Más cerca de las pantallas y la comida chatarra: las consecuencias de la pandemia en niños

Andrea Vega (@EAndreaVega)
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La pandemia de COVID-19 ha dejado a las niñas y los niños fuera de su principal entorno de socialización, la escuela, y los ha enviado directo a “convivir” con los dispositivos electrónicos. El encierro también los tiene más cerca de la comida chatarra y más lejos de las visitas al médico para recibir vacunas y revisiones sobre su desarrollo. Los impactos están por verse.

17% de un grupo muestra de niños de 0 a 5 meses estuvo diario frente a un dispositivo electrónico durante lo que va de la pandemia, de acuerdo a los resultados de la Encuesta de Salud y Nutrición en Niñas y Niños Menores de 12 años (ENSARS- CoV-2). El porcentaje de uso sube con la edad hasta llegar a alrededor de 97% en los mayores de dos años.

A eso hay que agregarle el encierro al que han estado sometidos los menores debido al confinamiento, un encierro que los ha sacado de su principal entorno de socialización: la escuela. Pero que también los ha dejado sin hacer actividades físicas por las tardes y sin la opción de ir a los parques y lugares de recreación los fines de semana, confirmó el estudio.

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El objetivo de la ENSARS-CoV-2 dedicada a los menores, explicó Juan Rivera Dommarco, director del Instituto Nacional de Salud Pública (institución encargada de realizarla) fue describir las condiciones de salud de niñas y niños durante la pandemia de COVID-19. Se realizó entre septiembre y octubre a 3,007 madres, padres, o cuidadores que tuvieran niñas o niños menores de 12 años de edad, a través de una encuesta electrónica en la que se les solicitó comparar los hábitos de sus hijos e hijas de marzo a la fecha de respuesta.

Es impactante ver lo que arroja la Encuesta en relación al tiempo frente a pantalla, aseguró Nashieli Ramírez, titular de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, durante la presentación oficial de la ENSARS-CoV2 dedicada a los menores de 12 años.

“De los niños de 2 a 4 años, según los resultados de la encuesta, más de la mitad usó todos los días algún dispositivo. Nos tenemos que empezar a cuestionar los impactos que esto va a tener, será otro tipo de generación completamente diferente a la de hace 10 años”, advirtió Ramírez.

Todo ese acceso a los medios digitales tiene muchas oportunidades, pero también muchos riesgos, agregó, “y debe colocar en la agenda de derechos de las niñas y los niños la parte de la protección en estos espacios que el mundo adulto conoce poco y para los que no tenemos casi ninguna política pública”.

La ombusperson destacó que habrá retos médicos y científicos en esto, “no sabemos qué impacto puede tener en los procesos de desarrollo neurológico durante los primeros tres años de vida este contacto con los dispositivos, pero tampoco sabemos el impacto en la socialización, por un año completo de cuarentena. Como mundo adulto esto nos coloca frente a un reto mayúsculo, para generar más información respecto a las repercusiones y políticas de protección”.

Lejos del médico y cerca de la comida chatarra

Entre los resultados de la Encuesta de Salud y Nutrición en Niñas y Niños Menores de 12 años Durante la Pandemia de COVID-19, también destaca la reducción de las visitas al médico, en etapas de la vida en las que esto resulta crucial para la salud y el desarrollo.

Solo 18% de los menores de 6 meses y 51% de los de 6 a 23 meses fueron llevados a algún centro de salud, hospital o médico para la aplicación de vacunas, consulta de seguimiento de control del niño sano, o por alguna gripe, diarrea o problemas intestinales. Mientras que en los niños y niñas de 2 a 4 años el porcentaje fue de 30% y de 22% entre los de 5 a 7 años, precisó el director del INSP, Juan Rivera Dommarco.

El porcentaje general en todas las edades es bajo, apuntó Nashieli Ramírez, “y es un respaldo más para la preocupación en cuanto a la disminución de vacunación y seguimiento médico entre las niñas y niños”.

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En cuanto a alimentación, más del 60% de las familias encuestadas reportó que las niñas y los niños de entre 2 y 11 años de edad consumió refrescos o bebidas azucaradas en un día promedio. Mientras que el 23% reportó que la niña o niño bebe al día al menos 250 mililitros de refresco o bebidas azucaradas.

Mientras que una tercera parte de los menores de cinco meses son alimentados con fórmula infantil, la principal razón que argumentaron las madres para esto es que se habían quedado sin leche.

En tanto que 90% de los niños y niñas en edad escolar consumieron azúcares añadidos al menos cuatro días a la semana y 70% consume a diario grupos de alimentos no recomendados como grasas saturadas, bebidas azucaradas y botanas, dulces y postres.

El etiquetado frontal que está ya vigente en México ha ayudado, dijo Mauro Brero, jefe de Nutrición de Unicef, pero todavía hay un consumo excesivo de alimentos no saludables, esto no es culpa de los cuidadores o padres, es también responsabilidad de los entornos en los que hay una oferta excesiva de productos que son baratos, muy accesibles y poco saludables, aunada a un bombardeo de publicidad de estos mismos productos sobre los niños y niñas.

“Se requiere una mayor regulación sobre esa publicidad y lineamientos sobre lo que se venderá en las escuelas ahora que regresen las clases presenciales”, subrayó Brero.

El impacto emocional

En la Encuesta, explicó Rivera Dommarco, se identificaron como posibles detonantes del estrés en los hogares de las niñas y los niños, las afectaciones en la economía familiar, los cambios en la rutina diaria y la pérdida del empleo de algún miembro de la familia.

En población escolar, los padres información pocos cambios en su comportamiento comparado con la etapa previa a la pandemia, pero entre estos resalta un menor cansancio, preocupaciones, pesadillas y sentimientos de tristeza.

Un porcentaje considerable, más de 70% mencionó que los menores dedican más tiempo durante la pandemia a actividades de ocio y conviven más con sus familiares, aunque ha disminuido el tiempo dedicado a realizar actividad física y han aumentado el consumo de alimentos y disminuido las horas de sueño.

En cuanto a la educación, entre los niños en edad escolar, más de 90% de los encuestados se mantuvieron inscritos y un porcentaje menor (6.6% en el grupo de 5 a 7 años y 3.8% en el gurpo de 8 a 11) fueron dados de baja.

Los participantes en la presentación de la encuesta coinciden en que las implicaciones para los niños y las niñas de todos estos hallazgos están por evaluarse.

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