Parecían activistas demócratas, en realidad, eran espías conservadores.

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Old Wilson Schoolhouse, donde Sofia LaRocca y Beau Maier trabajaron en una recaudación de fondos del Partido Demócrata en agosto de 2019 cerca de Jackson Hole, Wyoming, el 23 de junio de 2021. (Ryan Dorgan/The New York Times).
Old Wilson Schoolhouse, donde Sofia LaRocca y Beau Maier trabajaron en una recaudación de fondos del Partido Demócrata en agosto de 2019 cerca de Jackson Hole, Wyoming, el 23 de junio de 2021. (Ryan Dorgan/The New York Times).

CHEYENNE, Wyoming — Los jóvenes que posaban frente a la falsa torre Eiffel en el hotel París de Las Vegas parecían ser la pareja perfecta, un hombre y una mujer entre un mar de demócratas idealistas que habían llegado a la ciudad en febrero de 2020 para asistir a un debate de las elecciones primarias demócratas.

Sus generosas donaciones al Comité Nacional Demócrata —de 10.000 dólares cada una— les dieron a Beau Maier y a Sofia LaRocca acceso a boletos para el debate. Durante un coctel de recepción previo al debate, recorrieron el salón lleno de funcionarios del partido, con broches de un burro del color del arcoíris en la solapa.

De hecho, buena parte de lo que decían era mentira. Maier y LaRocca formaban parte de una operación encubierta de los conservadores para infiltrarse en grupos progresistas, campañas políticas y oficinas de funcionarios electos tanto demócratas como republicanos moderados durante el ciclo electoral de 2020, según las entrevistas y los documentos.

Mediante el uso de donaciones de campaña cuantiosas e historias falsas, los agentes pretendían reunir información que pudiera manchar la reputación de personas y organizaciones consideradas como amenazas para la agenda de la derecha dura promovida por el expresidente Donald Trump.

Los protagonistas de la estratagema eran bastante inusuales: un exespía británico relacionado con el contratista de seguridad Erik Prince, la rica heredera de la fortuna de Gore-Tex, y agentes encubiertos como Maier y LaRocca que utilizaron Wyoming como sede para introducirse en el tejido político local ahí y en al menos otros dos estados, Colorado y Arizona.

Mediante más de dos docenas de entrevistas y una revisión de los registros electorales federales, The New York Times reconstruyó muchas de las interacciones de los agentes en Wyoming y otros estados —trazó sus asociaciones y posibles objetivos— y se entrevistó con personas con las que ellos hablaron en detalle sobre su operación de espionaje. Los documentos disponibles al público en Wyoming también vinculan a Maier y LaRocca con una dirección en Cody, Wyoming, utilizada por el antes espía Richard Seddon.

No se sabe con claridad qué lograron ni cuánta información reunieron los agentes que trabajaban para Seddon. A veces, sus tácticas eran torpes y amateurs. Pero el uso del espionaje en la operación para manipular la política de varios estados a lo largo de los años supera con creces las tácticas de las operaciones más tradicionales que se valen de trucos políticos sucios.

El debate presidencial demócrata, al que asistieron Sofia LaRocca y Beau Maier, en Las Vegas, el 19 de febrero de 2020. (Calla Kessler/The New York Times).
El debate presidencial demócrata, al que asistieron Sofia LaRocca y Beau Maier, en Las Vegas, el 19 de febrero de 2020. (Calla Kessler/The New York Times).

También es una señal de cómo los republicanos ultraconservadores ven una profunda necesidad de instalar aliados en diversos puestos a nivel estatal para obtener una ventaja en el mapa electoral. Los secretarios de Estado, por ejemplo, juegan un papel crucial en la certificación de los resultados electorales cada dos años y algunos se convirtieron en objetivos para Trump y sus aliados en sus intentos por revertir los resultados de las elecciones de 2020.

Terminada la campaña, Seddon ideó otro operativo. Ayudó a una red de activistas conservadores que intentaban desacreditar a los supuestos enemigos de Trump dentro del gobierno, incluida una operación encubierta planeada en 2018 contra el asesor de seguridad nacional de Trump en ese momento, H.R. McMaster, y una colaboración para vigilar en secreto a empleados del FBI y otros funcionarios del gobierno.

