Pandemia: El científico boliviano que se dedica a cazar virus que provienen de animales

Manuel Casado
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Nació en Oruro, a más de 3700 metros sobre el nivel del mar. Su crianza no se movió de la altura pero transcurrió entre los imponentes montes, la cultura multicolor y el epicentro de la burocracia política de La Paz. En un país que se define por su riqueza natural y que se encuentra entre las ocho regiones más biodiversas del mundo, el doctor Carlos Zambrana-Torrelio empezó a interesarse desde joven en la relación de la vida silvestre con las patologías emergentes y los desequilibrios ambientales. Es decir, una hoja de ruta para desandar este mundo atascado en un presente dominado por el SARS-CoV-2.

En la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) se recibió de biólogo. Luego, una maestría en Ecología Tropical en la Universidad de Puerto Rico lo depositó al frente de un estudio sobre los impactos de la deforestación en la región en los ecosistemas de aves, mamíferos y reptiles para, posteriormente, abrirse paso en la Sapienza Università di Roma. En Italia, llevó a cabo un trabajo sobre cómo el tráfico de especies y la degradación de ecosistemas repercuten en el incremento de enfermedades infecciosas con el que obtendría un Doctorado en Biología Ambiental y Evolutiva.

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El recorrido que alcanzaron sus investigaciones, a la par de la creciente preocupación por los flagelos que afectan la naturaleza y derivan en brotes epidemiológicos, lo hicieron acreedor de un conocimiento indispensable para rediseñar un planeta que debe cambiar para ser habitable en el futuro. Fue así que un día recibió la invitación de su colega Peter Daszak, zoólogo británico y experto en ecología de virus, para sumarse a las filas de EcoHealth Alliance, una organización conocida por su singularidad: monitorear alrededor del mundo a virus latentes que provengan de animales y puedan confeccionar nuevas enfermedades.

En este hábitat científico confluyen múltiples disciplinas. Hay biólogos, veterinarios, matemáticos, ecólogos y economistas cuya misión es desarrollan programas y sistemas de vigilancia mundial que brinde la información necesaria para romper la cadena de transmisión y prevenir brotes futuros. Zambrana-Torrelio es el vicepresidente asociado de Conservación y Salud, y ha impulsado estudios en países de América Latina, África y el sudeste asiático, y ha publicado más de 40 informes en prestigiosas revistas como The Lancet, Nature y PNAS.

Desde hace más de una década, se encuentra afincado junto a su esposa e hijos en Nueva York, sede central de EcoHealth, a la que meses atrás Donald Trump le ha quitado parte de los fondos estatales que recibe. Desde allí, Zambrana-Torrelio explica el trasfondo de la irrupción del nuevo coronavirus.

-El origen de este coronavirus ha generado controversia, ¿qué sabemos hasta el momento?

-Para empezar, lo que hacemos es analizar su ADN. Todos los virus están formados por secuencias genéticas. Nosotros somos capaces de comparar el SARS-CoV-2 con otros virus que ya detectamos porque tenemos en un catálogo. Es decir, contamos con un banco de genes donde se pueden encontrar las secuencias genéticas de cientos de miles de organismos vivos del planeta, por lo que somos capaces de construir un árbol genealógico y descubrir quiénes fueron sus antepasados. Así fue que dimos con un virus que había sido hallado anteriormente en China, que provino de un murciélago y que presenta un 96% de similitud con el nuevo coronavirus. Ahora, lo que pasa es que ese antepasado no tiene la capacidad de infectar humanos. Es decir, esto es como una llave y una cerradura. El virus necesita una llave específica para acceder a la célula humana. Hay un montón de virus que están dando vueltas alrededor de la célula humana pero solo pueden llegar con esa llave. Entonces, la pregunta es cómo la consiguió el SARS-CoV-2.

La teoría de la llave y la cerradura

Para llevar a cabo sus estudios, lo primero que hace Zambrana-Toerrelio junto a sus colegas de EcoHealth es vincularse con los habitantes de la comunidad que van a investigar. Luego, colocan un sistema de redes (en bosques, por ejemplo) que captura los especímenes que van a analizar. Una vez que el animal queda atrapado, se calzan protecciones herméticas para tomar muestras de orina, sangre y saliva que guardan en nitrógeno líquido.

