La pandemia por covid continuará generando nuevos migrantes

Diego Gómez Pickering
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Durante marzo de este año,

172.000 personasfueron detenidas por CBP, un incremento del 71% en relación al mes anterior.

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Cuestionado por George Stephanopoulos el mes pasado sobre qué mensaje les daría a quienes piensan cruzar la frontera de manera ilegal, la respuesta del presidente estadounidense Joe Biden fue tajante: “No vengan”.

Incluso antes de su toma de posesión, el número de migrantes y solicitantes de asilo que buscaban llegar a Estados Unidos a través de la frontera con México había incrementado de forma sostenida. De acuerdo con cifras de la Oficina Estadounidense de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP), el número de detenidos en su intento de cruzar a la Unión Americana sumó 54,771 en septiembre de 2020, a comparación de los 47,283 registrados en agosto y los 38,536 reportados en julio del año pasado.

Cifras más recientes por parte de la agencia revelan que tan solo durante en marzo de este año, 172,000 personas fueron detenidas por CBP, lo que representó un incremento del 71% en relación a febrero. Además, en ese mismo mes, fueron atrapados 19,049 menores de edad, de los cuales 18,890 fueron hallados solos en la frontera estadounidense.

La tendencia, de acuerdo con especialistas en ambos lados de la frontera, se mantendrá a la alta a lo largo del 2021. La difícil situación económica como consecuencia de la pandemia, sumada a la falta de estado de derecho y a la violencia orillarán a muchos mexicanos y centroamericanos a tomar la decisión de emigrar, coinciden los analistas.

“Aquí, pocos nos vamos a quedar” postula María López, quien prefiere utilizar un seudónimo, mientras recorre con la mirada campos de alfalfa a los que hace falta mano de obra y un poco de agua. En este rincón del estado mexicano de Hidalgo, la migración no es una respuesta nueva a los problemas, pero sí una a la que no se había recurrido en casi dos décadas. “Yo espero irme antes de que termine el mes” afirma convencida la mujer de origen hñähñu, etnia preponderante en estos confines de la entidad mexicana.

María sueña con alcanzar a sus tíos en Illinois y, una vez allá, conseguir un trabajo que le permita asegurar el sustento y la educación de sus tres hijos mediante el eventual envío de remesas, mientras están al cuidado de los abuelos en el pueblo. A lo largo de gran parte del siglo veinte la población de esta región agrícola y semiárida del centro del país fue una zona de alta expulsión de personas hacia Estados Unidos. Un fenómeno que durante los últimos 15 años se congeló, producto de campañas de concienciación gubernamentales y de la sociedad civil, así como de incentivos económicos. Hoy, sin embargo, la llegada y el estancamiento de la epidemia de coronavirus amenazan con hacer de nuevo a Hidalgo, y a muchas otras zonas de México, lugares de los cuales la gente prefiere escapar en busca de un mejor futuro. El caso de María, confiesa la tenaz madre treintañera, no es el único.

De acuerdo con Shannon O’Neill, vicepresidenta y experta en estudios latinoamericanos del Consejo de Relaciones Exteriores de Nueva York (CFR) durante los próximos meses “muchos más mexicanos se dirigirán al norte, de hecho, su número ya se ha incrementado; desde enero [del 2020], más mexicanos que centroamericanos han sido arrestados en la frontera”. Para la académica estadounidense, la pandemia ha empeorado todos los factores que inciden en la decisión de migrar, entre los que destacan la violencia, la inseguridad y la precariedad económica. En ello coincide Andrew Selee, presidente del Migration Policy Institute, un centro de investigación especializado en políticas migratorias con sede en Washington D.C., “el deseo de la gente por migrar es ahora mucho mayor que nunca antes dada la situación económica” explica el investigador en una entrevista reciente para la cadena CNN.

Según estimaciones de la Comisión Económica para América Latina de Naciones Unidas (CEPAL), durante el 2021 la pobreza en la región alcanzará a 230 millones de personas, 95 millones de las cuales enfrentarán contextos de pobreza extrema. Esto como consecuencia de las expectativas de crecimiento a la baja, que de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional implicarán una contracción económica del orden del 10% para América Latina y el Caribe, con prácticamente todos los países de la región en recesión. En México, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), prevé que como resultado de los estragos económicos del COVID-19, se produzca “una profundización de la pobreza y la desigualdad” en el país. Sería la primera vez en décadas que la pobreza en México aumenta, y con ella la necesidad de buscar alternativas de sobrevivencia.

El fenómeno migratorio como consecuencia de la pandemia no se verá trastocado solamente en el contexto norteamericano. Según previsiones de la Organización Internacional para las Migraciones (OMI), la agencia líder en la materia dentro del sistema de Naciones Unidas, “a pesar de las restricciones a la movilidad impuestas por la pandemia, los migrantes continúan embarcándose en viajes clandestinos para huir de la violencia y la pobreza buscando una vida mejor”. De acuerdo con cifras recientes de la OIM, las rutas a través del Mediterráneo hacia Europa, desde Turquía y el Norte de África, y a través del Atlántico hacia el archipiélago español de las Islas Canarias desde África Occidental, registraron un aumento durante los últimos 10 meses del 2020.

En el 2007, de acuerdo con CBP, 808,688 mexicanos intentaron ingresar a los Estados Unidos a través de la frontera de forma irregular. Doce años después esos números descendieron considerablemente; llegando a los 230,000 en 2019, resultado de políticas migratorias más restrictivas por parte de Washington, pero también de una relativa mejora en las condiciones económicas en las regiones de alta expulsión de migrantes en México. Durante el año pasado, según CBP, fueron más de 300,000 los mexicanos detenidos al cruzar de forma indocumentada la frontera, el primer incremento de dicha cifra en más de cinco años. La narrativa de que más mexicanos regresan a México de los que emigran a Estados Unidos, que por varios años ha enmarcado un diálogo a iguales con Washington en materia migratoria, ya no se sostiene.

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Si bien algunas de las medidas adoptadas por la administración de Biden se corresponden con sus promesas de campaña, alientan el diálogo con México y se traducen en una forma distinta de abordar la migración con respecto a lo detrimental que fue el gobierno de Donald Trump en la materia, entre ellas el camino a la ciudadanía para millones de indocumentados, la eliminación de terminología discriminatoria de los comunicados oficiales, y los esfuerzos por reunificar a las familias separadas en la frontera; el nuevo gobierno demócrata tiene claro que la migración seguirá siendo un tema delicado y advierte que no está preparado para recibir con los brazos abiertos a nuevos migrantes.

Así lo ha hecho saber el mandatario estadounidense a su homólogo mexicano, Andrés López Obrador, en las dos llamadas telefónicas que han sostenido hasta el momento desde que el demócrata tomó posesión el pasado mes de enero. Con el marcador de los primeros 100 días desde que Biden ascendió a su cargo en el horizonte, el compromiso entre Washington y México de reducir la migración atendiendo sus orígenes y causas, dista mucho de traducirse en un cambio significativo para las decenas de miles de centroamericanos y mexicanos que ante un clima cada vez más adverso en lo económico y lo sanitario—aunado a la perenne violencia—ven el emigrar como única opción viable. De ahí que este 2021, más allá de videollamadas y conversaciones plagadas de alegorías, argot diplomático y buenas intenciones, la presión migratoria en la frontera entre los dos países haya de convertirse en la piedra en el zapato de la relación.

Diego Gómez Pickering es un escritor, periodista y diplomático mexicano. Su libro más reciente es Cartas de Nueva York (Taurus, 2020).

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