El Papa pidió a los cubanos trabajar por una sociedad siempre “más justa y fraterna”

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El papa Francisco en la Ciudad del Vaticano el 13 de junio del 2021. (Foto AP/Andrew Medichini)
El papa Francisco en la Ciudad del Vaticano el 13 de junio del 2021. (Foto AP/Andrew Medichini)

ROMA.- En su primer Ángelus desde el Vaticano después de la operación al colon a la que se sometió el 4 de julio pasado, el Papa llamó hoy al “querido pueblo cubano” a construir “en paz, diálogo y solidaridad, una sociedad siempre más justa y fraterna”.

En relativa buena forma después de una cirugía que determinó 10 días de internación en el hospital Gemelli, de donde fue dado de alta el miércoles, Francisco se manifestó “cercano al querido pueblo cubano en estos momentos difíciles, en particular a las familias que mayormente sufren”.

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En ese momento desde la Plaza de San Pedro estalló un clamor de parte de las decenas de personas que se congregaron allí con banderas de Cuba, donde el domingo pasado tuvieron lugar protestas que no se veían desde hace años en contra del régimen, que determinaron una fuerte represión.

“Ruego al Señor que ayude a construir en paz, diálogo y solidaridad, una sociedad siempre más justa y fraterna”, dijo el Papa, de 84 años, que visitó a la isla caribeña en septiembre de 2015, cuando aún estaba al mando Raúl Castro.

“Exhorto a todos los cubanos a encomendarse a la materna protección de la Virgen María de la Caridad del Cobre, ella los acompañará en este camino”, pidió asimismo.

Además manifestó su cercanía a las poblaciones de Alemania occidental y demás países vecinos del norte de Europa que sufrieron inundaciones catastróficas. Y deploró la violencia que se ha desatado en los últimos días en Sudáfrica. “Junto a los obispos del país, dirijo un llamamiento a todos los responsables involucrados, para que trabajen por la paz y colaboren con las autoridades para darle asistencia a los necesitados”, afirmó. “Que no sea olvidado el deseo que ha guiado el pueblo de Sudáfrica para renacer en la concordia entre todos sus hijos”, auspició.

El exarzobispo de Buenos Aires, que está aún en convalecencia después de una cirugía en la que se le extirpó una parte del colon debido a la presencia de divertículos, tosió dos veces, apareció más delgado debido a la dieta líquida, pero sonriente y con energía. El Ángelus del domingo pasado lo había recitado desde un balcón del décimo piso del hospital Gemelli, siguiendo una tradición inaugurada por san Juan Pablo II, que allí estuvo muchas veces internado.

En la tradicional oración mariana del Ángelus, al reflexionar sobre el Evangelio del día, destacó dos aspectos importantes de la vida cristiana: el descanso y la compasión. En este marco, advirtió sobre el peligro de “dejarse llevar por el frenesí del hacer, caer en la trampa del activismo, en el que lo más importante son los resultados que obtenemos y el sentirnos protagonistas absolutos”. “Cuántas veces sucede también en la Iglesia: estamos atareados, vamos deprisa, pensamos que todo depende de nosotros y, al final, corremos el riesgo de descuidar a Jesús”, dijo. “Por eso Él invita a los suyos a reposar un poco en otro lugar, con Él. No se trata solo de descanso físico, sino también de descanso del corazón. Porque no basta desconectar, es necesario descansar de verdad”, agregó.

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Ecología del corazón

En este marco, llamó a evitar el eficientismo y a parar “la carrera frenética que dicta nuestras agendas”. “Aprendamos a detenernos, a apagar el teléfono móvil para mirar a los ojos a las personas, a cultivar el silencio, a contemplar la naturaleza, a regenerarnos en el diálogo con Dios”, pidió.

Subrayó luego que “solo el corazón que no se deja secuestrar por la prisa es capaz de conmoverse, es decir, de no dejarse llevar por sí mismo y por las cosas que tiene que hacer, y de darse cuenta de los demás, de sus heridas, de sus necesidades”. “La compasión nace de la contemplación. Si aprendemos a descansar de verdad, nos hacemos capaces de compasión verdadera; si cultivamos una mirada contemplativa, llevaremos adelante nuestras actividades sin la actitud rapaz de quien quiere poseer y consumir todo; si nos mantenemos en contacto con el Señor y no anestesiamos la parte más profunda de nuestro ser, las cosas que hemos de hacer no tendrán el poder de dejarnos sin aliento y devorarnos”, indicó.

“Necesitamos una ‘ecología del corazón’ compuesta de descanso, contemplación y compasión”, concluyó, finalmente, al sugerir aprovechar el tiempo veraniego para ello.

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