Pasolini regresa a Irán

Teherán, 3 jul (EFE).- El escritor, poeta y cineasta Pier Paolo Pasolini regresa a Irán en una exposición que rememora el rodaje de su película “Las mil y una noches”, que filmó en parte en la monumental ciudad iraní de Isfahan antes de la Revolución Islámica de 1979.

Este narrador, comunista herético y provocador innato pasó cien días en Irán en 1973 para rodar parte de su peculiar versión de “Las mil y una noches”, la recopilación medieval de cuentos de Oriente Medio, un periplo que fue documentado por el fotógrafo Roberto Villa.

Las fotografías de Villa forman la espina dorsal de la exposición “Truth Lies Not in One Dream, but in Many”, que el museo de arte contemporáneo Argo Factory de Teherán acoge con la colaboración de la Embajada de Italia en Irán y que rememora ese rodaje.

Además, se muestran fragmentos del guión de la película, entrevistas con el director o parte del vestuario de la película, que fue premiada con el Grand Prix del Festival de Cine de Cannes en 1974 y que forma parte de la “Trilogía de la vida”, junto al “El Decameron” (1971) y “Los cuentos de Canterbury” (1972).

“Pasolini tenía una relación con Irán, profunda y continua en diferentes campos, en su poesía, en su cine, en sus escritos”, explica a Efe Reza Haeri, el comisario de la exposición.

Un vínculo que llega hasta casi lo filosófico para el comisario.

“Pasolini perdió algo en Italia y lo encontró de nuevo en Irán”, dice Haeri.

“Él estaba en contra de la idea del desarrollo capitalista que lo destruía todo”, continúa Haeri.

Un desarrollo capitalista que también había comenzado a afectar a Irán, aunque no tanto como a Europa.

“Irán estaba viviendo un ocaso, un crepúsculo, el tiempo se desvanecía y él vio ese desvanecimiento”, explica Haeri.

ISFAHAN

El propio Pasolini, asesinado en 1975, hace referencia a esto en una entrevista de 1973.

“Cuando fui allí (Isfahan) esta última vez para las inspecciones (de localizaciones), encontré excavadoras que destruyeron las últimas casas y las grúas que erigieron una ciudad moderna mediocre sobre los escombros”, declaró en la entrevista.

“Afortunadamente, todavía quedan algunas partes, monumentos y hermosos templos”, dijo el director.

Y en esos monumentos y hermosos templos de Isfahan encontró su Sair, la ciudad imaginaria de “Las mil y una noches”.

“Una pequeña ciudad de casas y palacios construidos de barro; en medio, un estrecho río que fluye rodeado de palmas que se elevan”, reza la página 433 del guión de la película, que se muestra en la exposición.

Isfahán, antigua capital de Persia, no es una pequeña ciudad, sino una monumental urbe con su enorme Plaza Naqsh-e Jahan y sus puentes medievales sobre el río Zayandehrud, que la magia del cine convirtió en la mítica Sair.

Entre otras localizaciones, la antigua mezquita Jameh ocupa un papel importante en la película, además de la mezquita del Shah o el Palacio de Ali Qapu, todos ellos lugares que se pueden visitar hoy.

Y es que la exposición trata tanto de Pasolini como de Isfahan e Irán.

“No me gustaba la idea de hacer un proyecto de un artista europeo que vino a Irán. Quería comprender que recibió Pasolini de Irán”, explica Haeri.

“Se trata de la conexión entre Isfahan, Irán y Pasolini, de cómo se influenciaron”, según el comisario.

BUEN RECIBIMIENTO

La exposición ha sido bien recibida, según los responsables de Argo Factory, una antigua cervecería reconvertida en museo y centro cultural.

A la inauguración a mediados de junio asistieron unas 1.000 personas y durante los fines de semana puede acudir un número similar de visitantes.

A Parviz, de 35 años, le parece una “exposición interesante” y “positiva” que muestra el pasado del país.

“Nuestra generación ni se imagina que un director famoso venga a Irán a hacer su película como lo hizo Pasolini, y que le permitan hacer su trabajo”, afirma esta visitante.

“Debe haber más exposiciones de este tipo y más lazos culturales con otros países”, dice.

Hoy se pueden encontrar al menos siete libros traducidos al persa de Pasolini en Irán y, según Haeri, algunas de sus películas se proyectan sin problemas.

Y es que contra lo que pudiera parecer en la República Islámica de Irán existen multitud de galerías y centros de arte que van más allá de lo que uno se espera.

Sin ir más lejos, el año pasado el Museo de Arte Contemporáneo de Teherán exhibió durante varios meses 18 piezas de Andy Warhol, como retratos de Marilyn Monroe y sus latas de sopa.

Entonces, Warhol disfrutó de sus 15 minutos de fama en Teherán, al igual que ahora Pasolini.

Jaime León

(c) Agencia EFE

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