Patrulla Fronteriza tiró “cientos” de turbantes de migrantes sijs y les dijo que podían “morirse de hambre”

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Por lo visto, el maltrato a los inmigrantes sijs en la frontera entre EE.UU. y México está mucho más extendido de lo que se pensaba.

Los agentes de la Patrulla Fronteriza y de Aduanas de EE.UU. en múltiples sectores, al parecer tiraron a la basura cientos de turbantes sagrados pertenecientes a inmigrantes sijs que cruzaban la frontera, negaron a los migrantes las comidas vegetarianas exigidas por la religión, y los obligaron a comer jugo de manzana y galletas saladas y también les dijeron que podían “morirse de hambre”, según una investigación de Arizona Luminaria, que cita a agentes fronterizos no identificados y familiarizados con el maltrato.

“Un hombre sij, cuando le entregué un turbante para que se cubriera el pelo, se puso a llorar y besó la tela”, dijo una persona al medio, recordando que “un grupo de sijs vegetarianos señaló que llevaban siete días viviendo de jugo de manzana y galletas”.

Trabajadores humanitarios han empezado a comprar ellos mismos trozos de tela para que los inmigrantes puedan hacerse nuevos turbantes.

Las nuevas denuncias se suman a otras anteriores sobre el trato que la Patrulla Fronteriza ha dado a los inmigrantes sijs.

A principios de esta semana, la ACLU (Unión Americana de Libertades Civiles) escribió a la agencia, y señaló “graves violaciones de la libertad religiosa” en al menos 64 casos en el sector fronterizo de Yuma en los últimos dos meses, según la organización legal.

“Al confiscar y no devolver los turbantes de los individuos sijs, la CBP [Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza] interfiere directamente con su práctica religiosa y les obliga a violar sus creencias religiosas”, escribió la ACLU en una carta enviada a la agencia el 1 de agosto, en la que señalaba la política oficial de la Patrulla Fronteriza de que los agentes “sean conscientes de las creencias religiosas de un individuo mientras llevan a cabo una acción de aplicación de la ley de una manera digna y respetuosa”.

Los emigrantes sijs, muchos de los cuales huyen de lo que consideran un creciente sentimiento antisiquita bajo la administración del partido nacionalista hindú Bharatiya Janata del primer ministro Narendra Modi, describieron un trato humillante: “Me dijeron que me quitara el turbante. Sé un poco de inglés y les dije: ‘Es mi religión’. Pero insistieron”, explicó un hombre a The Intercept, que reportó por primera vez la carta de la ACLU. Los agentes incluso insistieron en cortar la ropa interior tradicional sij del hombre, al parecer por “razones de seguridad”.

“Me sentí muy mal”, expresó el hombre.

La Patrulla Fronteriza dijo a principios de esta semana que abriría una investigación interna sobre las acusaciones y tomaría medidas no especificadas “para tratar el asunto”.

“Nuestra expectativa es que los empleados de la CBP traten a todos los migrantes que encontramos con respeto”, señalaba el comisionado de la CBP, Chris Magnus, en un comunicado enviado por correo electrónico a principios de esta semana.

En junio, un defensor del pueblo del Departamento de Seguridad Nacional, que supervisa la Patrulla Fronteriza, visitó una instalación en Phoenix y fue alertado de las quejas sobre el maltrato religioso, según la ACLU.

“Estamos hablando de migrantes sijs que huyen de sus países por persecución religiosa... que hacen un viaje muy traumático a Estados Unidos y que, al entrar, se ven obligados a eliminar una parte sagrada de su religión, un principio básico de su sistema de creencias”, dijo a CNN Vanessa Pineda, abogada de derechos de los inmigrantes de la ACLU de Arizona.

Este informe indica que la agencia está al tanto del problema desde hace ya varias semanas y nada ha cambiado.

“Nos tomamos muy en serio las denuncias de esta naturaleza”, declaró la Patrulla Fronteriza a The Independent en un comunicado.

Se negó a responder qué medidas específicas se tomaron para remediar las denuncias de maltrato, o cuándo terminaría la investigación interna.

El año pasado, The Independent reportó que la primera persona asesinada en un crimen de odio posterior al 11 de septiembre fue un hombre sij llamado Balbir Singh Sodhi, quien era dueño de una gasolinera en Arizona. Sodhi fue tiroteado por un hombre armado racista el 15 de septiembre de 2001, el mismo día en que el propietario del negocio hizo una donación a un fondo de ayuda del 11 de septiembre.

Desde entonces, los sijs han sido objeto de otros incidentes de odio, y también han sido señalados para ser incluidos en bases de datos de inmigración y en controles invasivos en los aeropuertos de EE.UU.

Este artículo fue enmendado el 9 de agosto, para atribuir las afirmaciones sobre el sentimiento antisiquita bajo el BJP [Partido Popular Indio] a personas que huyen de la India.