Ni París es tan verde, ni Madrid tan desastre ambiental

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En París ya se puede circular a más de 30 kilómetros por hora, una limitación que sigue la recomendación de la Organización Mundial de la Salud y que ya está implantada desde hace meses en todas las ciudades de España.

La capital francesa ha reducido el límite de velocidad para los conductores en la mayoría de las calles –con la excepción de circunvalaciones y autovías– en un intento por frenar el número de automóviles en la ciudad, reducir el ruido y combatir el cambio climático. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos de la alcaldesa Anne Hidalgo para convertir París en la ciudad más verde de Europa en 2030, aún tiene un enorme camino por recorrer.

Tráfico en el centro de París. (Photo by Julien Mattia/Anadolu Agency via Getty Images)
Tráfico en el centro de París. (Photo by Julien Mattia/Anadolu Agency via Getty Images)

Esta medida está avalada e impulsada por la OMS, que lanzó un estudio en 2011 que sostiene que el riesgo de fallecer como consecuencia de un atropello se reduce como mínimo cinco veces si la velocidad del vehículo que impacta es de 30 km/h en lugar de 50.

Pero es que, además, la orden permite disminuir el ruido y los niveles de dióxido de nitrógeno, hay menos atascos y la circulación es más fluida al acercar las velocidades de circulación de automóviles y ciclistas. 

Madrid –y el resto de ciudades de España– ya lleva meses con la circulación a un máximo de 30 kilómetros por hora, del mismo modo que lleva años lidiando con el problema de la contaminación del aire derivada del tráfico motorizado.

Así, es una capital pionera en la implantación de medidas como una Zona de Bajas Emisiones (ZBE), que se estableció por primera vez en otoño de 2018 –conocida como Madrid Central, con 4,7 km2– y que hoy sigue vigente, con ligeros retoques respecto a la propuesta original y con una estrategia más amplia: Madrid 360.

De esta manera, de acuerdo a los datos de TomTom –que estudia y clasifica los datos de congestión urbana en todo el mundo–, París presenta un nivel de atascos del 32% y se sitúa en el puesto 42 del ranking mundial –liderado por ciudades como Moscú, Bombay y Bogotá– frente a Madrid que presenta un 15% de embotellamiento y es la ciudad 316 del mundo.

Esta realidad, como es lógico, se refleja en la calidad del aire que respiran los parisinos. De acuerdo a la Agencia Europea de Medioambiente, París presenta una concentración de partículas dañinas en el aire (PM2.5) de 10.52 μg/m3, lo que la sitúa en un estado de riesgo moderado frente a la buena calidad del aire que tiene Madrid, con una concentración de partículas de 8.93 μg/m3.

Los indicadores ambientales de París son peores que los de Madrid. (Photo by: Jeffrey Greenberg/Universal Images Group via Getty Images)
Los indicadores ambientales de París son peores que los de Madrid. (Photo by: Jeffrey Greenberg/Universal Images Group via Getty Images)

Según los Valores Guía de protección para la salud de la OMS, una concentración anual media de 10 μg/m3 sería el nivel más bajo a partir del cual se ha detectado asociación entre efectos cardiopulmonares y mortalidad debido a la exposición prolongada a PM2.5 (este valor es de 20 μg/m3 en el caso de partículas PM10).

La calidad del aire es clave

Aunque las ciudades no llegan a abarcar el 2% de la superficie de la Tierra, son responsables de producir más del 60% de las emisiones de gases de efecto invernadero que la calientan cada año, según Naciones Unidas.

Así, en un mundo cada vez más urbanizado, las emisiones contaminantes provocan la muerte de 3,3 millones de personas al año –más que el SIDA, la malaria y la gripe juntas– y el tráfico es una de sus principales causas.

Según un informe de la Agencia Europea de Medio Ambiente, entre el 74 y 78% de la población que vive en ciudades está expuesta a niveles de polución por partículas ultrafinas por encima de los valores aceptables que determina la Organización Mundial de la Salud (OMS). 

En este sentido, el transporte por carretera es responsable del 72% de las emisiones de CO2, y especialmente los coches, que no solo emiten CO2 sino también otros gases dañinos como el dióxido de nitrógeno (NO2), el ozono troposférico (O3) o las partículas en suspensión (PM10 y PM2.5).

Las principales ciudades europeas se han embarcado en diferentes planes que impulsan su conversión en centros de movilidad sostenible y que promueven una vida más sana. París da pasos en la dirección adecuada y ha cosechado importantes éxitos –como la implantación de una red de carriles bici segregados gracias a los que ha entrado en el ranking de las ciudades más aptas para bicicletas del planeta– pero de momento la campaña de publicidad de París verde supera a la reconversión real de la ciudad de la luz.

Las bicicletas han ido ganando espacio en París.  (Photo by LUDOVIC MARIN/AFP via Getty Images)
Las bicicletas han ido ganando espacio en París. (Photo by LUDOVIC MARIN/AFP via Getty Images)

Con el objetivo de disminuir las emisiones, Madrid ha presentado un plan integral que pretende acabar con las calderas de carbón en la ciudad a partir de 2022 y eliminar el 50 % de las que funcionan por gasóleo en ocho años. 

Además, incluye más zonas peatonalizadas, la creación de un bosque metropolitano y los vehículos A que no sean de residentes de Madrid no podrán circular por el interior de la M-30 a partir de enero del año próximo, entre otras medidas.

EN VÍDEO I La capa de luz verde que rodea a la Tierra vista desde el espacio

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