Prince había puesto en marcha el trabajo de Seddon, cuando lo reclutó al comienzo del gobierno de Trump a fin de contratar a antiguos espías para entrenar a los activistas conservadores en los fundamentos del espionaje y enviarlos a misiones de sabotaje político.

Para finales de 2018, Seddon consiguió fondos de la heredera de Wyoming, Susan Gore, según personas familiarizadas con la intervención que tuvo ella. Seddon reclutó a varios antiguos agentes del grupo conservador Project Veritas, donde había trabajado antes, para montar la operación de infiltración política en la región oeste de Estados Unidos.

Se sabe que Project Veritas recurre a agentes con nombres falsos para atacar a organizaciones liberales y realizar grabaciones secretas que avergüencen a sus miembros.

Parece que la misión en el oeste del país tenía dos objetivos principales: infiltrarse en los círculos políticos demócratas locales y, con el tiempo, nacionales a fin de recopilar información de inteligencia a largo plazo, así como material que pudiera utilizarse en contra de los republicanos moderados en las batallas internas del partido que libraban Trump y sus aliados.

Nate Martin, director de Better Wyoming, un grupo progresista que fue uno de los objetivos de la operación, comentó que sospechaba que su objetivo era “encontrar la información y esperar hasta poder destruir a alguien con ella”.

Para alcanzar el primer objetivo, los agentes inventaron historias para ocultar sus identidades e intenciones, y realizaron grandes donaciones de campaña para conseguir el acceso a eventos demócratas como el debate de Las Vegas y una recaudación de fondos en Washington a la que asistieron legisladores demócratas.

También tuvieron como objetivo la gestión del gobernador republicano de Wyoming, Mark Gordon, a quien los conservadores de la derecha dura consideraban demasiado moderado y a cuya candidatura se había opuesto Gore en 2018; así como un representante estatal republicano, ahora presidente de la Cámara de Representantes de Wyoming, por su apertura a la liberalización de las leyes sobre la marihuana, una postura a la que Gore se opone por completo.

Haciéndose pasar por demócrata, LaRocca consiguió un empleo en un consorcio de donantes liberales adinerados en Wyoming —la Wyoming Investor Network, WIN por su sigla en inglés— que había decidido respaldar a algunos republicanos moderados. El trabajo le dio acceso a información valiosa.

“Que hayan conseguido el material de WIN es realmente perjudicial”, dijo Chris Bell, quien trabajó como consultor político para el consorcio. “Es toda la estrategia. A dónde va el dinero. Lo que estamos haciendo a largo plazo”.

Seddon, Maier y LaRocca no respondieron a solicitudes de comentarios sobre el operativo o las donaciones de campaña. Cassie Craven, abogada de Gore, tampoco respondió a correos electrónicos y un mensaje de voz en el que se le pedía hacer comentarios sobre la operación, como tampoco lo hizo la propia Gore.

Cuando el Times se puso en contacto con activistas políticos y políticos que estuvieron en contacto con Maier y LaRocca, para informarles sobre la verdadera agenda de la pareja, algunos dijeron que esta noticia confirmaba sus sospechas de que el par tal vez no había sido honesto. Otros se mostraron sorprendidos y dijeron que se arrepentían de haber contribuido a su entrada en los círculos políticos del oeste.

George Durazzo hijo, un empresario de Colorado y recaudador de fondos que consiguió las generosas donaciones de Maier y LaRocca y los acompañó en paseos por Las Vegas antes del debate, dijo sentirse molesto y avergonzado. Había planeado llevarlos a la Convención Nacional Demócrata en Milwaukee antes de que la pandemia la convirtiera en un evento virtual.

“Si de verdad son Benedict Arnold y Mata Hari”, dijo, “yo fui el engañado”.

Cómo se establecieron en Wyoming

LaRocca conoció a Seddon en 2017, cuando él dio una capacitación para los operativos de Project Veritas en el rancho de la familia de Prince en Wapiti, Wyoming. Seddon les enseñó a los asistentes a trabajar como agentes encubiertos, crear identidades falsas y conseguir fuentes. Prince, quien reclutó a Seddon, es hermano de Betsy DeVos, quien fue secretaría de Educación en el mandato de Trump.

Maier, de 36 años, un musculoso y tatuado veterano de la 82ª División de las Fuerzas Aéreas del Ejército que combatió en Irak, también se entrenó en el rancho de Prince ese año. Su madre es panadera y era la cocinera del rancho, y él es sobrino del comentarista conservador Glenn Beck.

