Los parques para perros son malos

Sassafras Lowrey
De hecho, los parques para perros son malos. (Molly Fairhurst/The New York Times).

Los parques para perros quizá parezcan buenas adiciones a la comunidad, pero están plagados de problemas… para ti, y para tu perro. Esto es lo que debes saber antes de ir a uno.

Todas las mañanas, con sol, lluvia o nieve, la gente está ahí de pie, platicando con desconocidos mientras sus perros se persiguen, corren y conviven. Con una infraestructura que va desde elaborados patios de juego cercados y campos ondulantes hasta espacios más pequeños en el centro de la ciudad, los parques caninos son de las instalaciones públicas de más rápido crecimiento en el país. La organización Trust for Public Land reveló que ha habido un aumento del 40 por ciento en el desarrollo de parques para perros desde 2009.

El primer parque canino en Estados Unidos fue el Ohlone Dog Park, que fue fundado por Martha Scott Benedict y Doris Richards en 1979 en Berkeley, California. Desde entonces, los parques para perros se han convertido en instalaciones públicas comunes en ciudades en desarrollo y vecindarios suburbanos de todo el país, pero ¿en realidad son buenos para los perros? Sorprendentemente, los expertos en conducta canina no están tan seguros.

De acuerdo con una encuesta realizada en 2018 por la Asociación Nacional de Parques y Recreación (NRPA, por su sigla en inglés), el 91 por ciento de los estadounidenses creen que los parques para perros aportan beneficios a sus comunidades. Este fue el caso particular de los millennials y los miembros de la generación X, quienes reconocieron de manera contundente que este tipo de instalaciones públicas eran beneficiosas. Según el estudio, las dos razones principales por las que los encuestados apoyaban los parques caninos eran las siguientes: un 60 por ciento de ellos pensaba que eran un lugar seguro para que las mascotas se ejercitaran y anduvieran en libertad, y un 48 por ciento creía que eran importantes porque permitían a los animales socializar.

En particular, para los perros citadinos que no tienen jardines donde correr, los parques caninos pueden parecer una gran idea. Sin embargo, no hay nada de natural en poner a perros que no se conocen a interactuar en grandes grupos y esperar que jueguen juntos. Muchos de nosotros aceptamos la suposición de que estos espacios son ideales para que socialicen, pero eso quizá no sea cierto.

El mito de la socialización

No hay nada de natural en poner a perros que no se conocen a interactuar en grandes grupos y esperar que jueguen juntos. (Foto: Getty Images).

Nick Hof, adiestrador certificado de perros y presidente de la Asociación de Entrenadores Profesionales de Perros (APDT, por su sigla en inglés), explicó que, al hablar de comportamiento canino, el término “socialización” no se trata solo de la interacción entre animales, o que un perro “socialice” con otros perros, sino del “proceso de exponer a cachorros jóvenes con menos de 20 semanas de nacidos a nuevas experiencias”.

“Esto les ayuda a tener más confianza y adaptarse a nuevas situaciones”, dijo Hof.

Si bien, la socialización es crucial para el desarrollo saludable de los cachorros, el parque canino no es el lugar ideal para que el tuyo aprenda a interactuar apropiadamente con otros perros, agregó Hof.

“Los parques para perros no son un lugar seguro para que un cachorro de menos de seis o doce meses socialice”, continuó. “Durante sus primeros meses de vida es más sensible a las experiencias, así que un amigo alborotador que lo saluda en el parque quizá sea suficiente para que nuestro cachorro se sienta inseguro con todos los perros”, explicó Hof.

El objetivo de la socialización para cachorros pequeños es garantizar que solo tengan interacciones positivas, y evitar aquellas que sean abrumadoras o aterradoras. En vez de llevar a los cachorros a un parque canino para que socialicen, Hof exhorta a los dueños a inscribirlos en clases especiales donde puedan conocer a otros compañeros de juego de su edad.

