El papa Francisco evitará involucrarse directamente en el debate sobre la legalización del aborto

Elisabetta Piqué
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El Papa delegará en los obispos argentinos el rechazo al proyecto que enviará el Gobierno al Congreso; el tema ya había generado algún cortocircuito en enero, cuando Alberto Fernández visitó el Vaticano
Fuente: LA NACION

ROMA.- El papa Francisco no se va a meter en forma directa en la discusión sobre el proyecto de legalización del aborto que el gobierno de Alberto Fernández se apresta a presentar en el Congreso, sino que, como es praxis en estos casos, dejará que el tema sea tratado a nivel local, por los obispos.

Así pudo saber LA NACION de fuentes vaticanas que recordaron que, más allá de que es totalmente conocida la posición de la Santa Sede y del Papa en contra del aborto, el Pontífice no suele intervenir en asuntos internos que atañen a otros Estados, ya que sería una injerencia. Y que son los obispos del país quienes deben moverse. Hace algunas semanas, el Episcopado consideró "inoportuno" reflotar el debate. "Nos preocupa todo cuanto pueda alejarnos de este compromiso por la unidad a favor del bien común o que pueda acrecentar la brecha que nos divide", advirtió en una declaración la comisión ejecutiva del Episcopado, encabezados por su presidente, monseñor Oscar Ojea, titular de la diócesis de San Isidro.

En este caso, tratándose de la Argentina, el país del Papa, por lo bajo en el Vaticano reconocen que sería un golpe tremendo que, justo allí, se legalizara el aborto. Una práctica que Francisco más de una vez condenó con palabras muy fuertes, incluso comparándola con "contratar a un sicario".

"Interrumpir un embarazo es como eliminar a alguien. ¿Es justo eliminar una vida humana para resolver un problema?", preguntó el Papa frente a cientos de personas congregadas en la explanada de San Pedro, en octubre de 2018. "¿Es justo contratar a un asesino a sueldo para resolver un problema?", continuó. "Eliminar a un ser humano es como contratar a un asesino a sueldo para resolver un problema", insistió, repitiendo luego más de una vez esta metáfora.

"El aborto no es un mal menor: es un crimen. Es sacar fuera a uno para salvar a otro. Es lo que hace la mafia. Es un crimen, es un mal absoluto", denunció en febrero de 2016, en el vuelo de regreso desde su viaje a México.

Pero es una realidad que muchos países del mundo, incluso de mayoría católica, han legalizado el aborto -en Italia la interrupción del embarazo es legal desde 1978-, u otras prácticas, como la eutanasia, totalmente rechazadas por la Iglesia católica.

Cuando el presidente, Alberto Fernández, fue recibido por el Papa el 31 de enero pasado, el tema de "la protección de la vida desde su concepción", es decir, del conflictivo tema del aborto, casi opaca el encuentro. Entonces, en efecto, un primer comunicado del Vaticano sobre el mismo causó gran revuelo porque pareció desmentir lo que había dicho poco antes, en una conferencia de prensa, Fernández, que había asegurado que no había tocado el asunto ni con el Papa, ni con el secretario de Estado, Pietro Parolin, que lo había recibido enseguida después.

Como se recordará, más tarde Fernández admitió que en verdad Parolin, brazo derecho o "primer ministro" del Papa, sí había levantado el tema durante la reunión. Matteo Bruni, director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, por su parte, confirmó esa versión, al afirmar, evidentemente por voluntad de Francisco, que "no todos los temas citados en el comunicado de Prensa sobre la audiencia con el Presidente de la Republica Argentina han sido afrontados en todas las conversaciones: algunos han sido examinados en el curso del encuentro con la Secretaría de Estado, otros en el marco del encuentro con el Santo Padre".

Este embrollo produjo luego un cambio significativo en la comunicación del Vaticano, que ahora sólo especifica los temas conversados entre un mandatario y la Secretaría de Estado, no dice nada de lo que habló con el Papa.

Más allá de esto, nadie de descarta que el Papa, como es habitual, en otros contextos exprese su rechazo a cualquier política que atente contra los "no nacidos", parte de un lamentable "descarte mundial de seres humanos" que se da en el mundo, tal como advirtió en su última encíclica, Fratelli Tutti. Algo que en la Argentina será interpretado, sin lugar a dudas, como una intervención directa del Papa en el debate de su país.