En algún momento, Gore fue a ver cómo transcurría la capacitación en el rancho.

Al año siguiente, Maier y LaRocca vivían en una lujosa casa en el barrio de Georgetown, en Washington, que Project Veritas rentaba para operaciones encubiertas contra funcionarios del gobierno que trataban de exponer el sesgo del “Estado profundo” contra Trump.

Las personas que trabajaban para el grupo conservador identificaron a la pareja y la relacionaron con la casa de Georgetown. Otros confirmaron que LaRocca aparecía en el sitio web de Project Veritas Exposed, donde aparecía con el nombre de “María”.

Seddon salió de Project Veritas en el verano de 2018. Convenció a Maier, LaRocca y a otros de irse a trabajar con él en Wyoming en una nueva empresa, una que se asemejaría más a su época como agente de inteligencia británico apostado en el extranjero. Seddon quería llevar a cabo una operación clásica de espionaje en la que los agentes encubiertos se incorporarían a organizaciones y podrían reclutar a otros que ayudaran a recopilar información. Al igual que en sus días en el servicio de inteligencia británico MI6, el objetivo era espiar a posibles adversarios u objetivos sin ser descubierto y luego utilizar la información con discreción para sacar partido. Si se realizan correctamente, estas operaciones pueden durar años.

Además, encontró a alguien para financiarla: Gore, la heredera de Gore-Tex que durante años había apoyado causas conservadoras y libertarias.

LaRocca, de 28 años, se acercó por primera vez al Partido Demócrata de Wyoming en enero de 2019, inmediatamente después de su asistencia a la Marcha de las Mujeres en Cheyenne, Wyoming, con una oferta para ayudar a recaudar fondos. Su objetivo, según dijo, era ambicioso: ayudar a “convertir” uno de los estados más conservadores de Estados Unidos en una victoria segura para los candidatos presidenciales demócratas, como lo había sido Colorado en las últimas dos décadas.

Al parecer, Seddon quería que el acercamiento de LaRocca al Partido Demócrata de Wyoming fuera un primer paso seguro para generar confianza con miras a futuras operaciones. Los demócratas del estado son muy superados en número, tienen poco peso político y están ávidos de voluntarios. En poco tiempo, LaRocca se postuló como vicepresidencia de los Jóvenes Demócratas de Wyoming, obtuvo un puesto por contrato en el partido como recaudadora de fondos por los que recibía una comisión y se reunió con los dos máximos responsables del partido en el estado, Joe Barbuto y Sarah Hunt.

Su comportamiento levantó algunas sospechas. LaRocca y Maier vivían en Fort Collins, Colorado, a unos 72 kilómetros de Cheyenne, la capital de Wyoming, pero su residencia hizo que algunos demócratas se preguntaran cómo planeaban organizar una campaña comunitaria del partido para lograr el voto en el estado mientras vivían en Colorado. LaRocca les explicó a algunas personas que no podía alquilar una casa en Cheyenne porque tenía un perro, un pretexto inverosímil.

Al mismo tiempo, Maier se relacionaba por su cuenta en todo el estado, reuniéndose con demócratas y republicanos sobre el tema del uso medicinal de la marihuana, con el argumento de que era de especial interés para los veteranos de guerra que sufrían trastorno de estrés postraumático.

En agosto de 2019, la pareja fue voluntaria en una recaudación de fondos del Partido Demócrata en el Old Wilson Schoolhouse, un centro comunitario a la sombra de la cordillera Teton, cerca de Jackson, Wyoming. LaRocca se fotografió con el invitado principal del evento: Tom Pérez, ex secretario de Trabajo y entonces presidente del Comité Nacional Demócrata.

Meses después, LaRocca asistió a un programa de capacitación para jóvenes progresistas del estado sobre los fundamentos de la organización política y comunitaria. Envió un correo electrónico a Martin, el director del grupo que impartía el programa, en el que le decía lo emocionada que estaba por recibir la capacitación.

Durante el curso, hizo migas con Marcie Kindred, quien contendió sin éxito para un escaño en la Legislatura de Wyoming; LaRocca donó 250 dólares a su campaña y usó una fotografía que les tomaron juntas como su imagen de perfil de Facebook.

“Fue bastante extraño ver la foto en su perfil de Facebook”, comentó Kindred. “En realidad no éramos tan cercanas. Ahora entiendo por qué lo hizo; quiso que pareciéramos amigas, por si acaso resultaba electa en la Legislatura”.

