Pandemia atrasa rehabilitación de María tras fractura de cadera y fémur

Por Esther Serrano

México, 9 May (Notimex).- María de la Luz Hernández está desesperanzada ya que debido a la pandemia del coronavirus, vio detenido su tratamiento de rehabilitación luego de una fuerte caída que que le provocó rotura de cadera y fémur y la tiene en cama desde enero pasado.

Tiene 84 años y por accidente cayó hace cinco meses en el patio de su casa. En esa caída se fracturó la cadera, pero cuando ya empezaba a ponerse pie volvió a caer y se rompió el fémur, lo que le provocó una fuerte fractura en la pierna derecha.

Además, María tiene diabetes e hipertensión, sin embargo, a raíz del aumento de casos de coronavirus en México se cancelaron sus citas en el hospital del ISSSTE donde era atendida por esas dos enfermedades.

Sólo cuenta con sus citas de revisión una vez al mes para que los especialistas revisen sus fracturas. Está desesperada, pero tiene miedo de acudir al Hospital de Especialidades Bicentenario del ISSSTE donde es atendida, porque fu destinado a atender a pacientes con COVID-19 y ya está saturado.

Sabe que en poco tiempo tendrá que empezar con la rehabilitación y lastimosa expresa: “Qué va a ser de mí si todo está cerrado, quién me va a atender”.

Explica que su médico tratante le confirmó que en unas semanas debe comenzar a recibir terapia de rehabilitación, no obstante, el hospital no se la puede ofrecer y especialistas particulares cerraron.

A ello se suma que la semana anterior la médica interna del ISSSTE que revisa sus niveles de azúcar y presión le canceló las citas porque el Hospital Bicentenario es de alto riesgo para ella y ha recibido a muchas personas contagiadas del virus SARS-CoV-2.

Siente que está en un callejón sin salida y su alto grado de estrés afecta sus niveles de presión y azúcar. “Estoy consciente de ello, acepta, pero este estrés de estar en cama casi sin poderme mover me tiene muy mal y luego mis niveles también están mal”.

Para María de la Luz Hernández el COVID-19 vino a dañar no sólo a los que se contagian, sino también a pacientes que por la vulnerabilidad de su organismo -debido a las enfermedades que padecen- ponen en riesgo su vida. “Hay días que me quedo casi sin movimiento porque me doy por vencida”, admite.

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