Parques Nacionales: cientos de voluntarios eligen trabajar en el cuidado de las áreas protegidas

María José Lucesole

Parques Nacionales

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Agnese Trevisán llegó desde Milán, Italia. Dejó por una temporada su trabajo en una oficina en Suiza para trabajar al aire libre como voluntaria en el Parque Nacional Los Glaciares, en Santa Cruz. Acá, en el sur del continente, aprendió a cortar leña con una motosierra, a apagar fuego con una moto bomba, a quitar plantas exóticas y a construir bancos para visitas. "Servir aquí en uno de los lugares más lindos de la Argentina fue una experiencia enriquecedora", afirma.

Esta mujer de 27 años, que llegó desde Europa para realizar tareas en contacto directo con la naturaleza, es una de los cientos de voluntarios que trabajaron durante el último año ad honorem en las áreas protegidas de todo el país. Lo hacen por la experiencia. Y vale más que un salario, aseguran.

María Luz Quesada y Maximiliano Alquinta están haciendo su voluntariado en el Parque Nacional Sierra de las Quijadas

En su mayoría son jóvenes de entre 19 y 30 años. Pero también hay voluntarios de más de 30 y hasta 60 años. Casi todos se inclinan por ir a trabajar a los parques de la Patagonia: Los Glaciares y Los Alerces son los más elegidos; Iguazú, Talampaya, Esteros del Iberá y Calilegua le siguen en el orden de las preferencias.

Pese a que no cobran por las tareas y solo se les brinda conocimiento y aprendizaje, la mayoría dice que volvería realizar esta experiencia de contacto íntimo con la naturaleza.

Una de las tareas de María Luz y Maximiliano es el cuidado de los equinos que usan los guardaparques para el relevamiento de diversas áreas dentro del Parque

Maximiliano Alquinta, de 23 años, viajó a dedo desde Bariloche hasta San Luis para llevar adelante su segundo voluntariado. Llegó al Parque Nacional Sierra de las Quijadas con una pequeña mochila negra con ropa, una bolsa de dormir, una carpeta y una misión a cuestas: reunir experiencia y adquirir la mayor cantidad de habilidades para poder ingresar en febrero al Curso de Formación de Guardaparques en Embalse, Córdoba."Este voluntariado significa que valió la pena todo el sacrificio que vengo haciendo; es un paso más para poder seguir creciendo en lo que quiero ser el día de mañana: un guardaparque bien formado", sostiene.

Los voluntarios prestan su servicio durante un mes. El Estado les provee un alojamiento dentro del Parque Nacional, con habitaciones y baños compartidos, y un seguro contra accidentes de trabajo. Sin embargo, el costo del pasaje y alimentos corre a cuenta de cada postulante.

Ya se anotaron 888 personas para realizar su voluntariado durante esta temporada

El programa que promueve y regula el voluntariado dentro de los Parques Nacionales intenta imitar el modelo que lleva adelante Cascos Blancos. Al momento, hay 888 inscriptos en el sistema a la espera de ser convocados para realizar el voluntariado durante esta temporada. En la inscripción, que se hace a través de un formulario en internet, los interesados son consultados por su edad, estudios previos, habilidades que pueden aportar y las áreas protegidas que les resultan de interés para llevar a cabo la experiencia.

Entre los voluntarios predominan los estudiantes de Turismo, Ciencias Naturales, Geología y aquellos que están interesados en ingresar a la Escuela de Guardaparques. Pero también se inscriben estudiantes de Psicología, Derecho, Comunicación, o simplemente empleados que buscan tener nuevas experiencias.

