Paula Lima: la argentina que busca crear un puente teatral con Holanda

Carlos Pacheco
·6  min de lectura

Hace once años la actriz argentina Paula Lima formó pareja con un holandés que había conocido en Buenos Aires y decidió radicarse en una localidad cercana a Ámsterdam, Haarlem. El nuevo hábitat no le resultó sencillo al comienzo pero como le apasiona la actividad teatral a poco de haber llegado a la ciudad decidió ganarse un espacio sin importarle que su forma de hablar el nuevo idioma no fuera la mejor.

Lima se formó en Buenos Aires con maestros muy destacados como Agustín Alezzo, Carlos Gandolfo, Miguel Guerberof, Luis "Indio" Romero, entre otros. Fue asistente del grupo Los Macocos y participó como intérprete en espectáculos como Las criadas, Acreedores, SAM, tres obras escritas por Samuel Beckett, y Ceremonia enamorada. Reconoce ser una profunda estudiosa que no para de formarse. Este año, por ejemplo, entrenó vía Zoom con Daniel Casablanca y Guillermo Cacace.

En Haarlem ha logrado una proyección importante. Y no sólo como actriz sino, además, como docente, dramaturga, directora y gestora.

"Voy por un camino de trabajo que fui armando -comenta Lima-. Al comienzo pensé: 'acá no voy a trabajar nunca', porque no tenía ningún contacto. Y empecé a mandar mensajes a agencias y de una de ellas me llamaron para hacer un casting. Estaba tan contenta que era imposible que no me llamaran porque era una fiesta caminando. Ahí empecé a trabajar con una chica que venía de ganar un gran premio acá. Filmé una película con ella sobre el anarquismo, en inglés. Luego hice una obra de teatro en holandés con la que estuvimos en cartel tres años. En el último tiempo me empezó a ir muy bien. Cree dos grupos. Uno en holandés de teatro social, para quienes escribí una obra (La voz de la ciudad) y otro en español. El primero está integrado por gente de entre 18 y 81 años, ellos son inmigrantes y refugiados."

-¿Desde qué óptica llevás al escenario el mundo de esta porción de la población?

-Aquí la gran dificultad está en cómo poder integrarse. Creo que no sólo los holandeses deben buscar la manera de hacerlo ante las personas de otras comunidades sino que estas están obligadas y lo logran pero con mucha dificultad. La protagonista de la obra era holandesa. Lo que mostraba era esa situación de no poder salir de una estructura, de querer quedarse fijo en la comodidad de lo que uno tiene. Acá la gente es muy individualista. Lo que propongo es que podés estar en un escenario o en la calle y aunque tu idioma no sea perfecto podés confiar en que el otro va a estar abierto a escucharte y también se podrán compartir pequeñas cosas de la cultura de cada uno. La escribí un poco pensando en los caracteres de los actores, gente que quiere insertarse y encuentra en el teatro una herramienta para aprender a expresarse con más naturalidad.

-¿Es muy difícil la situación de los inmigrantes en Holanda?

-Muchas veces ponen a los inmigrantes en una cajita y tratan de educarlos para llevarlos a su cultura. Y cuidado. El poder desencasillar a la gente y estar entrenando con personas de 18 a 81 años y darte cuenta que no todo entra en una cajita con un sello ha sido muy importante para mí. Si uno está abierto puede descubrir un montón de cosas. Fue muy emocionante escribir esa obra en la que le daba con un caño a la sociedad pero lo hacía también con cierto humor. Era muy simple porque el nivel de lenguaje no puede ser muy alto dado que había gente que casi no hablaba holandés. La devolución fue muy buena. Mucha gente se acercó a decirme que se le habían abierto los ojos. El juego que armé tenía que ver con lo emocional, con las formas de relacionarse. Fue hermoso.

-¿Cómo comenzaste a dar clases?

-Trabajo mucho en inglés y hace unos años fui a un centro social porque mi holandés se estaba deteriorando y, mientras estaba viendo si estudiaba un poco de gramática, alguien escuchó que era profesora de teatro y que me interesaba trabajar el tema de la diversidad. Me propusieron dictar dos clases y me quedé casi cuatro años. Les encantó lo que se empezó a generar. Me dieron un subsidio bastante pequeño y la gente lo pasaba muy bien y no teníamos toda la infraestructura que tienen acá las obras de teatro. Era la gente con su alma. En Ámsterdam vas a ver una obra y la tensión está puesta en lo visual, en lo conceptual, pero emocionalmente no sucede nada.

-Hay un costado que has empezado a desarrollar también que está ligado con la gestión teatral. ¿Cómo fue apareciendo eso?

-Generé un festival de teatro denominado Teatro D10. Una propuesta muy interesante que se hizo en Argentina (en el Centro Cultural Rojas), en México y yo lo traje a Holanda. Estuvimos en un teatro muy chiquito porque no sabía cuanta gente iba a convocar. Se presentaron 40 obras de diez minutos cada una y el impacto fue muy fuerte. Me interesa mucho traer el teatro argentino. Siempre tuve esa necesidad. Es que si tomo la comodidad holandesa me voy a morir. El motor fue: "qué puedo aportar" y, sobre todo, viendo lo que sucedía con algunas obras. El festival era de dramaturgia y el público estuvo integrado por gente que vive acá y proviene de diferentes países. Se sorprendieron del nivel de las obras hispanas y ahí decidí formar una compañía de teatro en castellano. Hasta ese momento siempre lo hice fue todo muy a pulmón y una señora me dijo que abriera el trabajo y lo hiciera más visible. La idea es seguir con el festival el año que viene. Ahora todo esta raro por el coronavirus. Esas son las cosas que uno mama en la Argentina. El Indio Romero siempre decía: "hacemos teatro de la trinchera". Y era verdad. Se incendiaba todo y seguíamos ensayando; y con la pandemia todo se corrió de lugar y contacté un teatro grande en el que estoy entrenando con mis alumnos y con mi grupo porque todos pararon. Tenía que encontrar un nuevo lugar porque el anterior era muy pequeño. Hace dos años Cacace estaba acá con una obra y me hubiera encantado tener este teatro para que la haga aquí. Mi idea es abrir puertas y crear un puente de a poco.

En ese camino Paula Lima está intentando estrenar Una isla, de Agustín Trusso, traducir y llevar a escena un texto de Santiago Loza y poder concretar la filmación de un documental sobre la actividad que desarrolla con su grupo de teatro social y que será dirigido por José Campusano. "No quiero armar el gueto argentino o hispano para que solamente nos veamos entre nosotros -explica la actriz-. Mi idea es empezar a generar un espacio para que se pueda ver teatro en castellano subtitulado, que sea realmente para todos".