LaRocca también le dijo a Kindred que quería trabajar en la campaña de Karlee Provenza, una defensora de la reforma policial que acabó por ganar un escaño en el Congreso en uno de los pocos distritos demócratas del estado.

Ella y Maier más tarde comenzaron a salir en citas dobles con Provenza y Martin, director de Better Wyoming, quien entonces era su prometido y ahora es su esposo.

Una noche, durante una cena en Sushi Jeju en Fort Collins, LaRocca y Maier les dieron una noticia importante: también ellos se habían comprometido. LaRocca presumió un enorme aniño de diamante. Maier pagó la cena.

Pero la relación empezó tomar una dirección extraña. Meses después, en una reunión con Provenza y Martin en Laramie, Wyoming, Maier les dijo que apagaran sus teléfonos.

Acto seguido, les propuso un plan para atacar a los republicanos, mediante el uso de algunos de sus contactos que podían entablar amistad con los políticos y conseguir información dañina. Maier dijo que tenía amigos en la inteligencia militar que podían verificar los antecedentes de las personas y sugirió que había estado en un “escuadrón de la muerte” mientras servía en Irak.

“Esta es la punta del iceberg de lo que pueden hacer”, recordó Martin que Maier dijo, y agregó que la conversación giró en torno a quién financiaría la operación.

Durante la reunión, Maier dijo que el propósito de la operación era recabar el material perjudicial y mantenerlo en secreto hasta que la persona en cuestión fuera importante, una filosofía que parecía reflejar la técnica de Seddon con los esfuerzos de infiltración a largo plazo.

Maier llevó informes de inteligencia que parecían sacados en su mayoría de registros públicos. Uno de ellos era sobre la fiscal general de Wyoming, Bridget Hill, recordó Martin.

No está claro por qué Maier propuso esta operación.

“Sabíamos que algo sospechoso estaba pasando, pero no podíamos probarlo”, dijo Martin.

Semanas después, Martin y un colega organizaron un evento de capacitación sobre defensoría en la biblioteca de Laramie. Martin fue videograbado en secreto, al parecer, como parte de una operación encubierta vinculada con el proyecto de Seddon.

Poco después, apareció un video en un sitio web ahora desaparecido, en el que Martin declaraba que había votado en las elecciones primarias republicanas. La publicación del video sirvió como un intento de exponer las alianzas entre los progresistas y los republicanos moderados.

Martin dijo que sospechó de inmediato que el video lo había grabado una mujer que había asistido al acto y que se le acercó al final, afirmando que se llamaba Beth Price y que era de Míchigan.

La mujer, cuyo verdadero nombre es Alexandra Pollack, de Grand Ledge, Míchigan, reconoció en una breve entrevista que estaba en Wyoming en ese momento, pero se negó a responder preguntas sobre lo que hacía allí, con el argumento de que había firmado un acuerdo de confidencialidad. Kindred, quien había asistido al evento de Laramie, reconoció a Pollack por una foto en su perfil de LinkedIn.

Pollack vivía relativamente cerca de LaRocca en Maryland años antes, y ambas tenían más o menos la misma edad. No respondió a un correo electrónico en el que se le preguntó si conocía a LaRocca.

Primero donaciones, luego acceso

Los demócratas de todo el país comenzaron el año 2020 con un doble objetivo: asegurarse de que Trump fuera derrotado y volcar su energía en las contiendas clave por el Congreso que podrían darles la mayoría en el Senado y ayudarles a conservar la Cámara de Representantes.

Lograr esos objetivos significaba recaudar millones de dólares y los cheques de varios ceros de Maier y LaRocca les dieron acceso a los círculos políticos de alto nivel.

En febrero, Durazzo, el recaudador de fondos de Colorado, consiguió que la pareja prometiera donar 10.000 dólares cada uno al Comité Nacional Demócrata. “Todos somos vulnerables al encanto y a las contribuciones cuantiosas”, dijo más tarde. “Con 10.000 dólares, definitivamente me tienes agarrado de las orejas”.

A los pocos días, estaban en Las Vegas para el debate presidencial demócrata, charlando con miembros del comité y otros donantes durante una fiesta previa.