En cada muestra, estudian la presencia de hasta 25 de tipos de virus. Si encuentran alguno, extraen el ADN y lo introducen en una base de datos en la que científicos de todo el mundo vuelcan sus resultados. Esos análisis, además, tratan de hacerlos en laboratorios locales, lo que les permite formar a nuevos especialistas y extender el alcance de la organización. Así, han creado una base de datos en la que incluyen todos los brotes de los últimos 80 años y cuentan con un mapa de los "puntos calientes de enfermedades infecciosas emergentes" que van actualizando.

-¿Cuáles son las hipótesis?

-Hay dos. Una es que llegó a un humano que ya presentaba otro virus y entonces logró adoptar su llave, combinarse y evolucionar. La otra es que un murciélago infectado con el virus haya entrado en contacto con un pangolín. Este último es un roedor cuyas escamas en China se comercializan en mercados de animales salvajes (y se comen como manjar). Pudo haber pasado que estuvieron encerrados en jaulas amontonadas unas encimas de las otras y que un murciélago haya tirado sus desechos sobre la cara de un pangolín o que cuando los mataron sus sangres se hayan mezclado.

-De las enfermedades emergentes, se estima que dos terceras partes tienen su origen en la fauna. ¿A qué responde este fenómeno?

-El coronavirus responde a la presión que generamos sobre los recursos naturales y es un tema de tráfico ilegal de especies. Más del 30% de las enfermedades que aparecieron en los últimos 80 años tienen relación directa con problemáticas ambientales y se enmarca en una crisis de biodiversidad. Lo que estamos haciendo como humanidad es comprar un ticket de lotería, donde el premio más grande es la enfermedad más terrible que te puedas imaginar. Y compramos ticket todos los días. Siempre lo hicimos. La diferencia es que antes éramos menos, y ahora cada vez somos más. Entonces, la probabilidad de que alguien saque la lotería es mucho más grande.

-¿Qué piensa cuando se dice que el origen del coronavirus fue en un laboratorio o por manipulación humana?

-Estamos tan conectados e Internet es tan gigante que es difícil absorber y filtrar la información. Es mucho más fácil creer estas teorías que pasar más tiempo y pensar con lógica lo que está ocurriendo en realidad o si esa teoría puede ser sostenible. Es más entretenido porque lo viste en televisión, en películas o videojuegos que un virus fue creado para exterminar a la población humana. Eso por un lado. Por el otro, los científicos le hemos fallado a la sociedad a la hora de simplificar lo que estamos haciendo y compartir nuestro conocimiento. Y es nuestra obligación. Tenemos este lenguaje exclusivo que solo nosotros entendemos. Es más, dentro de la ciencia tenemos nuestros propios lenguajes y nos cuesta hablar entre nosotros. La sociedad necesita estar más instruida pero nosotros hemos fallado como educadores.

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-¿Hubo países más preparados para la pandemia?

-En África, Liberia pasó por un evento traumático que fue el brote del ébola en 2016. Murieron miles de personas en la región. Fue algo muy trágico para un país tan pobre. Para dar una idea, el 50% de su PBI depende de la ayuda extranjera. Pues bien, cuando ocurrió el brote en China del coronavirus, yo estaba en Liberia trabajando. ¿Y qué pasó? Liberia estaba completamente preparada para hacer frente a la llegada del coronavirus. Fue uno de los primeros países fuera del Asia que te pedía que te laves las manos y donde te desinfectaban ni bien te bajabas del avión. Para ingresar a cualquier edificio público se establecía el mismo protocolo. Y cuando les pregunté cómo lo sabían, me contestaron "ya estamos en modo Ébola". Claro, entendieron lo que tenían que hacer pero antes vivieron algo terrible.

-Cuando por fin llegue la vacuna, ¿qué va a pasar?

-Cuando salga una vacuna, todo el mundo va a celebrar, estar feliz y pensar que todo se acabó de una buena vez. Pues no. Hay que recordar que una vacuna necesita una producción que va a tardar meses, que luego necesita una distribución estandarizada y la aplicación como tal. Lo que va a suceder es que va a llegar primero a Estados Unidos, China, Europa y regiones por el estilo por encima de lugares empobrecidos. Y dentro de esas regiones selectas, la vacuna va a llegar último a los lugares remotos y en los lugares donde llegará primero podrán acceder aquellas personas que puedan pagarla. En Estados Unidos hay una tecnología increíble pero el acceso a la salud es solo para aquel que lo puede pagar. Aquella persona que no cuente con seguro médico está en problemas muy serios. El coronavirus ha llegado para quedarse y, mientras la vacuna no consiga un alcance universal, vamos a ver brotes todo el tiempo.