Socializar con perros más viejos es un poco más difícil pues, en términos de comportamiento, estos ya han vivido todas sus experiencias formativas de socialización. Por lo general, sus dueños tienen buenas intenciones cuando llevan a una mascota tímida al parque con la esperanza de que tenga interacciones positivas con otros perros. Por desgracia, esto puede resultar contraproducente; un perro que está nervioso o incómodo es más propenso a sentirse abrumado en un parque, lo cual puede provocar peleas entre canes o un miedo a largo plazo de encontrarse con otros de su especie. Los parques también son lugares donde los perros pueden adoptar malos hábitos ajenos, y definitivamente no es un sitio adecuado para un animal que socializa poco.

Los bravucones del parque

A pesar de que los perros son animales sociales y suelen jugar de distintas maneras, el montaje artificial de un parque canino puede ser desafiante. Mucha gente trae a sus mascotas a este lugar para que agoten su exceso de energía, pero suelen estar muy exaltadas y se comportan de maneras maleducadas que pueden incitar a pleitos entre perros. Heather B. Loenser, alta funcionaria de veterinaria en la Asociación Estadounidense de Hospitales para Animales (AAHA, por su sigla en inglés) advirtió que “desafortunadamente, el hecho de que el dueño crea que su perro juega bien con otros, no significa que siempre sea así”.

Llevar a tu mascota al parque implica confiar en que todos los dueños están supervisando a sus perros, y saben reconocer cuando este debe o no estar en el parque en primera instancia. Ese es un enorme voto de confianza para un completo desconocido.

A diferencia de las pensiones caninas o los grupos de juego, la mayoría de los parques para perros son espacios públicos que no cuentan con la evaluación ni supervisión de profesionales caninos.

Esto puede volverse un problema cuando nuestros perros aprenden conductas inapropiadas de sus peleas con otros perros. “Las malas experiencias también pueden desbordarse y causar que nuestros perros tengan problemas o inquietudes fuera del parque canino”, comentó Hof, y agregó que es posible que aprendan malos hábitos en los parques, como ser agresivos al momento de convivir o jugar con otros canes. Por otro lado, los perros que se sienten abrumados con el bullicio de otros quizá se vuelvan retraídos, asustadizos y nerviosos en presencia de otros de su especie dentro y fuera del parque.

Lesiones

Uno de los peligros más grandes que suponen los parques caninos es que, por lo general, no separan las áreas de juego para los perros grandes y los pequeños, o cuando sí lo hacen, los dueños tienen la opción de ignorar esas divisiones. Aunque no sea su intención, un perro grande fácilmente puede lastimar o incluso matar a un perro más pequeño.

Desde riñas inofensivas hasta incidentes graves, las lesiones son comunes en los parques para perros. Las heridas por mordedura son comunes, aunque los perros no hayan sido bruscos al jugar. Aunque la herida parezca pequeña, “acudan de inmediato al veterinario”, aconsejó Loenser.

Las mordidas que resultan de peleas o juegos normalmente conllevan un desgarramiento bajo la piel, lo cual puede ser difícil de curar, y podría implicar un mayor riesgo de infección. Las distensiones musculares y los esguinces generados por lanzarse o jugar bruscamente también son comunes. “Siempre que un perro gira rápidamente sobre sus patas traseras, también se arriesga a un desgarre, en particular del ligamento cruzado craneal en sus rodillas”, mencionó Loenser. Este tipo de lesiones de rodillas y ligamentos por lo general requieren de operaciones costosas y extensos periodos de curación y rehabilitación.

Enfermedades

Hasta los parques caninos más limpios y en buenas condiciones pueden plantear riesgos a la salud, sobre todo por la propagación de enfermedades que se transmiten con facilidad. Uno de los desafíos inherentes al hecho de que los parques caninos sean espacios públicos no regulados es que, si bien la mayoría cuenta con letreros que dicen que los perros deben estar vacunados, ninguno solicita pruebas de vacunación.

