentar a hermanos con hermanos, a hijos con padres, a nietos con abuelos. Ya están las cuñadas odiándose y metiendo cizaña.

Ya ha llegado Megan Markle con las rebajas.

REUTERS/Chris Jackson/Pool
REUTERS/Chris Jackson/Pool

¿Por qué no podían las chicas, por una vez, aguantarse las ganas de odiarse las unas a las otras? Ayyy... el ego femenino. Y la envidia femenina. Y la soberbia femenina. Y la todo de todo todito femenina.

Porque toda la culpa la tiene ella, por supuesto, y la cuñada, por supuesto, y la suegra, por supuesto, y, en general, las mujeres adscritas a la casa Windsor, aunque parece que esta vez a Camilla no la han metido en el fregado. De momento.

Que si las mujeres no soportan a las rivales -léase en el sentido Meghan-Kate o viceversa-, que si todo son celos entre ellas, que si han malmetido la una contra la otra, que si pobres hermanos separados por culpa de una(s) vívora(s), que si calladita está más guapa... que si, que si.

¿Por qué siempre tenemos que colocar a las mujeres en el centro de los escándalos? ¿Por qué siempre tenemos que recurrir al asqueroso machismo del concepto "peleas de gatas" -aunque no lo lleguemos a pronunciar- para culpabilizar desde la barrera siempre a las mujeres, a pesar de ser ellas sean las víctimas?

Son las amantes las que tienen la culpa de que se rompa una relación, y no el hombre infiel.

Son las cuñadas las que tienen la culpa de que dos hermanos ya no pasen tanto tiempo juntos, y no ellos.

Son las compañeras de trabajo las que dejan verdes a sus otras compañeras en cuanto se dan la espalda, y no el resto de la oficina.

Es Shakira la que tiene la culpa de lo que hace Piqué. Claro. Como siempre.

Si es que os gusta inventar peleas de gatas. Así, de paso, dividís. Y vencéis.

Que Carlos de Inglaterra tiene ya los colgados pelados, hombre. 69 años esperando heredar el trono y en este escándalo resulta que pasaba por allí.

Claro que sí, gatito.

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