Partido de la selección cubana de béisbol en Miami revive viejas batallas políticas

Estudio Revolución /Oficina de la Presidencia de Cuba

¿Los jugadores de béisbol que visten el uniforme de la selección cubana representan al gobierno de Cuba, representan al pueblo de la isla? ¿Pueden los exiliados conciliar su oposición a la dictadura con su pasión por el juego?

Las preguntas tienen ya décadas pero vuelven a estar en el centro de una acalorada controversia a ambos lados del estrecho de Florida que también ha vuelto a dividir a la comunidad cubanoamericana en Miami.

Un equipo nacional de Cuba con jugadores de la isla y otros con contratos en ligas extranjeras, incluidos cuatro de las Ligas Mayores, se dirige a Miami para competir en una semifinal del Clásico Mundial de Béisbol el domingo.

Tras años de penosas derrotas en los principales torneos internacionales, la victoria del equipo de Cuba sobre Australia el miércoles ha vuelto a poner al país en la cima de su juego. El hecho de que el equipo de Cuba ahora juegue en Miami, hogar de la comunidad cubanoamericana más grande de Estados Unidos, se suma a un debate ya acalorado sobre la participación por primera vez en la historia de estrellas de las Grades Ligas en el equipo nacional cubano.

Ya hay protestas planeadas y los políticos locales han criticado la decisión de permitir que los jugadores de Cuba vengan a jugar a los Estados Unidos.

Aquí hay una guía para comprender el debate y lo que podría ver en sus pantallas de televisión el domingo (7 p. m., FS1) cuando el equipo de Cuba salte al campo en el loanDepot Park en La Pequena Habana.

¿Qué originó la polémica?

Durante décadas, el gobernante cubano Fidel Castro calificó a quienes abandonaban la isla con la esperanza de convertirse en jugadores profesionales como “traidores” a quienes no se les debería permitir regresar al país. Y muchos todavía no pueden: a Yuli Gurriel, el ex tercera base de los Astros de Houston que recientemente firmó con los Marlins, no se le permitió entrar a Cuba el año pasado.

Pero eso no detuvo la fuga de talentos, ya que los bajos salarios y las malas perspectivas empujaron a algunos de los jugadores más prometedores a emigrar, a veces arriesgando sus vidas en el mar o a merced de los contrabandistas.

Debido a que los jugadores de béisbol que desertaron fueron vistos como contrarrevolucionarios, las autoridades cubanas del béisbol se resistieron activamente a la idea de un equipo nacional unificado que incluyera jugadores que viven en el extranjero. Existe una regla no escrita que prohíbe regresar a la isla a los jugadores que deserten de la selección nacional, que recientemente se redujo de ocho años a cinco. Muchas estrellas cubanas de las Grandes Ligas se retiraron sin poder vestir nunca la camiseta del equipo Cuba. Pero las cosas cambiaron en noviembre pasado cuando la Federación Cubana de Béisbol contactó a un pequeño grupo de jugadores de las Grandes Ligas ara preguntarles si querían ser parte del equipo nacional, aunque muchas de las principales estrellas no fueron invitadas o se negaron a participar.

Al final, solo cuatro —Luis Robert Jr. y Yoán Moncada de los Medias Blancas de Chicago, Roenis Elías de los Cachorros de Chicago y Yoenis Céspedes, quien jugó por última vez en las mayores con los Mets de Nueva York en 2020— dijeron que sí, abriendo un nuevo capítulo en la historia del béisbol que ha provocado fuertes reacciones entre exiliados cubanos, exjugadores y políticos de Miami.

Lo que están diciendo

Muchos exiliados cubanos rechazan rotundamente la visita de la selección de Cuba a Miami, argumentando que los jugadores son cómplices de las autoridades de la isla. Castro eliminó el béisbol profesional, por lo que los jugadores en la isla reciben un salario estatal. El gobierno ha utilizado durante mucho tiempo el béisbol con fines políticos y de propaganda. El momento de la visita también coincide con la renuencia de las autoridades cubanas a liberar a más de mil presos políticos a pesar de las solicitudes del Vaticano, la Unión Europea y la administración de Joe Biden.

“Esta no es una protesta contra el Clásico Mundial”, dijo el influencer de YouTube Alexander Otaola en su programa el jueves, hablando de las protestas planeadas para el domingo. “Lo estamos haciendo para que el equipo que viene aquí representando a la dictadura entienda que no nos gustan los cómplices”.

A algunos beisbolistas cubanos en activo y retirados de las Grandes Ligas que tuvieron que abandonar a sus familias para venir a jugar a Estados Unidos les cuesta aceptar este repentino cambio, y han dirigido sus críticas hacia el gobierno cubano.

“Cuando me fui era el traidor, el gusano, el vende patria. Deberían respetarse pues después de lo que hicieron con todos nosotros, quieren ahora que vayan a jugar”, dijo el relevista de los Reales de Kansas City, Aroldis Chapman, al blog sobre deporte cubano Swing Completo. “Yo no tengo resentimiento ninguno. A veces me hablan, me escriben, me comentan en redes sociales sobre estos temas de Cuba de que si hacer el equipo solo representa al pueblo. Pero yo no pienso así”.

Edilberto Oropesa, un ex lanzador cubano que jugó en las Grandes Ligas de 2001 a 2004, dijo que no está de acuerdo con quienes aceptaron la invitación del gobierno cubano para unirse a la selección nacional pero respeta su decisión. “Es un país de libertad”, le dijo al Miami Herald.

También cree que los jugadores de la isla no tienen mucho margen para disentir si han decidido quedarse a vivir allí. “Los que han estado en el equipo de Cuba saben que tenían que hacer lo que ellos [los funcionarios del gobierno] dicen”, agregó Oropesa.