Antes de presentar sus nombres para que la seguridad del evento los dejara participar en los actos del Comité Nacional Demócrata en Las Vegas, Durazzo le preguntó a Maier si podría surgir alguna “sorpresa”. Maier reveló que era sobrino de Beck, pero dijo que no compartía la política de su tío.

Dijo: “Yo apoyo las causas de ustedes”, recordó Durazzo.

Por su parte, Maier donó 1250 dólares a la campaña de Jena Griswold, una estrella demócrata en ascenso de Colorado, para su reelección como secretaria de Estado. Gracias a eso, él y LaRocca recibieron una invitación a una recaudación de fondos en Washington, donde conocieron a Griswold.

Una donación de 2000 dólares a la campaña de Mark Kelly, entonces candidato en Arizona a un escaño en el Senado, hizo que la pareja formara parte de un comité para una recaudación de fondos en abril. Al mes siguiente, Maier donó 6000 dólares al Partido Demócrata de Wyoming.

Se desconoce el origen de los fondos para las diversas donaciones generosas a las campañas.

La estrategia para 2020

Cuando aún faltaban meses para las elecciones de 2020, las mayores disputas políticas en Wyoming se dieron en el Partido Republicano, entre los candidatos de la derecha dura y los políticos más moderados que contendían para representar al partido en noviembre.

Trump quería convertir todas las elecciones en una especie de referéndum sobre su liderazgo, y en Wyoming, las líneas de batalla se endurecieron entre los leales a Trump y los candidatos de los que el ala derecha del partido se burlaba al ponerles el mote de “RINOs”, o “republicanos solo de nombre”.

Ante el árido panorama político para los demócratas, WIN, el consorcio de donantes liberales adinerados, tomó la decisión estratégica de apoyar con discreción a ciertos moderados republicanos. Una de las donantes habituales de WIN es Elizabeth Storer, millonaria de Jackson y nieta de George Storer, que amasó una fortuna en la industria de la radio y la televisión.

Cuando el consorcio contrató a LaRocca, el puesto que ocupaba le dio acceso a información valiosa sobre los candidatos republicanos que el grupo apoyaba con publicidad independiente. Ella tomó notas durante una reunión de la junta directiva y tuvo acceso a la lista completa de los candidatos que WIN apoyaba.

Maier empezó a hacer contactos en las oficinas de los legisladores republicanos moderados y se hizo amigo de Eric Barlow, actual presidente de la Cámara de Representantes de Wyoming. Maier le dijo a Barlow que era un apasionado de los usos medicinales de la marihuana y ambos se reunieron en varias ocasiones, incluida una en la que Maier y LaRocca cenaron en el rancho de Barlow.

En una entrevista, Barlow, un veterinario retirado que dijo estar abierto a la despenalización de la marihuana y a permitir su uso medicinal, se etiquetó a sí mismo como un “republicano práctico”.

“Para algunas personas, eso es un RINO”, dijo.

Barlow afirmó que creía que haber visto a Gore solo una vez, pero que la mujer solía dar dinero a los candidatos rivales en las elecciones primarias republicanas cada ciclo electoral.

Maier y LaRocca solían decir a sus colegas que estaban comprometidos con cambiar la dinámica política en la región montañosa del oeste de Estados Unidos y afirmaban que incluso un estado tan conservador como Wyoming podría acabar volviéndose liberal. LaRocca dijo que quería seguir trabajando en WIN y en otros grupos progresistas.

Pero entonces, justo antes de las elecciones de noviembre, Maier y LaRocca desaparecieron. El 21 de octubre, ella escribió un correo electrónico a su jefe diciendo que tenía que salir del país. “Tengo una emergencia familiar y me voy a Venezuela porque mi abuela está enferma de gravedad”, escribió.

Otras personas con las que había trabajado, y de las que se hizo amiga durante dos años, dijeron que no habían tenido noticias suyas desde hacía meses.

“Se la tragó la tierra”, dijo Hunt, directora ejecutiva del Partido Demócrata de Wyoming.

De hecho, la pareja nunca salió de la región. Maier y Seddon también han estado trabajando juntos en una empresa que importa municiones del extranjero, según un documento comercial que vincula a ambos hombres y que obtuvo este diario.

La semana pasada, LaRocca y Maier se casaron en Big Horn, Wyoming. Beck, el comentarista conservador y tío de Maier, pronunció un discurso y brindó por la pareja.

© 2021 The New York Times Company

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