Los voluntarios instalan una cámara trampa para el monitoreo de fauna, bajo supervisión del guardaparque Mariano Herrera Garcia. En Sierra de las Quijadas, el programa es coordinado por Pablo Waisman, el intendente del Parque Nacional

En el caso de María Luz Quesada, de 34 años, el voluntariado fue el complemento ideal de su profesión. En Ingeniero Juárez, al oeste de Formosa, se desarrolló como profesora de Biología en las comunidades wichí y toba. Y su trabajo en Sierra de las Quijadas le permitió poner en práctica parte de lo que durante años enseñó a sus alumnos: el respeto por la Naturaleza y el cuidado de la biodiversidad. "Cuando trabajás en un área protegida te involucrás más, te sentís parte. Es una experiencia super linda porque no solo aprendés lo que hace el cuerpo de guardaparques, sino todos los agentes que trabajan acá", sintetiza.

Las tareas que realizan son diversas: desde atención al visitante, mantenimiento de senderos, reparación de cartelería,recorridas por zonas de acampe y control de fogones, hasta colaboración en proyectos especiales. Por ejemplo, en la extracción de flora exótica, censos de aves o monitoreo de animales a través de cámaras trampa. Durante su voluntariado reciben, además, pequeñas capacitaciones en información general del área, flora y fauna, primeros auxilios, uso de herramientas para la prevención y el combate de incendios forestales.

El programa que promueve y regula el voluntariado dentro de los Parques Nacionales intenta imitar el modelo que lleva adelante Cascos Blancos

La mayoría son argentinos con un alto porcentaje de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal, Córdoba, Santa Fe y Mendoza, pero también llegan voluntarios extranjeros. Hay quienes viajan desde Estados Unidos, Canadá, Alemania, Francia, España, Brasil, Colombia, Costa Rica, Israel, Italia, Suiza, Grecia, Sudáfrica, Suecia, Chile y Uruguay para donar tiempo y trabajo en nuestras maravillas naturales.

"Sin hacer publicidad de nuestro programa, recibimos más de 3000 consultas al año. La experiencia satisfactoria de cada voluntario que se va es nuestra mejor propaganda", explicaron desde la intendencia del Parque Nacional Los Glaciares.

Un cóndor sobrevuela los farallones del Parque Nacional Sierra de las Quijadas

Paine Guerrero, de 25 años y Valentina Pedernera, de 24 años, son dos voluntarias cordobesas. En 2018 hicieron una experiencia en el Parque Nacional Puelo y un año después se volvieron a inscribir en el programa como voluntarias en el Parque Nacional Los Glaciares. Su trabajo consistió en abrir senderos a punta de pala, limpiar pasarelas o atender turistas en los centros de visitas.

"No es trabajar gratis. Es ganar experiencia, es aprendizaje", señala Paine. "Es realmente recomendable. A nosotras nos dio ganas de estudiar la carrera de guardaparques", agrega Valentina.

María Laura es guardaparque hace 19 años; sus tres voluntariados fueron determinantes para definir su profesión

"Muchos de nuestros guardaparques antes fueron voluntarios. Es un aliciente para quienes, movidos por el bien común, se acercan y más tarde, conmovidos por la experiencia, se inscriben en la carrera", asegura Eugenio Breard, presidente de la Administración de Parques Nacionales.

Para María Laura Silva, jefa de guardaparques en Quebrada del Condorito, sus tres voluntariados en Iguazú, Los Glaciares y El Palmar fueron determinantes a la hora de decidir su vocación ya que le dieron "una mirada más real en lo que es el trabajo y la forma de vida que te pide la carrera". "Estar en un Parque, convivir con la gente que trabaja ahí y relacionarte más directamente con los guardaparques te da una visión mucho más completa para tomar una decisión", explica la oriunda de Reconquista, al nordeste de Santa Fe, que ya acumula de 19 años de trayectoria como guardaparque.

María Luz Silva trabaja como jefa de guardaparques en el Parque Nacional Quebrada del Condorito, en Córdoba

Como agradecimiento por la colaboración, los voluntarios puedan realizar algunas excursiones que son las estrellas de los Parques y que tiene un alto valor para los turistas, como la caminata sobre el hielo, navegaciones o cabalgatas, en el caso del Parque Nacional Los Glaciares.

Al finalizar su período, reciben una evaluación y una constancia. A muchos les sirve para acreditar prácticas educativas o pasantías en sus facultades. A otros, como experiencia laboral.