El Paseo Real de las Chimeneas Gigantes dedica la 20 edición a los médicos hondureños

Agencia EFE
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Trinidad (Honduras), 26 dic (EFE).- La pandemia de covid-19 ha privado a los hondureños de muchas cosas, pero no de conmemorar el 20 aniversario del Paseo Real de las Chimeneas Gigantes, que desde 2001 se celebra en Trinidad, departamento de Santa Bárbara, en el oeste de Honduras, este año dedicada a los médicos.

"Para ellos, todo el personal médico, las enfermeras, camilleros, todo el personal de salud, que tengan un abrazo chimenero", dijo a Efe Delmer López, gestor y productor del Paseo Real de las Chimeneas Gigantes, que este año, por la pandemia de covid-19, se ha limitado a la elaboración de solamente dos estructuras, que han sido quemadas esta noche.

ESCULTURAS NO PUDIERON RECORRER LA CIUDAD POR LA COVID-19

Las dos esculturas son un enorme águila y un médico de la peste negra, que va en una especie de un pequeño galeón casi medieval, explicó López.

El águila desciende con sus alas extendidas para levantar la bandera en azul y blanco, de Honduras, cual ave fénix, como un símbolo de esperanza de un pueblo hondureño para que se levante entre la destrucción y muerte que le han dejado las tormentas Eta e Iota, en noviembre, y la pandemia de covid-19, desde marzo, que ya ha causado más de 118.000 contagios y 3.061 fallecidos.

Las dos chimeneas fueron elaboradas por los artistas hondureños en el campo de fútbol de Trinidad, donde también fueron quemadas, este año sin poder pasearlas por el pueblo, debido a la pandemia, y sin público en el sitio de la quema, por la misma razón.

Para que propios y extraños siguieran la actividad cultural, que se inició el pasado día 24 e incluyó conferencias virtuales, y cerró hoy, sus promotores han hecho uso de las redes sociales.

El médico de la peste negra "sin duda alguna se parece a nuestros médicos y personal de salud, que está trabajando a puras uñas, a tientas", recalcó el artista, al recordar las múltiples limitaciones que ha tenido el personal sanitario en los hospitales públicos para enfrentar la pandemia de covid-19.

Recordó además, que de siete hospitales móviles, comprados a un coste de casi 48 millones de dólares, entre marzo y abril en Turquía, en una operación salpicada por denuncias de presunta corrupción, solamente uno está operando.

"Este año, atípico, estamos cumpliendo 20 años, en los que hemos querido mostrarle al mundo que somos capaces de resistir y dar ese paso de fe para que la vida aún contemple dentro de su sentimiento la alegría", expresó López frente a las dos chimeneas gigantes.

Añadió que este año han querido "rescatar al país para renacer, ya que hemos sido atacados por la pandemia de covid-19 y los huracanes Eta e Iota, y homenajear a nuestros médicos".

En otros años, el colectivo cultural de Trinidad ha elaborado hasta más de diez esculturas, las que son quemadas en la misma semana que son hechas.

LAS CHIMENEAS UN GESTO DE REBELDÍA

El médico Bairon Alfonso Paz recordó en un artículo que en diciembre de 2000, "un pequeño gesto de rebeldía entre la alegría de las fiestas, se convirtió en ese aletear de mariposa que provocaría un vendaval en los años venideros. Un temporal de los buenos por supuesto, ya que la consigna de ese gesto, tenía afanes profundos, el rescate cultural y la proyección artística de Trinidad, Santa Bárbara".

"Heredero de una tradición que en ese diciembre, sustituían la televisión, el naciente Internet y la alienación cultural, Delmer López se ató los zancos y con paso resuelto elevó en canto la proclama -para algunos, pretenciosa- de rescatar nuestra cultura debilitada", añadió.

Al año siguiente, señaló, el pueblo disfrutó el primer evento a manera de piedra en el muro o el zapato, según se interprete, de todo un movimiento; los cuadros vivos de la pasión y muerte de Jesús. Un evento memorable dirigido por Leonardo Montes de Oca y que sería el semillero de todos los actores fundadores de Teatro La Siembra, nacido también de un acto de rebeldía juvenil".

Al acabar con los cuadros vivos, los artistas comenzaron a elaborar una lista de tradiciones que anhelaban rescatar, entre ellos los nacimientos navideños de diciembre, los monigotes del "Año viejo", las mojigangas y así sobresalió el rescate del día de las chimeneas.

"Coincidimos en ese amor por las hogueras que el 8 de diciembre se encendían frente a las casas de nuestra infancia, la búsqueda del ocote, el humo aromático y las carreras de los niños quemando cohetillos por todo el pueblo, así recordábamos el día de la inmaculada, de esa manera amábamos la memoria de nuestra tradición", subrayó Paz.

Aquel movimiento cultural nacido en 2000 comenzó luego a convocar a un concurso por barrios de Trinidad para elaborar la mejor chimenea.

"El paseo Real de las Chimeneas Gigantes, había nacido; año con año se fue mejorando en calidad y esmero; se introdujo técnicas como el papel maché, el alambre galvanizado y la pintura en aerosol con diseños cuidadosos y documentados. Vino también la parte menos conocida y que supone la mitad del alma chimenera: la puesta en escena teatral que da justificación y explica la quema", enfatizo Paz.

Agregó que sin esa representación teatral y su guión, las chimeneas son tan solo estructuras, piñatas gigantes, pues el espíritu de rebeldía se concreta con la quema y la razón contestataria que la sostiene.

"Somos, a fin de cuentas, un movimiento cultural que basa su voz en la acción dramática teatral, plasmadas en aquella siembra", indicó Paz, quien también señaló que el camino de 20 años recorridos no siempre ha sido llano, ha habido enemigos gratuitos y encontrados, pero también aliados incondicionales, amigos, hermanos y seguidores contados a miles dentro y fuera de las dimensiones patrias".

Este 2020, Trinidad lo esperaba "con ansias para celebrar nuestro vigésimo aniversario, que en cambio nos trajo la calamidad de la pandemia. Dolor, muerte, restricciones, limitaciones de aforo y festejo con un brutal deterioro hacia el desastre social, sanitario y económico de nuestra maltrecha nación", acotó el galeno.

En su opinión, la covid-19 ha venido a desnudar del todo el abandono del pueblo hondureño "frente a una estructura estatal fallida", pero en mitad de tanta desgracia, "siempre encontramos luminarias que resueltas alumbran la delgada esperanza que nos alienta".

"Entre grandes ejemplos de solidaridad y entrega destaca una de las principales hogueras que nos mantiene vivos: los médicos, un gremio castigado por la carencia de apoyo y protección y los verdaderos soldados de esta guerra virológica. Muchos han caído en la batalla, otros siguen enfermando pero nadie puede negar que continúan exponiendo su integridad vital en la protección de una sociedad desamparada", expresó Paz.

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