Las pasiones deambulan sin cubrebocas en el Senado

CIUDAD DE MÉXICO, junio 30 (EL UNIVERSAL).- A gritos, la senadora panista Martha Cecilia Márquez Alvarado reprocha a Morena que, a lo largo de la emergencia sanitaria, el Senado nada ha llevado a cabo a favor del combate al Coviud-19, ni en atención y apoyo a los enfermos y los que se pueden contagiar del coronavirus.

Ha reservado tres artículos del dictamen de la Ley de Infraestructura de la Calidad, y ha ido al podio del lado izquierdo del salón, a diferencia de que los panistas siempre ocupan el lado derecho.

"¿Qué hemos hecho en el Senado por el Covid-19?", pregunta la senadora de Acción Nacional por Aguascalientes. Sube el volumen de su voz: "¡Nada!".

Reprocha a la bancada de Morena "renuncien, tienen mayoría y no han hecho nada por los mexicanos, mientras el país se encuentra en llamas y al borde del colapso, derivado de lo que algunos llaman, erróneamente, 'transformación'".

En la agenda de asuntos de la senadora Márquez Alvarado figura la defensa de los niños con cáncer, que resienten la falta de medicamentos.

Acusa que "Morena y sus senadores minimizan el derecho de los mexicanos a exigir medicamentos. Allá afuera hay gente que no tiene medicamentos, dicen que son parte de la mafia del poder".

Luego les dice: "Explíqueme usted, senador, senadora, cómo un niño, un menor de edad es parte de la mafia del poder. ¿Cómo un niño con cáncer, sin medicamentos por más de un año, es parte de la mafia del poder? ¿Cómo? ¿Cómo se les ocurre pensar esto?

Margarita Valdez Martínez, de Durango, desde su escaño en la bancada de Morena pide al presidente en funciones de la mesa directiva, Salomón Jara, que la panista debiera exponer sobre reservas al dictamen en curso, pero acusa: "Jamás he manipulado la enfermedad de nadie".

En apoyo de su compañera Márquez Alvarado, interviene el veracruzano Julen Rementería del Puerto, y dice a la izquierda del salón que la senadora puede exponer sus reservas como guste, aunque no le gusten sus argumentos a algunos.

Hace ocho horas el patio del Senado era como un templo de la armonía. Los coordinadores y sus alfiles parlamentarios celebraban la unanimidad con la que habían calificado los seis dictámenes, listos ya para ser debatidos y votados en sesión extraordinaria.

Por si hubiera dudas, abrieron un torneo de reconocimientos mutuos a los méritos de los grupos parlamentarios de los senadores, que lograron ponerse de acuerdo en cuatro reformas a ordenamientos, más una ley nueva de pé a pá.

Aquello daba destellos de ser la Arcadia mexicana, todos complacidos y orgullosos, en torno de Ricardo Monreal Ávila, con la posición adecuada para convocar a los acuerdos senatoriales, que costaron largos días de diálogo político y trabajo técnico para aterrizar en buenos resultados.

Todos con tapabocas (Monreal usaba sólo careta plástica), entraron al salón de sesiones donde disentir es parte de la construcción del lugar. Y así lo hace el senador sin bancada Emilio Álvarez Icaza, quien anuncia el sentido de su voto en todo: En contra, porque el tratado de libre comercio es una simulación que perpetúa la pobreza, que hoy asume la izquierda que antes estuvo en contra de aquel acuerdo de 1994, que fenece y da paso al T-MEC.

Sorprende que la panista Martha Cecilia Márquez Alvarado también vote en contra del primero de los cinco temas del paquete del T-MEC que debe votar esta sesión extraordinaria.

Pasan las horas, y por ahí de las 20:30 horas es cuando el senador por Oaxaca da turno a la intervención de la senadora Márquez Alvarado.

Lucía Meza Guzmán, senadora morenista por Morelos, la izquierda de Eduardo Ramírez Aguilar, a cargo en ese momento de la conducción de su grupo, pide a Jara Cruz que imponga su autoridad y que la panista se ciña a la ley.

Continúa la senadora Márquez Alvarado con el tema Covid-19, y acusa que "la gente no puede seguir muriendo; los doctores no pueden seguir muriendo", a causa de la epidemia.

Les ha dicho que "se sienten intocables, ante cualquier crítica demuestran su intolerancia dictatorial". Y hacen por pararla.

Interviene el senador por Puebla, Alejandro Armenta, en ánimo de que la interrupción a la oradora disminuya su enjundia. "Que concluya", pide.

De hecho, la aguascalentense toma vuelo con señalamientos a "este gobierno corrupto, de ricos y corruptos".

Frente a ella está una cartulina y le retira un papel y se ven retratos del director de la CFE, Manuel Bartlett Díaz; el secretario de Salud, Jorge Alcocer Varela; la secretaria de la Función Púbica, Eréndira Sandoval Ballesteros.

Dice que "Esto no puede seguir así, no es justo y no lo merecemos. A ti, mexicano, te digo: No te acostumbres a esto. Y a nosotros, senadores, hagamos algo, por favor".

Márquez Alvarado ha hablado a todo pulmón y regresa a su escaño. Más adelante Antares Guadalupe Vázquez Alatorre, campeona de ironía, tiene turno de su bancada a reaccionar, y dice que hay quienes padecen de la enfermedad de neoliberalismo.

"Desequilibra a las personas, las enferma de odio. Se ponen mal. Por lo visto es una enfermedad incurable, y de ser neoliberales extremos, de defender todos los preceptos del FMI, de repente se convierten en populistas".

La senadora Vázquez señala: "Es muy importante destacar que todos esos discursos incendiarios, llenos de odio, y que hace todo un teatro, que están carentes de sustancia, que son puro cascarón, oropeles".

Así va el día en que las pasiones deambulan en el Senado sin cubrebocas.