La Asociación Estadounidense de Hospitales para Animales recomienda que los dueños que lleven a sus mascotas al parque se aseguren de que tengan la vacuna contra la Bordetella, que previene “la tos de las perreras”, así como el moquillo. También deberían vacunar a sus perros contra la leptospirosis, ya que los tazones comunales de agua, los charcos y otros depósitos de agua en los parques pueden contener la bacteria Leptospira. Todos los perros deben estar vacunados contra la rabia, y los que frecuenten los parques caninos deben someterse a un tratamiento preventivo contra pulgas y garrapatas, así como tomar medicamentos durante todo el año para prevenir la enfermedad del gusano del corazón. Las mascotas que van a parques caninos también deberían estar vacunadas contra el virus de la influenza canina que puede contagiarse a través del aire.

Loenser advirtió que, aunque “las vacunas actuales contra la influenza cubren las cepas más comunes, si nuevas cepas aparecen o se mutan, estas vacunas quizá no proporcionen una protección cruzada”. Si eso llegara a ocurrir, los perros que visitan los parques caninos y están en contacto con una gran cantidad de perros que podrían o no estar vacunados, se arriesgarían a enfermarse.

Lenguaje corporal

La mayoría de los dueños no tienen la habilidad de interpretar el lenguaje corporal de sus perros más allá de cuando sacuden la cola, por lo tanto, las señales de advertencia de que tu mascota se siente incómoda, infeliz o enojada suelen pasar desapercibidas. Esto suscita riñas pequeñas y grandes entre perros. Entender el lenguaje corporal de tu perro es crucial para contribuir a su comodidad y seguridad, y para juzgar si un grupo de juego en el parque se llevara bien con él.

“El parque para perros no es lugar para que dejes a tu perro correr sin supervisión mientras tú socializas con otras personas”, dijo Hof. “Vigílalo y asegúrate de que se esté portando bien y que se esté divirtiendo”. Esto implica que observes las acciones y los comportamientos de tu perro y de los otros animales en el parque. Si las cosas se ponen demasiado intensas, es hora de irse.

No obstante, ¿qué debes observar exactamente? Loenser dice que algunas de las señales sutiles de miedo o agresión son “lamerse los labios, bostezar o jadear cuando no hace calor”. Otras señales de molestia o un posible problema son que su cuerpo se tense y su cola se erija. Si estás atento a estas señales tendrás la ventaja de intervenir en defensa de tu perro antes de que la interacción con otro se intensifique.

Incluso los perros que parecen estar jugando bien entre sí podrían estar en riesgo. “El juego sano entre perros debe incluir descansos o pausas breves”, comentó Hof. “Si no estás seguro de que todos los perros estén felices, te recomiendo que detengas al que parezca demasiado entusiasmado y veas qué hace el otro animal. Si el otro intenta volver a jugar, eso indica que todo estaba bien, pero si el otro perro sale corriendo, fue una buena idea detener la interacción”.

Así mismo, se debe evitar cualquier intento de que un perro inmovilice a otro. Los ladridos, gruñidos y otras vocalizaciones ocasionales son normales al jugar, pero los ladridos frenéticos generalmente son una advertencia.

Alternativas a los parques caninos

En un día favorable, si el parque canino al que vas es suficientemente grande, tu perro quizá logre cansarse físicamente. Pero la visita en realidad no le proporcionará la clase de estímulo enriquecedor que necesita a nivel mental y emocional. Por desgracia, los parques caninos en general están más diseñados para los humanos que para los perros.

Aunque sea agradable para los humanos tener la oportunidad de socializar con otros amantes de los animales mientras sus perros juegan, es mucho más seguro y divertido que tu mascota aproveche ese tiempo para interactuar deliberadamente contigo y sus alrededores en paseos, algún tipo de entrenamiento, una clase general de obediencia, o incluso en la práctica de un nuevo deporte. A fin de cuentas, tú eres el único que puede decidir si los riesgos superan a los beneficios de los parques caninos, pero no te avergüences de no querer que tu perro participe en lo que se ha convertido en la experiencia perruna urbana por excelencia: correr con docenas de desconocidos en un redil pequeño y oloroso mientras las personas están por ahí de pie, viendo sus teléfonos o chismeando. Haz que el tiempo que le dedicas a tu mascota sea significativo y enriquecedor; después de todo, tu perro también quiere pasar tiempo contigo.

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This article originally appeared in The New York Times.


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