Pedro Castillo, el maestro rural conservador que pide cambios radicales

Lima, 1 jun (EFE).- Pedro Castillo es un maestro rural religioso y conservador ajeno a la política tradicional peruana que pugna por la presidencia de Perú con propuestas radicales -en ocasiones peligrosas o inaplicables- que evidencian las contradicciones de un país quebrado y dividido entre quienes tienen y los que no tienen.

Nadie esperaba que este hombre de 51 años de ascendencia humilde y campesina pudiera estar a un paso de ganar la presidencia del país ataviado con su peculiar sombrero "chotano", un lápiz y un discurso que choca frontalmente con el "statu quo" político y los dogmas del libre mercado que han gobernado Perú con firmeza durante los últimos 30 años.

Según los medios y analistas peruanos el maestro salió "de la nada" en la primera vuelta para pelear la presidencia.

Más correcto sería decir que Castillo surgió de un lugar donde nadie estaba mirando: los millones de pobladores rurales, aislados de los centros de poder tradicionales y alejados de Lima, la gran urbe que muchos asumen erróneamente como ejemplo de la realidad del Perú.

FUERA DEL SISTEMA

Castillo es líder del sindicato de maestros y su primer gran contacto con la política peruana fue cómo gestor de una huelga general del sector que en 2017 puso en jaque al gobierno de Pedro Pablo Kuczynsky.

Han sido las redes de maestros y profesores rurales, un colectivo humilde que ejerce gran influencia en las comunidades a las que sirve, las que promovieron con el boca a boca su candidatura.

Las rondas campesinas, la milicia rural que vigila allí donde el Estado no llega y de las que formó parte en su juventud, ha sido otro de sus apoyos.

Claramente, Castillo se ganó su pase al balotaje jugando fuera de los esquemas de la política de masas peruana.

CONSTITUCIÓN Y CAMBIOS

En la segunda vuelta, ya forzado a exponerse ante medios críticos, analistas y ciudadanos exigentes, Castillo evidencia su hostilidad hacia algunos fundamentos de las democracias liberales.

Pese a prometer por escrito que no vulnerará ningún precepto constitucional, para muchos peruanos persisten las dudas sobre las críticas que ha hecho a instituciones como el Tribunal Constitucional, la Defensoría del Pueblo o la misma separación de poderes.

Lo que realmente lleva Castillo como bandera, bajo el lema "no más pobres en un país rico", es la derogación de la Constitución vigente desde 1993, creada por Alberto Fujimori (1990-2000) y abiertamente neoliberal, y la creación de otra donde el Estado tenga mayor cabida como proveedor de servicios e impulsor de la economía.

El cambio constitucional sería legalmente posible, pero extraordinariamente complicado de conseguir, y Castillo no ha aclarado aún como planea lograrlo salvo indicando que será "el pueblo" el que lo haga.

¿LIBRE DE PERÚ LIBRE?

Parte del discurso radical del maestro, como la "nacionalización" del sector minero y energético, o la "limitación de importaciones" proviene del ideario del partido Perú Libre por el que postula a la presidencia.

Este partido es dirigido por el médico "marxista leninista" Vladimir Cerrón, ex gobernador de la región de Junín y condenado por un delito de corrupción que le impidió postular él mismo a la presidencia.

Casi toda la campaña de Castillo se ha centrado en despegarse de esta figura e intentar aproximarse al centro con propuestas mucho más mesuradas y un equipo técnico ajeno a Perú Libre.

Claramente, por activa y pasiva Castillo afirma que el gobierno será suyo y solo suyo, sin injerencias de Cerrón, pero ese es un proceso ha ido a trompicones, con mensajes contrapuestos y torpezas varias.

No ofrece dudas sin embargo su postura social: es contrario a la educación con enfoque de género, al aborto y a la expansión de los derechos de la comunidad LGTBI.

HERMETISMO Y HOSTILIDAD

Castillo es además hermético ante la prensa cuando no abiertamente hostil.

Durante la campaña Castillo no cejó de señalar que los medios peruanos actúan en su contra con informaciones tendenciosas, exageradas o manipuladas.

En campaña, varios de sus simpatizantes agredieron a periodistas en el ejercicio de su labor, lo que disparó todas las alarmas.

Eso no oculta el hecho, como indican las encuestas al respecto, de que efectivamente la cobertura mediática en Perú es desigual y claramente favorable a su contrincante Keiko Fujimori.

Castillo está casado con una maestra de escuela, también muy religiosa, y es padre de tres hijos, pero nada más se sabe esta posible familia presidencial.

Efe se comunicó con hasta tres responsables de comunicación de la campaña de Castillo y no pudo obtener por esa vía siquiera la confirmación de este hecho anecdótico.

(c) Agencia EFE

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