Un paso más: fuerte carta abierta de una argentina al Papa en su octavo aniversario

Elisabetta Piqué
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Maria Lia Zervino en audiencia del 10-1-20 con el Papa Francisco
(gentileza M.L. Zervino)

ROMA.- María Lía Zervino, la argentina que es presidenta de la Unión Mundial de las Organizaciones Femeninas Católicas (UMOFC), en ocasión del nuevo aniversario de su pontificado, que se cumple hoy, le escribió al papa Francisco una apasionada carta abierta en la que, al margen de agradecerle por “haberse entregado por entero en estos ochos años”, le reclamó “un paso más” en cuanto al rol de las mujeres en la Iglesia católica. No pidió el sacerdocio femenino, que siguiendo a san Juan Pablo II, Francisco ya dijo claramente que no es posible, sino mayor espacio.

“Querido papa Francisco, recuerdo que el año pasado usted nos recomendó personalmente ser valientes como María Magdalena incluso al dirigirnos al Papa. Por eso me permito decirle, con todo respeto, confianza y afecto, que como mujer experimento una deuda. Es usted un luchador contra el machismo y el clericalismo pero pienso que no se ha avanzado suficientemente en aprovechar la riqueza de las mujeres que componen gran parte del Pueblo de Dios”, escribió.

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Nacida en Buenos Aires en 1951 y residente en Roma desde 2013, Zervino, consagrada, conoce a Jorge Bergoglio desde hace tiempo. Tal como contó a LA NACION, tiene trato con él desde sus tiempos de presidente de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), cuando ella era directora institucional de la Comisión de Justicia y Paz de la CEA.

En su carta abierta, en la que ante todo le agradeció al Papa por escuchar el grito de los pobres y del Planeta en la encíclcia Laudato Sí , porque “discernió la clave para enfrentar las problemáticas de nuestro mundo sumido en una tercera guerra mundial en etapas” en Fratelli tutti y por su pasión por las familias demostrada en Amoris laetitia, Zervino recordó que “ya existe una teología de la mujer con múltiples elaboraciones”. Y que está “probada la idoneidad de las mujeres en la sociedad civil, en la economía, la salud, la educación, el cuidado del planeta, la defensa de los derechos humanos y tantos otros campos, obviamente, así como en la familia y la catequesis”. Luego de subrayar que su mensaje “no deseaba ser reivindicativo”, explicó que la cuestión no era la de “ocupar cargos para quedar ‘como floreros’, de adorno, porque está de moda nombrar mujeres ni tampoco se trata de alcanzar puestos para ‘trepar’ a posiciones de poder”.

“No. Se trata de servir a la Iglesia con los dones que el Padre Creador nos ha dado: una peculiar inteligencia y sensibilidad, una afectividad y particular capacidad para la gestación y formación de personas y una especial aptitud para la generación de bienes relacionales”, siguió. “Ojalá el deseo expresado por usted acerca de que las mujeres integren junto a los hombres los equipos de toma de decisiones deje de ser considerado una utopía y pase a ser algo habitual en la Iglesia”, agregó.

Y, cual Martin Luther King, le confesó un sueño. “Sueño con una Iglesia que tenga mujeres idóneas como jueces en todos los tribunales en que se tramitan causas matrimoniales, en los equipos de formación de cada seminario y que ejerzan ministerios tales como el de la escucha, de la dirección espiritual, de la pastoral de la salud, del cuidado del planeta, de la defensa de los derechos humanos, etc., para los que, por nuestra naturaleza, las mujeres estamos igual o a veces mejor dotadas que los hombres”, planteó.

En este sentido, explicó que no sólo se refería a consagradas como ella, sino a las muchísimas laicas presentes en todas las regiones del globo que ya están listas para servir. Y fue más allá: “sueño con que, durante su pontificado, usted inaugure junto a los sínodos de obispos, un sínodo distinto: el sínodo del Pueblo de Dios, con proporcional representación del clero, de los consagrados y las consagradas y de los laicos hombres y las laicas mujeres”. “Ya no nos alegraremos solo porque una mujer vote por primera vez sino porque muchísimas laicas preparadas, en comunión con todos los demás miembros de dicho sínodo habrán dado su aporte y su voto que contribuirá a las conclusiones que se depositarán en sus manos”, añadió, al aludir a la reciente designación como subsecretaria del Sínodo de Obispos a la hermana javeriana francesa Nathalie Becquart, que pasó a ser la primera mujer que llega a este cargo y que tendrá derecho a voto. En el último sínodo de Obispos sobre la Amazonía varias voces de protestas se levantaron de parte de mujeres que protestaron por su escasísima representación y su imposibilidad de votar.

Zervino, que escribió la carta con terminología lunfarda, que también suele utilizar el exarzobispo de Buenos Aires, cerró la misiva apostando a que “seguramente usted ya tiene esta ‘carta en su mazo’ para poner en práctica la sinodalidad y espera el momento oportuno para ponerla en juego”. “Le aseguro, querido Papa Francisco, junto a las comunidades de las que formo parte, la Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas (UMOFC) y la Asociación de Vírgenes Consagradas Servidoras - fundada en su diócesis de origen, Buenos Aires, por el siervo de Dios Padre Luis María Etcheverry Boneo -, nuestra oración, encomendándolo a María”, indicó. Y concluyó asegurándole su compromiso a reflexionar más profundamente, unida a millones de mujeres católicas, sobre sus enseñanzas para ponerlas en práctica. “Le confieso que cada mañana cuando me levanto me pregunto: ¿con qué nos va a sorprender hoy el Papa? Gracias por abrir tantas vías a la Iglesia. Y agradezco a la divina Providencia por esto y mucho más recibido a través suyo durante estos primeros ocho años de pontificado”, concluyó.