El papa pide desde Eslovaquia una Europa más solidaria

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Bratislava, 13 sep (EFE).- El papa Francisco aprovechó su discurso a la autoridades de Eslovaquia, donde se encuentra de viaje tras pasar brevemente por Hungría, para pedir hoy una Europa que "se distinga por su solidaridad", sobre todo tras la pandemia, y que vuelva a situarse en "el centro de la Historia".

Desde el corazón de la Unión Europea, el pontífice destacó que "la fraternidad es lo que necesitamos para promover una integración cada vez más necesaria" durante su intervención en los jardines del Palacio presidencial, tras llegar este domingo al país.

Sobre todo, "en un momento en el que, después de durísimos meses de pandemia, se plantea, junto a muchas dificultades, una anhelada reactivación económica, favorecida por los planes de recuperación de la Unión Europea", explicó el pontífice argentino.

Todavía, advirtió el papa, "se puede correr el riesgo de dejarse arrastrar por la prisa y la seducción de las ganancias, generando una euforia pasajera que, más que unir, divide".

LA SOLIDARIDAD DE EUROPA

Agregó que "la sola recuperación económica no es suficiente en un mundo donde todos estamos conectados, donde todos habitamos una tierra media", por lo que instó a que Eslovaquia, donde aún "varios frentes siguen luchas por la supremacía, reafirme su mensaje de integración y de paz" y que "Europa se distinga por una solidaridad que, atravesando las fronteras, pueda volver a llevarla al centro de la historia".

Eslovaquia forma parte del llamado grupo de Visegrado junto con Polonia, Hungría y República Checa, el núcleo duro de oposición en la UE en varias materias y, sobre todo, a la hora de acoger migrantes.

Por su parte, la presidenta eslovaca, Zuzana Caputova, elogió que el papa alerte de lo que calificó "los mayores peligros de nuestro tiempo", que son "el populismo, el egoísmo nacional, el fundamentalismo y el fanatismo" y recordó que "en el corazón del Evangelio está ayudar a los necesitados, los desamparados, los que las guerras, el terrorismo y la pobreza expulsan de su país".

La presidenta, de 48 años, europeista y activista por la defensa del medio ambiente, compartió con Francisco la idea de que "necesitamos mirar las causas y consecuencias de la crisis climática, como un problema para todos, y buscar soluciones para compartir".

El pontífice, que llegó al país tras una visita relámpago a Hungría, donde también llamó a la apertura de los más necesitados, pidió en su discurso a los eslovacos que "esta vocación a la fraternidad no desaparezca nunca de sus corazones, sino que acompañe siempre la simpática autenticidad que los caracteriza".

UNA IGLESIA MENOS RIGIDA

En su segundo acto de la jornada, el papa encontró a los obispos y religiosos y religiosas del país en la catedral de San Martín, en el centro histórico de Bratislava, y les habló de la necesidad de "una Iglesia humilde que no se separa del mundo y no mira la vida con desapego".

En Eslovaquia, el número de católicos representa el 62 % de la población, que es de 5,5 millones de habitantes, pero la Iglesia local habla de una importante descenso de fieles "debido a la secularización".

Por ello, el discurso del papa se centró en dar consejos al clero del país, como "no olvidar" la necesidad de "compartir, caminar juntos, acoger las preguntas y las expectativas de la gente" y huir de la "autorreferencialidad" porque "el centro de la Iglesia no es la Iglesia".

Y advirtió de que "una Iglesia que no deja espacio a la aventura de la libertad, incluso en la vida espiritual, corre el riesgo de convertirse en un lugar rígido y cerrado".

"Tal vez algunos están acostumbrados a esto, pero a muchos otros, sobre todo en las nuevas generaciones, no les atrae una propuesta de fe que no les deje su libertad interior, una Iglesia en la que sea necesario que todos piensen del mismo modo y obedezcan ciegamente", aseguró.

También les aconsejó que usen la palabra "creatividad" para así "encontrar caminos, modos y lenguajes nuevos para anunciar el Evangelio" y bromeó diciendo que no se pueden "hacer homilías de 50 minutos que nadie entiende".

Fnalmente, Francisco habló de la necesidad de "diálogo" porque "una Iglesia que forma en la libertad interior y responsable, que sabe ser creativa adentrándose en la historia y en la cultura, es también una Iglesia que sabe dialogar con el mundo".

Cristina Cabrejas

(c) Agencia EFE

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