El papa Francisco en Irak: cómo se prepara para el viaje más riesgoso de todos

Elisabetta Piqué
·6  min de lectura
Fuerzas de seguridad iraquíes patrullaban hoy afuera de la Catedral San José de Bagdad
SABAH ARAR

ROMA.- Si alguien pensó que aún podía darse una suspensión de último momento del inminente viaje del Papa a Irak este viernes, debido a la pandemia en curso y al contexto explosivo que encontrará allí, ya no hay dudas. El viaje se hace sí o sí. Y el propio papa Francisco explicó por qué.

“El pueblo iraquí nos espera. Esperaba a san Juan Pablo II, al que se le prohibió ir. No se puede decepcionar a un pueblo por segunda vez”, dijo hoy, al recordar el frustrado viaje del papa polaco a fines de 1999, en vista del Jubileo del 2000, al final de la audiencia general.

“Dejás de ser quien sos”: la temible cárcel a la que fue enviado Navalny

Pero ¿cómo llegó a organizarse este viaje, considerado como “el padre de todos los viajes”? ¿Cómo fue su intimidad? Seguramente se gestó en forma totalmente distinta a la de los 32 viajes internacionales que hizo hasta ahora el papa Francisco por un motivo muy simple: la pandemia.

Chicos despliegan un poster de Francisco sobre los escombros de una casa destruida al lado de las ruinas de una iglesia cristiana de Mosul
ZAID AL-OBEIDI


Chicos despliegan un poster de Francisco sobre los escombros de una casa destruida al lado de las ruinas de una iglesia cristiana de Mosul (ZAID AL-OBEIDI/)

Este viaje, el número 33, es el primero de un Papa a Irak, el primero a un país de mayoría musulmana chiita y también es el primero que el exarzobispo de Buenos Aires realiza después una paréntesis de 15 meses. El último viaje del papa Francisco fue a Japón y Tailandia, en noviembre de 2019. Después sobrevino la pesadilla del coronavirus. Y debieron suspenderse visitas a Malta, Indonesia, Timor Este, Papúa Nueva Guinea, Singapur y otros países que estaban en la agenda de Francisco, de 84 años, que quedó más enjaulado que nunca en el Vaticano.

Atentados y vacunas

Su decisión y determinación de ir a Irak –un viaje desde hace mucho deseado y anunciado oficialmente en diciembre pasado- fue contra viento y marea. Desde el principio cayó en el Vaticano como una imprudencia. ¿Ir a Irak en plena pandemia, cuando nadie viaja, todos los aeropuertos lucen desiertos y donde el grupo fundamentalista terrorista Estado Islámico (EI), aunque derrotado, sigue presente, así como varias otras milicias?

Fiel reflejo del contexto “fluido”, esta mañana al menos 10 cohetes cayeron en una base que alberga a soldados estadounidenses en en el oeste del país; el 21 de enero pasado un doble atentado en un mercado de Bagdad mató a más de 35 personas y hace una semana fue atacado el aeropuerto de Erbil.

Los preparativos en las calles de Bagdad
Ameer Al Mohammedaw


Los preparativos en las calles de Bagdad (Ameer Al Mohammedaw/)

Pese a los riesgos evidentes y diversas dudas entre altos funcionarios de la Secretaría de Estado, la voluntad del Papa fue más fuerte. Conoce bien el sufrimiento de la diezmada minoría cristiana, aunque también de la yazidí, considerada infiel por EI. A fines de 2018 se reunió dos veces con Nadia Murad, la activista yazidí y premio Nobel de la Paz que le regaló el libro en el que relató la brutalidad que sufrió en primera persona, como prisionera de EI. Un libro que el Papa leyó y del que quedó impactado.

También ayudó a concretar su deseo de ir a Irak el hecho de que, casi milagrosamente, en menos de un año la ciencia produjera una vacuna anticoronavirus. A partir de enero no sólo el Papa, sino todo el séquito y los 70 periodistas que lo acompañan recibieron las dos dosis de la vacuna Pfizer-Biontech.

