Palestina, con Abás fuera de juego y Hamás buscando capitalizar el malestar

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Jerusalén, 22 may (EFE).- Los territorios palestinos preparaban sus primeros comicios en 15 años, que debían haberse celebrado hoy, pero todo cambió cuando el presidente, Mahmud Abás, suspendió la votación, un paso que acabó de restarle legitimidad y le relegó a un papel residual en la escalada entre Israel y el grupo islamista Hamás en Gaza.

Después de once días de violencia y una tregua bilateral -en la que Abás no tuvo nada que ver-, Hamás clama "victoria" en su enfrentamiento con Israel e intenta capitalizar el malestar popular palestino, que más allá de Jerusalén, se extendió con protestas y disturbios en Cisjordania y en las comunidades árabes de origen palestino en Israel.

Abás dio la sorpresa en enero al convocar elecciones legislativas en mayo y presidenciales en julio. Por primera vez desde 2006, más de 2,5 millones de palestinos de Gaza, Jerusalén Este y Cisjordania ocupada eran llamados a las urnas para escoger a los líderes de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), un órgano caduco, con un proyecto político en decadencia y desacreditado por gran parte de población.

Su anuncio pilló desprevenidos a los mismos palestinos, que no esperaban que el presidente -en el cargo desde 2005 y con un mandato sin renovar desde 2009- diera este paso. Pero la reacción inicial en la calle fue nula, muchos mostraron su escepticismo ante la votación y la mayoría dudó incluso que los comicios se llegaran a celebrar.

DESCONFIANZA HACIA ABÁS

Tras años de un Gobierno limitado en zonas de Cisjordania, sin capacidad para hacer frente a la creciente ocupación israelí, con sombras de corrupción, falta de transparencia y autoritarismo, la desconfianza de muchas personas hacia Abás y la ANP ya era máxima.

El tiempo les dio la razón: tras haber puesto toda la maquinaria electoral en marcha, y pese a que 36 listas se presentaron para la votación de un nuevo Parlamento que se habría elegido hoy, Abás dio marcha atrás a fines de abril, cuando pospuso las elecciones hasta una fecha no definida con el pretexto de la falta de permiso para celebrarlas en Jerusalén Este, ocupado y anexionado por Israel.

El presidente -de 85 años y símbolo de una clase dirigente envejecida- alegó que los comicios no se podían hacer sin la parte oriental de la Ciudad Santa, que reclama como capital de un futuro Estado palestino y donde Israel impone sus leyes civiles.

Aún así, para analistas, esto fue solo una excusa para eludir el voto ante la perspectiva que su partido nacionalista Fatah, dividido en tres listas distintas, perdiera los comicios y su preponderancia en un escenario donde controla las instituciones, pero no la calle.

UN VACÍO QUE HAMÁS INTENTA OCUPAR

Para muchos, la cancelación electoral fue una maniobra mal calculada que ahondó la crisis de liderazgo y el estancamiento político entre los palestinos, ya afectados por "años de ocupación y colonización" israelí, comenta a Efe la analista palestina Inès Abdelrazek.

Hamás, que controla de facto Gaza y se avino a participar en los comicios tras años de aislamiento, ostracismo internacional y bloqueo israelí, calificó la suspensión de "golpe de Estado".

Esto dejó un "vacío" que Hamás buscó ocupar durante el reciente ciclo de protestas en Jerusalén o Cisjordania, cuando jóvenes y personas no asociadas a las facciones salieron a la calle en un nuevo desafío a Israel de "base popular", añade Abdelrazek.

Los líderes del grupo instaron a la movilización y amenazaron con tomar acciones ante las órdenes de desalojo de familias palestinas en el barrio de Seij Yarrah, las agresiones de colonos judíos o la represión de las protestas palestinas en la Puerta de Damasco de Jerusalén durante el mes sagrado de Ramadán.

Según Abdelrazek, este contexto ayudó a Hamás a "encontrar un hueco para volver a tomar legitimidad como movimiento de resistencia, por eso lanzó cohetes" hacia Jerusalén el 10 de mayo, después de fuertes choques en la Explanada de las Mezquitas y una polémica marcha de ultraderechistas judíos por la Ciudad Vieja.

Todo ello derivó en la peor escalada bélica entre Israel y las milicias de Gaza desde 2014, que dejó 243 palestinos muertos en el enclave y 12 fallecidos en Israel. La ola de violencia durante once días acabó este viernes, tras entrar en vigor una tregua de madrugada.

CAPACIDAD NULA DE INTERCESIÓN

En este proceso, Abás pasó desapercibido. Pese a recibir visitas y llamadas de cargos de países de peso como EE.UU., Alemania o Francia fue "irrelevante" y tuvo una "capacidad de influencia nula" para calmar tensiones con Hamás, otra prueba que está fuera de juego, indica a Efe el analista palestino Hamada Haber.

La ANP no tiene control sobre la franja, donde Hamás le arrebató el poder en 2007, e igual que en escaladas anteriores, quien más movió hilos en esta ocasión para un alto el fuego fueron Egipto y la ONU; aunque entre la comunidad internacional aún es un interlocutor válido.

Anoche, el secretario de Estado de EE.UU., Anthony Blinken, habló con Abás para abordar el cese el fuego, buscar medidas para brindar asistencia humanitaria a Gaza y reunir apoyo para su reconstrucción, ya que gran parte de la comunidad internacional no reconoce a Hamás, considerado grupo terrorista por EE.UU. o la Unión Europea.

Frente al papel residual de Abás, Hamás ha encontrado una oportunidad en la crisis de liderazgo entre los palestinos, lo que marca un incipiente impulso de revuelta que aún podrá seguir sacudiendo la región.

Joan Mas Autonell

(c) Agencia EFE

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