Pasaporte de vacunas: ¿camino de vuelta a la normalidad o nueva complicación?

LA NACION
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LONDRES.- Los gobiernos y planificadores de todo el mundo están analizando la posible utilidad de un "pasaporte de vacunas" como forma de reabrir la economía a través de la identificación de quienes están protegidos del coronavirus.

Sin embargo, los desarrolladores de esa posible herramienta señalan que su uso no estará exento de consecuencias, como la posible exclusión de toda participación social de grupos enteros de la población, y advierten que los legisladores deberían pensar seriamente su mecanismo de implementación.

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El sector turístico y del entretenimiento, que durante todo 2020 funcionaron prácticamente a pérdida debido al distanciamiento social, son los más interesados en la idea de ese "pasaporte" como forma expeditiva de saber quién está inmunizado contra el coronavirus.

Entre las empresas que están desarrollando esas herramientas están la biométrica iProov y la firma de ciberseguridad Mvine, que han armado un pasaporte sanitario que está en fase de prueba dentro del Servicio Nacional de Salud de Gran Bretaña, país que financió el desarrollo.

El fundador y CEO de iProov, Andrew Bud, cree que un pasaporte de vacunas, en realidad, necesita consignar solamente dos datos.

"Primero tiene que decir si el portador del pasaporte fue vacunado, y segundo, tiene que incluir una foto para verificar que coincide con el portador del documento", señaló. O sea que en realidad lo único que hace falta es hacer coincidir una foto con un estatus vacunatorio: no es necesario saber la identidad de la persona.

La confirmación del estatus de vacunación de los clientes ayudaría a ponerse en pie a la economía de las actividades nocturnas, que tan solo en la ciudad de Manchester, en el norte de Inglaterra, emplea a más de 420.000 personas. "Tenemos que ir viendo cómo volvemos a la normalidad", dice Sacha Lord, asesor de la industria nocturna y cofundador del festival de música Parklife, que se realiza en esa ciudad.

Aunque durante 2020 se experimentó con el distanciamiento social en conciertos y eventos, Lord señala que en ningún caso resultaron ser comercialmente viables. "Ni un recital es un recital, ni un festival es un festival si no estás saltando hombro con hombro con tus amigos", dice Lord.

"Creo que no se puede obligar a la gente a tener un pasaporte de vacunas. Tendría que ser optativo. Pero para entrar a un evento, si no tenés el pasaporte, tendrían que dar una alternativa", agrega Lord, y sugiere usar los testeos rápidos.

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Andrew Bud dice por su parte que algunos países extienden certificados de vacunación, y que en Estados Unidos se usaron pases de salud del sector privado para permitir el ingreso de asistentes a eventos deportivos.

"Pienso que los certificados de vacunación plantean grandes problemas sociales y políticos. Nuestro trabajo es proveer la base tecnológica para que esos pasaportes y certificados sean posibles, pero no nos corresponde a nosotros juzgar si es una buena o mala idea", se ataja Bud.

Entre los posibles problemas que pueden plantearse están la discriminación, los privilegios y la exclusión de la generación de los más jóvenes, que serán los últimos vacunados, dice Bud. "Tengo entendido que el gobierno lo está analizando muy cuidadosamente y desde todos los ángulos", señala.

Agencia Reuters

(Traducción de Jaime Arrambide)