A diferencia de la mayoría de cardenales, obispos y laicos que trabajan en el Vaticano, que recibieron la vacuna en un área del aula Pablo VI acondicionada para ello, los periodistas admitidos al vuelo papal –entre ellos la corresponsal de LA NACION-, fueron inoculados en la Sala de Prensa. En tandas muy organizadas y justo a tiempo para el viaje.

Un viaje distinto

Más allá de esto, tal como destacó el vocero papal, Matteo Bruni, será un viaje totalmente distinto. Marcado por la cuarentena decretada por el gobierno iraquí el 14 de febrero pasado, restricciones sanitarias, distanciamiento, ausencia de masas, números muy limitados de asistentes a los diversos eventos. Debido a un repunte de casos -en las últimas dos semanas, casi 54.000-, algo alarmante en un país con hospitales devastados por décadas de guerra, hasta el nuncio, es decir, el embajador del Papa, en Irak, el arzobispo esloveno Mitja Leskovar resultó contagiado, así como su secretario. Y la nunciatura de Bagdad, un antiguo edificio de estilo francés, rodeado por altas láminas de cemento armado, donde se alojará el Papa tres noches, en el céntrico barrio de Karrada de Bagdad, debió ser desinfectada.

Un civil desinfecta la Catedral San José de Bagdad
Ameer Al Mohammedaw


Un civil desinfecta la Catedral San José de Bagdad (Ameer Al Mohammedaw/)

Como sucede antes de cualquier viaje, también para este y más que nunca hubo diversas expediciones previas de equipos formados por gendarmes, guardias suizos y funcionarios de la Sala de Prensa. ¿La misión? Reconocer el terreno, ver la factibilidad de la gira y la seguridad, en coordinación con el gobierno de Irak, que ya en tiempos de Benedicto, en 2008, había cursado una invitación.

No fue fácil esa tarea de reconocimiento previo. La agenda del viaje prevé una maratón de tres días en la que el Papa, que últimamente tuvo recaídas con su ciática, recorrerá 1445 kilómetros, en vuelos internos de Iraqi Airways y helicópteros que sobrevolarán zonas donde aún se presume que se ocultan miembros de EI.

Este contenido no está disponible debido a tus preferencias de privacidad.
Actualiza tu configuración aquí para verlo.

Al margen de Bagdad, que será la base, el Papa irá a Najaf para visitar al gran ayatollah Al Sistani, líder de los chiitas y personalidad clave para toda la región; a Ur de los Caldeos, la tierra de nacimiento de Abraham, padre de las tres grandes religiones monoteístas, en el sur, donde tendrá un encuentro interreligioso el sábado; y el domingo a Erbil, capital del Kurdistán iraquí, en el norte, a Mosul, ciudad símbolo de las atrocidades de EI y a Qaraqosh, poblado emblemático de la antigua y martirizada minoría cristiana del país.

Una vista general de la ciudad antigua de Ur, la tierra de nacimiento de Abraham, padre de las tres grandes religiones monoteístas
Maya Alleruzzo


Una vista general de la ciudad antigua de Ur, la tierra de nacimiento de Abraham, padre de las tres grandes religiones monoteístas (Maya Alleruzzo/)

Aunque nadie lo dice a viva voz, se descuenta que, más allá de la seguridad iraquí y del Vaticano el Papa, que por primera vez va a usar un auto blindado, según admitió Bruni, también contará para su protección con los servicios de inteligencia de varios países del área involucrados en ese zona del mundo geopolíticamente crucial y volátil.

Al pedir hoy oraciones para este viaje, el Papa recordó que “desde hace tiempo deseo encontrar ese pueblo que ha sufrido tanto; encontrar esa Iglesia mártir de la tierra de Abraham”.

“Junto con los otros líderes religiosos, daremos también otro paso adelante en la fraternidad entre los creyentes”, adelantó, más determinado que nunca. “Les pido acompañar con la oración este viaje apostólico, para que pueda desarrollarse de la mejor manera y traer los frutos esperados. El pueblo iraquí nos espera; esperaba a san Juan Pablo II, a quien se le prohibió ir. No se puede decepcionar a un pueblo por segunda vez. Recemos para que este viaje se pueda hacer bien”.