El Papa se operó de cataratas en medio de gran reserva

Elisabetta Piqué

ROMA.- Hace unos meses y en medio de gran reserva, el Papa se operó de cataratas, pequeña y simple intervención que realizó en el hospital Pío XI de esta capital, reveló hoy el diario romano Il Messaggero, en una noticia que en verdad circulaba desde hace tiempo y que LA NACION pudo confirmar de fuentes vaticanas.

El propio Papa había anunciado el 29 de marzo del año pasado, durante una visita a la cárcel romana de Regina Coeli, que se iba a someter a esta común cirujía de los ojos. "Una mirada renovada hace bien porque a mi edad, por ejemplo, vienen las cataratas y no se ve bien la realidad: el año que viene tendré que operarme", había adelantado, en diálogo con detenidos.

Y así ocurrió hace unos meses. Según trascendió, se trató de intervenciones muy simples, de rutina, realizadas con láser, que hicieron ausentar al Papa tan sOlo algunas horas de su residencia de Santa Marta, en el Vaticano. No determinaron ningún cambio de agenda, sino una breve terapia basada en colirio, sin mayores molestias.

Misa con coloridas danzas congoleñas

Más allá de la noticia de la operación de cataratas, algo normal para personas mayores, Francisco, que el 17 de diciembre cumplirá 83 años, tuvo una jornada sin respiro. El Papa arrancó el día, que coincidió con el primer domingo de Adviento -el tiempo del año litúrgico que precede a la Navidad-, con una colorida y alegre misa para la Comunidad Católica Congoleña en la Basílica de San Pedro, ante unas mil quinientas personas. El Papa celebró en rito congoleño -aprobado por la Santa Sede en 1988-, muy distinto a lo que normalmente y caracterizado por animadas danzas, cantos y trajes típicos. En su homilía, al reflexionar sobre el Adviento, el exarzobispo de Buenos Aires condenó el consumismo, que definió "un virus que afecta a la fe en su raíz porque te hace creer que la vida depende sólo de lo que tienes y así te olvidas de Dios que viene a tu encuentro y de los que te rodean". "Éste es el drama de hoy: casas llenas de cosas pero vacías de hijos, el invierno demográfico que estamos sufriendo", lamentó, en un sermón en el que también pidió por la paz en el Congo, país azotado por una sangrienta guerra, al que luego fue invitado por una religiosa que, en nombre de los demás, le dio las gracias.

Acto seguido, en la tradicional oración del Angelus del mediodía, que como siempre pronunció desde la ventana de su despacho del Palacio Apostólico, el Pontífice manifestó su preocupación por la situación en Irak, donde las protestas de los últimos días causaron una "dura reacción que ha causado decenas de víctimas". "Rezo por los difuntos y por los heridos; estoy cerca de sus familiares y de todo el pueblo iraquí, invocando de Dios paz y concordia", afirmó.

Llamado a revitalizar la tradición del pesebre

Por la tarde, viajó en helicóptero hasta la localidad de Greccio, a 95 kilómetros de Roma, santuario famoso porque San Francisco de Asís en la Navidad de 1223 armó en una gruta de esta zona un primer pesebre viviente. Allí, luego de rezar en silencio, el Papa firmó una carta apostólica titulada "Admirabile signum", sobre el significado del pesebre.

"Con esta Carta quisiera alentar la hermosa tradición de nuestras familias que en los días previos a la Navidad preparan el pesebre, como también la costumbre de ponerlo en los lugares de trabajo, en las escuelas, en los hospitales, en las cárceles, en las plazas...", escribió. Francisco hizo este llamado en un momento en el cual, en muchas partes del mundo y especialmente en Italia, país mayoritariamente católico, en este período arrecian polémicas porque muchas escuelas ya no arman pesebres con la excusa de que no quieren herir sensbilidades de niños de otra religión.

En la Carta Apostólica, de cuatro carillas, el Papa destacó que la tradición del pesebre "es realmente un ejercicio de fantasía creativa, que utiliza los materiales más dispares para crear pequeñas obras maestras llenas de belleza". "Se aprende desde niños: cuando papá y mamá, junto a los abuelos, transmiten esta alegre tradición, que contiene en sí una rica espiritualidad popular", agregó. "Espero que esta práctica nunca se debilite; es más, confío en que, allí donde hubiera caído en desuso, sea descubierta de nuevo y revitalizada", auspició.

En la Carta, en la que repasó los diversos signos del pesebre -el cielo estrellado, los paisajes, los ángeles, María, José, los pastores, los reyes magos, el Niño Jesús-, para entender su significado, Francisco subrayó la costumbre de poner también a otras figuras simbólicas, sobre todo las de mendigos. "Ellos también están cerca del Niño Jesús por derecho propio, sin que nadie pueda echarlos o alejarlos de una cuna tan improvisada que los pobres a su alrededor no desentonan en absoluto. De hecho, los pobres son los privilegiados de este misterio y, a menudo, aquellos que son más capaces de reconocer la presencia de Dios en medio de nosotros", indicó. "Desde el belén emerge claramente el mensaje de que no podemos dejarnos engañar por la riqueza y por tantas propuestas efímeras de felicidad. El palacio de Herodes está al fondo, cerrado, sordo al anuncio de alegría. Al nacer en el pesebre, Dios mismo inicia la única revolución verdadera que da esperanza y dignidad a los desheredados, a los marginados: la revolución del amor, la revolución de la ternura. Desde el belén, Jesús proclama, con manso poder, la llamada a compartir con los últimos el camino hacia un mundo más humano y fraterno, donde nadie sea excluido ni marginado".