El año pasado, Oropesa y otros exiliados cubanos crearon la Asociación de Beisbolistas Profesionales Cubanos e intentaron armar un equipo de cubanos que juegan en ligas profesionales en distintos países que pudiera representar a la isla en el Clásico Mundial de Béisbol. Pero los organizadores del Clásico Mundial de Béisbol no lo permitió porque sus reglas otorgan tales derechos solo a las federaciones nacionales.

El ex lanzador rechazó a quienes aducen que la política no debe mezclarse con el deporte.

“Ellos fueron los que metieron la política desde 1959 cuando quitaron el béisbol profesional”, dijo, hablando del gobierno cubano. “Es algo maquiavélico que están haciendo por sus intereses porque están ahogados económicamente y necesitan mostrarle al mundo y a los americanos que están cambiando. Pero ¿qué cambio, si es el mismo gobierno?”.

Otros activistas cubanos, sin embargo, dijeron que el hecho de que el béisbol sea un pasatiempo nacional y una de las pocas actividades que la mayoría de los cubanos todavía pueden disfrutar en la isla es más importante que el uso político del de ese deporte por parte del gobierno.

“A mi me importa más que mi familia y la fanaticada beisbolera cubana en general tenga unas horas de alegría con la pelota que toda la propaganda populista e ineficiente que está haciendo el Partido Comunista con unos peloteros que en su mayoría lo desprecia en el fondo de su alma,” dijo la activista cubana Saily González.

La reacción de los políticos locales

El congresista estadounidense Mario Díaz-Balart, republicano por Miami, envió el jueves una carta al Secretario del Departamento de Estado, Antony Blinken, solicitando información sobre los funcionarios del gobierno cubano que suelen viajar con las delegaciones deportivas oficiales para brindar seguridad y evitar que los atletas deserten.

Dado que la administración de Biden autorizó a los jugadores cubanos de las Grandes Ligas a unirse al equipo de Cuba, también exigió una explicación sobre la decisión y cómo “fomentar una mayor explotación de los jugadores de béisbol cubanos es consistente con la política de Estados Unidos para prevenir la trata de personas y evitar que los ingresos enriquezcan a los opresores del pueblo cubano”.

El viernes, el alcalde de Hialeah, Esteban Bovo, calificó al equipo de Cuba que viene a Miami como “la mayor falta de respeto a toda la comunidad de exiliados cubanos.

“Estoy indignado y apoyo a las familias de los presos políticos que actualmente están siendo torturados en las cárceles del régimen sin poder ver a sus familias”, dijo Bovo. “Apoyo a la oposición y a todos aquellos que expresan pacíficamente su opinión sobre el juego de béisbol”.

Lo que está haciendo el gobierno cubano

Como era de esperar. las autoridades cubanas están aprovechando la oportunidad para utilizar al equipo como una distracción en un momento difícil para una población que lucha contra la escasez de alimentos y el aumento de la represión. También lo han utilizado para una campaña de propaganda para promover los sentimientos nacionalistas, aumentar la participación en las próximas elecciones generales y presentar a los exiliados cubanos como “odiadores”.

Como parte de la campaña, el equipo fue renombrado como “Team Asere”, un término cubano informal similar a amigo, y varias cuentas vinculadas al gobierno lo están usando como etiqueta en las redes sociales. Hay una canción y un video producido por el gobierno que el gobernante cubano, Miguel Díaz-Canel, tuiteó el viernes. Él gobernante despidió a los jugadores en una ceremonia oficial antes de que se dirigieran a un entrenamiento en Japón el mes pasado y ha tuiteado con frecuencia sobre el tema. Las cuentas del gobierno cubano en las redes sociales también han mencionado al equipo en la propaganda para las próximas elecciones, en las que solo pueden participar los candidatos del Partido Comunista.

Al mismo tiempo, los medios estatales cubanos impulsan la narrativa de que la selección nacional de béisbol podría ser una fuerza unificadora y que quienes la critican desde Miami están movidos por el odio.

¿Qué podría pasar el domingo en el estadio?

Otaola ya ha instado a sus seguidores a traer carteles que critiquen al régimen cubano al juego y participar en “protestas pacíficas” fuera del parque loanDepot el domingo. Kenia Fallat, directora de comunicaciones de la ciudad de Miami, dijo que la ciudad había otorgado al menos dos permisos para protestas cerca del estadio.

En su programa de YouTube, Otaola dijo el jueves que personalmente ha gastado una cantidad significativa en entradas para asientos en “áreas estratégicas” alrededor del estadio, para que el público en Cuba que vea el partido por televisión pueda ver los carteles con mensajes antigubernamentales. También dijo que está haciendo arreglos para que Patria y Vida, la canción que se ha convertido en un símbolo de las protestas contra el gobierno, pueda ser escucha entre las entradas del juego.

Varias organizaciones de exiliados que integran la Asamblea de Resistencia también darán una conferencia de prensa cerca del estadio el domingo por la mañana.

Si bien quienes convocaron a las protestas han insistido en que serán pacíficas, en el pasado ha habido escaramuzas entre atletas cubanos, funcionarios deportivos y exiliados. Por ejemplo, en 1989, el atleta olímpico cubano Alberto Juantorena chocó con algunos manifestantes en un evento de campo y pista en Fort Lauderdale. Una década después, en 1999, varios peloteros cubanos golperon a un cubano exiliado que evadió la seguridad y entró al campo con un letrero que decía “Los derechos humanos primero” durante los Juegos Panamericanos en Winnipeg, en Canadá.

Después de mostrar un video del incidente el jueves, Otoala dijo: “Este es el deporte revolucionario”.

El reportero de deportes de El Nuevo Herald Jorge Ebro contribuyó a esta historia.