Paraísos fiscales: así esconden sus fortunas los millonarios y grandes empresas

Islas Caimán, país considerado uno de los mayores paraísos fiscales del mundo. Foto de David McFadden (AP).

Dice la leyenda que el término ‘paraíso fiscal’, iniciado originalmente entre los estados de Delaware y New Jersey, fue el resultado de una traducción equivocada. Hacia 1957 se produjo el surgimiento de una serie de lugares en los que se solía aplicar un régimen tributario especialmente favorable para aquellas empresas y personas que no residen allí.

A estas ciudades se les conoció como ‘tax haven’ o ‘refugio fiscal’, pero cuando este término llegó al conocimiento de los franceses, uno de ellos confundió el término ‘haven’ (refugio), con ‘heaven’ (cielo, paraíso), por lo que ahí empezó el largo camino de la expresión francesa ‘paradis fiscal’.

Fue en 1957 -según una nota publicada por la revista Forbes- que echó a andar un invento financiero que, a día de hoy, ha extendido sus tentáculos por los rincones más insospechados del planeta.

Ese año fueron promulgadas varias leyes británicas que favorecían la creación de territorios ‘offshore’, de nula tributación fuera de sus costas, tanto en las islas limítrofes con Inglaterra, como en otras que, atravesando el océano Atlántico, seguían estando bajo su control en el Caribe.

A partir de la década de 1960, varias naciones se pusieron en función de diseñar sistemas fiscales que atrajeran el capital extranjero, solo que aquellos carecían de los más elementales límites jurídicos y fiscales que sí cumple la mayoría de los estados del planeta.

Pero antes de esa fecha, justamente en 1934, ya Suiza y Liechtenstein habían decretado un férreo secreto bancario, que daba pie a que familias judías de clase alta depositaran sus capitales, en una época marcada por el avance de régimen nazi en Alemania.

Millones ocultos

Hoy mismo se hace imposible determinar cuánto dinero se oculta todavía en la red de ‘paraísos fiscales’ diseminados por todos los continentes. Algunos análisis sostienen que 32 billones de dólares pudieran permanecer protegidos bajo semejante paraguas financiero, lejos de las obligaciones tributarias de la mayoría de las personas. De ahí que se diga que nada menos que una tercera parte de la riqueza mundial escapa a la recaudación de los gobiernos.

La lista de ‘paraísos fiscales’ es, pues, considerable: además de los ya mencionados, están, entre otros, Holanda, Luxemburgo, Isla de Man, Costa Rica, Hong Kong, Panamá e Islas Caimán.

Curiosamente, los mismos grandes Estados que facilitaron o permitieron con su pasividad el crecimiento y desarrollo de estos sistemas de escasa tributación se quejan del poder adquirido por estos pequeños países, donde suelen refugiarse no pocas de sus grandes fortunas, para malestar de las economías de los países industrializados.

El otro elemento de riesgo en estos tiempos de globalización y amenaza terrorista sería la opacidad de las transacciones que se llevan entre y hacia los ‘paraísos fiscales’, a lo que se le debe sumar la ausencia absoluta de registros, formalidades y controles por parte de las instituciones financieras internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el Banco Mundial.

Para la todopoderosa Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), este pernicioso fenómeno no es más que un “instrumento de competencia fiscal perjudicial”.

En pocas palabras, los ‘paraísos fiscales’ se distinguen de los estados regulados por poseer una fiscalidad nula o muy reducida, en la que no se grava ninguna fuente de riqueza. Además, las normativas que rigen a las entidades financieras radicadas en esos territorios suelen ser muy flexibles, sin contar el caso suizo, donde el secreto bancario tiende a ocultar sumas, identidades y sobre todo la proveniencia de las fortunas.

Mossack Fonseca, un banco en Panamá, estuvo en el eje de un escándalo por servir de paraíso fiscal. Foto de AFP

Por último, en estos espacios se lleva a rajatabla la negativa al intercambio de información tributaria con otros países, y de tal envergadura es el secreto que en algunos casos ni siquiera figuran en los registros públicos los nombres de propietarios y accionistas, ocultos en muchas ocasiones detrás de la figura de un testaferro.

Así funcionan

Básicamente, cuando una empresa quiere mejorar su competitividad a partir del acto de dejar de cotizar en su país de origen, se traslada a un ‘paraíso fiscal’, crea una o varias sociedades holding, a través de las cuales logran eludir cualquier tipo de imposición, lejos de los controles de los departamentos o ministerios de economía o de hacienda.

En el caso de fortunas particulares (deportistas, artistas, entre otros), en los ‘paraísos fiscales’ sus dineros quedan a buen recaudo gracias a la opacidad informativa que garantizan sus leyes y al todopoderoso secreto bancario. En estos casos, en apenas 24 horas un individuo puede crear una sociedad offshore, con tan solo el abono de cien o doscientos dólares por el trámite. A partir de ese punto, puede mover su fortuna ‘lejos de casa’ y de la tajada que suele tomar el fisco.

Ejemplos llamativos

En el caso de Estados Unidos, resalta que dentro de su territorio el estado de Delaware se exhiba como un punto dentro de nuestra geografía donde no existe ningún control fiscal sobre las fortunas venidas de otros países.

Con menos de un millón de habitantes, Delaware resulta un centro financiero de peso a nivel mundial. Sus leyes permiten una exención de impuestos para sociedades limitadas en manos de extranjeros no residentes, bajo la única condición de que no operen dentro del Estado. Ello explica que, según Forbes, el 58% de las 500 empresas más importantes del mundo hayan establecido su sede en este minúsculo pedazo de tierra estadounidense.

El otro caso singular es el de Islas Caimán, una antigua colonia británica de apenas 55.000 habitantes que se sitúa en la punta de la pirámide de los mayores centros financieros por depósitos. No por casualidad su PIB anual se acerca a los dos billones de dólares.

Unas 500 entidades financieras tienen oficinas en Islas Caimán, toda vez que la amplia variedad de ventajas fiscales y legislativas que se les ofrecen a los no residentes que inviertan su dinero aquí son un atractivo de mucho peso.