No pueden parar las protestas y disturbios en las cárceles de Santa Fe

Germán de los Santos

ROSARIO. Durante la madrugada volvieron a estallar disturbios en la cárcel de Coronda, a 60 kilómetros al sur de la ciudad de Santa Fe, donde dos presos debieron ser hospitalizados por heridas con postas de goma, y otra decena tuvieron que ser atendidos tras caer desde un techo al que habían accedido durante el nuevo intento de motín.

En la cárcel más grande, que es la Unidad N°11 de Piñero, donde están alojados 2030 internos, también hubo protestas luego de que los familiares de los detenidos denunciaran que las autoridades de la prisión solo dejaban ingresar un paquete de alimentos por persona.

Durante la madrugada, el ministro de Seguridad de Santa Fe, Marcelo Sain, y parte de su equipo se trasladaron hasta Coronda, luego de que el Servicio Penitenciario informara que había disturbios en cuatro pabellones del ala norte de la prisión, donde los reclusos se habían subido a los techos, como ocurrió durante el motín del lunes pasado. En ese sector de la cárcel están alojados los presos santafesinos, mientras que en el ala que está enfrente se encuentran los internos oriundos de Rosario.

Fuentes del Servicio Penitenciario señalaron a LA NACION que antes de la medianoche, cuando los presos de los pabellones deben ingresar a los calabozos, se originaron incidentes en las cuadras 1, 5, 6 y 11. Los internos se negaban a "encerrar" en las celdas, que se activan mecánicamente en ese horario.

En ese momento comenzaron los disturbios, porque muchos de los detenidos empezaron a prender fuego frazadas y colchones, y un denso humo cubrió los pabellones. A partir del caos que comenzó a reinar en un tercio del penal los presos comenzaron a subir a los techos.

Agentes del Grupo de Operaciones Especiales Penitenciarias (GOEP) irrumpieron en la zona de conflicto y se produjeron nuevos enfrentamientos. Dos internos fueron hospitalizados con heridas por perdigones de goma y una decena de reclusos se tiró de los techos del penal durante la represión; varios internos sufrieron heridas en sus piernas.

"La situación logró controlarse alrededor de la dos de la madrugada", aseguró el subsecretario de Asuntos Penitenciario, Héctor Acuña, quien advirtió que muchos de los agentes penitenciarios que participaron del conflicto estaban de franco después de una semana caótica, con los motines que se produjeron el lunes y el miércoles en las cárceles de Las Flores, donde hubo cuatro internos asesinados, y en Coronda, donde falleció de un disparo Alan Montenegro, uno de los miembros del Clan Leiva, que maneja la barrabrava de Colón.

El ministro Sain dijo a LA NACION que la policía realizó un operativo en el perímetro del penal que fue inaugurado en 1933 en Coronda, donde gran parte de la vida económica se sostiene con la cárcel. "Detuvieron a cuatro personas que eran parientes de presos que habrían estado esperando una posible fuga", señalaron fuentes policiales.

Aunque en Santa Fe hay problemas puntuales, por el estado calamitoso de las cárceles, saturadas de presos que viven en condiciones "inhumanas", como describió la defensora pública Jaquelina Balangione, la pandemia puso en el foco en varias partes del mundo a las cárceles como síntomas de conflicto. Es un alerta generalizada, sobre todo en los países en donde las prisiones, como en la Argentina, están habitadas por personas pobres y marginales.

Los motines ya no tienen en el centro de los reclamos las condiciones de sanidad para evitar contagios de coronavirus, como ocurrió el lunes, sino demandas por el ingreso de alimentos y víveres a los penales, algo crucial en la cotidianidad de los internos, tanto porque así mejoran su dieta como porque en ocasiones, entre esas vituallas les hacen llegar cosas prohibidas, como drogas.

En Piñero

En la cárcel de Piñero, a 20 kilómetros de Rosario, se produjeron este mediodía incidentes en dos pabellones, donde los presos reclamaban, según familiares consultados por LA NACION, que los agentes del Servicio Penitenciario permitieran el ingreso de más de un paquete por persona.

"No dejan entrar agua ni frutas y la comida que traemos la destruyen", aseguró Claudia, pareja de un detenido condenado a prisión perpetua.

Por ese motivo también hubo disturbios anteayer en la cárcel de Las Flores. Los presos de la Unidad Penal N°2 denunciaban que no habían ingresado los "bagayos", los bultos con alimentos.

En ese penal estuvo puesto el foco de la tensión esta semana luego de que en los motines que estallaron el lunes pasado fueron asesinados cuatro internos de uno de los dos pabellones de internos de delitos sexuales. Los efectivos policiales y del Servicio Penitenciario encontraron tres cuerpos totalmente carbonizados. Allí saquearon y destruyeron la enfermería, la farmacia y la escuela.