Cerca de París, la difícil convivencia entre vecinos y narcotraficantes

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Un pequeño "ejército de traficantes" está acampado en la entrada y no parecen estar dispuestos a moverse. Desde hace un mes, los vecinos de un pacífico edificio de Pantin, ciudad de la periferia norte de París, ven cómo los narcotraficantes se apoderan de su vestíbulo para hacer prosperar su comercio de drogas, obligándoles a cohabitar o a enfrentarse a las represalias.

El 28 de marzo, los inquilinos del número 23-25 de la calle Saint-Gervais, situada a unos cientos de metros de París, estaban conmocionados. En las zonas comunes de su residencia de los años 80, se encontraron con un mensaje. "Hola. Como habrás notado, estamos instalados en el edificio", comienzan amablemente los autores del mensaje...

"Estamos aquí para trabajar, no para molestar (...) así que el que colabore con la policía, empezaré a quemar todos los coches del aparcamiento, uno por uno, ¡seguro que habrá un accidente!", continúa el mensaje cargado de errores ortográficos y gramaticales.

El tráfico de drogas es recurrente desde hace años en las inmediaciones de este edificio de quince plantas, cuya “arquitectura” es apreciada por los traficantes, al estar situado en un patio inaccesible para los coches, explica un padre de familia de unos treinta años, que desea permanecer en el anonimato. Llevo dos años aquí", continúa este empleado de un cine de las afueras. "Cuando llegué, el tráfico era bastante menor, no nos afectaba".

Pero la situación se ha deteriorado desde finales de marzo y la salida de la cárcel de un "capo" que se ha hecho cargo del tráfico de la zona, dicen los inquilinos. Información confirmada por fuentes policiales.

Largas filas y un sistema que lo invade todo

Con AFP.


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